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BUSCAN EXPLICAR COMO NUESTRA ESPECIE
SE DISPERSÓ
Y DIVERSIFICÓ ORIGINALMENTE EN AMÉRICA
Un proyecto que
involucra a más de una decena de instituciones nacionales y
extrajeras,
y a un importante grupo multidisciplinarios de científicos,
entre los que se encuentran varios
argentinos, intenta explicar cómo nuestra especie
se dispersó y
diversificó
originalmente por el Continente Americano.
A partir de la llegada
de los europeos a América, siempre ha sido un tema de debate de quiénes
eran esos grupos con los que se encontraron. Y con ello las preguntas se
ampliaban a de dónde llegaron y cuándo lo hicieron.
Más allá de que la
evidencia arqueológica indica que hubo otros arribos a América antes del
de Colón, no es hasta el siglo XVI que se inicia a in-tentar contestar
estas preguntas.
Aquellos viajeros,
religiosos, funcionarios, y has-ta incluso indígenas que reflexionaron
sobre el particular fueron los que se hicieron primero esas preguntas.
Las respuestas fueron variadísimas; desde que eran descendientes de la
Atlántida, de los fenicios o chinos hasta que lo eran de alguna de las
tribus perdidas de Israel.
Una de las propuestas
más serias fue la del padre jesuita De Acosta quién en 1590 sostenía que
las poblaciones nativas de América habían llegado por tierra desde el
norte de Asia, por algún lugar que en ese momento se desconocía. De
alguna manera, De Acosta se anticipó a lo que hoy sabríamos siglos más
adelante. Alex Hrdlička a comienzos del siglo pasado –y 150 años después
del descubrimiento del Estrecho de Bering– sostuvo que la llega de los
nativos americanos no había sucedido mucho tiempo antes de la llegada de
Colón; no más allá unos 2.000 años antes. Otros investigadores como
Rivet e Imbelloni pensaban en rutas a través de los Océanos Pacífico y
Atlántico e incluso de la Antártida y diferentes oleadas migratorias.
Descubrimientos de puntas acanaladas asociados con costillas de bisontes
extintos en las planicies de Estados Unidos en la década de 1930
convencieron a los científicos que nuestra especie había llegado mucho
antes de lo que se estimaba. Y no es hasta el descubrimiento de la
datación radiocarbónica en 1950 que eso comenzó a tener una certeza
mayor.
La antropología y arqueología tradicional y moderna, basados
en el concepto de área cultural, han visto a la diversidad de los
pueblos originarios americanos como algo estable, fundado desde el
momento inicial en que nuestra especie entró a América. Los recientes
avances teóricos y técnicos muestran durante los últimos 20.000 años la
historia pudo ser muy diferente. Tanto la transición
Pleistoceno-Holoceno como los pulsos climáticos del último son
escenarios tanto para extinciones como para diversificaciones que han
dejado huellas en los registros culturales, físicos y genéticos de las
poblaciones humanas ame-ricanas.
En forma conjunta, antropólogos físicos, arqueó-logos,
paleontólogos, genetistas y geofísicos ar-gentinos de la Fundación Azara,
la Universidad Maimónides, la Universidad de Buenos Aires, la
Universidad de La Plata, el CONICET y en asocia-ción con otras
instituciones del exterior: el PIDBA - PaleoIndian DataBase of the
Ameritas, la University of Tennessee, la University of Akron, la
University of Arizona, la University of California at Santa Barbara y la
University of Cambridge se en-cuentran investigando de qué manera pudo
haber sido la dinámica del poblamiento americano. El proyecto integra
desde la perspectiva de la dis-persión y dinámica metapoblacional,
estudios de ADN, antropología física, modelos de simulación de
dispersión y arqueológicos en una escala analítica continental.
Si bien se está
trabajando para toda América, los primeros resultados para Sudamérica ya
fueron presentados en diferentes congresos nacionales e internacionales
de las distintas disciplinas.
Los modelos muestran la
presencia de dos metapoblaciones con distintas densidades poblacionales
desde los momentos tempranos de la dispersión y un área con mayor
probabilidad de mezcla poblacional. Ésta áreas serían la cuenca
amazónica y los Andes, en tanto que la restante la conforman el Gran
Chaco y Pampa-Patagonia.
Estos primeros
resultados parecen indicar que una tasa de crecimiento poblacional alta
explicaría mejor los datos arqueológicos del Cono Sur Sudamericano y que
los corredores ambientales de la vertiente del Océano Pacífico
contribuyeron a acelerarla. El umbral de la tasa de crecimiento sería
del 2% anual; si esta hubiese sido menor, las poblaciones se hubieran
extinguido, aún cuando pudieran haber llegado a Tierra del Fuego.
Más allá del momento
inicial de la dispersión y considerando ambientes del Pleistoceno Final,
los modelos indican que fue un proceso relativamente rápido, pudiendo
demandar entre 1.500 y 2.000 años.
Además y teniendo en
cuenta el cuello de botella espacial que significaron Costa Rica y
Panamá, a los investigadores les parece adecuado tratar el caso
sudamericano como un proceso de dispersión con características propias,
no similares al de Norte y Centro América.
La relevancia de
estas investigaciones, desarrolladas por el arqueólogo Dr. José Luis
Lanata, el antropólogo Dr. Raúl Carnese y la bioquímica Lic. Cristina
Dejean, entre otros investigadores, es que modela la posible dinámica de
las poblaciones humanas durante los momentos iniciales de su dispersión
en América. La relevancia de este proyecto es que además permite
formular hipótesis relacionadas con los otros procesos de dispersión
humana a lo largo de nuestra historia evolutiva. Por ejemplo alguno de
los desarrollos efectuados por el grupo argentino, se están empleando en
Inglaterra para entender la expansión neolítica hace 9.000 años.
Las investigaciones en
diferentes sitios arqueológicos de Pampa-Patagonia así como de ADN
actual y antiguo, aportan las piezas necesarias para armar este
fascinante rompecabezas que busca conocer la dinámica de nuestro pasado.
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