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GACETILLA DE PRENSA

“PARQUE CRETÁCICO”: ARGENTINOS ESTUDIANDO HUELLAS DE DINOSAURIOS
EN BOLIVIA Y RECONSTRUYENDO A LOS QUE LAS HICIERON

Un ambicioso proyecto dirigido por el paleontólogo Sebastián Apesteguía, del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia (MACN-CONICET) y la Fundación de Historia Natural Félix de Azara (CEBBAD-Universidad Maimónides) busca interpretar 5.000 huellas de dinosaurios en Bolivia y dirigir la reconstrucción de los animales que
las produjeron hace 68 millones de años.

Las Huellas

Fundación de Historia Natural - AnquilosaurioHace ya varios años, en las inmediaciones de Sucre, Bolivia, fue descubierto el yacimiento de huellas de dinosaurios más amplio que se conoce. Su impor-tancia, sin embargo, no sólo radica en el tamaño (más de 1 km de largo) sino por representar un mo-mento muy poco conocido de la historia de los di-nosaurios sudamericanos: la edad Maastrichtiana, el último instante del reinado de los dinosaurios, poco antes de que cayera el meteorito que cambiaría el balance de la vida en nuestro planeta.

Además, este yacimiento de huellas conocido como Cal Orck’o (Cerro de la Cal, en quechua) que se en-cuentra en las tierras de FANCESA, la más impor-tante fábrica de cemento de Bolivia, representa un momento muy especial. Por vez primera, se encon-traban frente a frente los dinosaurios del Hemisferio Norte con los del Sur, merced a la emersión de una masa de tierra en el lugar de la actual Centroamérica, constituyendo ese el único momento en el que hubiera sido físicamente posible un encuentro entre nuestro feroz Carnotaurus con el descomunal y conocido Tyrannosaurus rex.

A la vez, un extenso brazo de mar, ingresado a través de la Provincia de Buenos Aires por lo que hoy es el río Salado, inundaba la llanura chaqueña, atravesaba Salta y se internaba en Bolivia llevando hasta allí animales que normalmente habitaban los mares y sus costas.

Allí, la inundación dejaba grandes lagos en cuyas costas los dinosaurios y otros animales dejaban sus huellas, y ocasionalmente algunos huesos.

Como si fuera poco, este momento nos provee de una instantánea en un momento apenas unos pocos años antes de la catástrofe que extinguiría a la mayor parte de los dinosaurios de nuestro mundo.

Mucho tiempo después, al levantarse la cordillera de los Andes, como una gigantesca arruga en el mar-gen occidental de América del Sur, en relación al fondo del océano Pacífico que poco a poco se introduce bajo nuestro continente, las antiguas y ya secas y enterradas capas del viejo lago se fueron quebrando y asomando a la superficie de la tierra en forma de capas inclinadas, con alto contenido en minerales que constituyen la materia prima del cemento.

Esta nueva localidad fue originalmente estudiada por el Padre Giusseppe Leonardi y luego por Christian Meyer, de Brasilea, y el norteamericano Martin Lockley. Actualmente, el Proyecto Parque Cretácico convocó al paleontólogo Sebastián Apesteguía, para continuar con el estudio de los aspectos científicos de Cal Orck’o.

Los que las hicieron

El Proyecto “Parque Cretácico” consiste simplemente en la construcción de un espacio contiguo al paredón donde se exponen las huellas. Allí existe un museo y un sistema de rampas y pasarelas con las representaciones en vivo y a tamaño natural de los dinosaurios y otros animales fósiles que vivieron en ese sector de América del Sur en el exacto momento en que eran dejadas las huellas.

Entre esas especies, expuestas en dioramas representativos, se halla una gran cantidad de fauna autóc-tona, como los titanosaurios, gigantescos dinosaurios de cuello largo característicos de los continentes del Hemisferio Sur, representados en el parque por un enorme argirosaurio de 36 metros, junto a su cría, y entre cuyas patas discurre el sendero de los visitantes, así como un acorazado saltasaurio que protege a sus nidos de un cocodrilo notosuquio que intenta alimentarse de los huevos, mientras un ave enan-tiornite desparasita su lomo.

Entre los carnívoros, destacan dos grandes abelisaurios, y uno más pequeño, de la estirpe de los noa-saurios. Además, un “raptor” del sur se alisa las plumas al borde de una caída de agua.

Una mención aparte merecen quienes hacen a esta exhibición tan particular en el contexto suda-mericano, que son justamente, los dinosaurios inmigrantes norteamericanos, un hadrosaurio, o dino-saurio de “pico de pato”, un anquilosaurio acorazado, un ceratopsio primitivo, y un verdadero tiranosáurido de 12 metros, representando la posibilidad de que hubieran arribado a nuestras tierras.

Además, tortugas meiolánidas, serpientes con patas, esfenodontes, ranas pipas y mamíferos drioles-toideos conforman el contexto faunístico en el que estos dinosaurios habrían vivido, mientras que mosa-saurios y plesiosaurios rememoran el primer ingreso del océano Atlántico. Pinos, araucarias, podo-carpos, ginkgos, cicas, notofagáceas, magnolias y helechos dan un marco vegetal adecuado nunca visto antes para una representación de estas características.

Los que hacen a los que las hicieron

Fundación de Historia Natural - CeratopsioSi bien muchas veces antes se han hecho expo-siciones con reconstrucciones de dinosaurios en vivo, tanto en nuestro país como en el mundo, nunca antes se había invertido tanto tiempo, dinero y es-fuerzo en una obra así.

A una inversión de casi 1 millón de dólares, realizada por el Banco Interamericano de Desarrollo, la Al-caldía de Sucre y la cementera FANCESA, se le suma una cuidadosa elección de participantes.

Dado el lugar de vanguardia que la Argentina ocupa en lo que hace a la investigación paleontológica de vertebrados cretácicos y también en lo que implica la reconstrucción del aspecto de esos animales, se ha elegido a un plantel argentino para guiar y dirigir aspectos cruciales del trabajo. El equipo básico lo conforman un Director Científico (el paleontólogo argentino Sebastián Apesteguía), cinco jefes paleo-escultores (los argentinos Carlos Papolio, Jorge Blanco, Jorge González, José Luis Gómez y Santiago Druetta) y cerca de 20 escultores de distintos lugares de Bolivia, elegidos por un concurso y antecedentes.

El Director Científico, investigador adscripto del Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires y de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara (CEBBAD-Universidad Maimónides), es el encargado de cuidar de la calidad y precisión de cada una de las esculturas, a la vez que ha elegido cuidadosamente cuales debían o no participar en función a la factibilidad de haber hallado a esos animales en esa época. También es responsable de la ambientación, en colaboración con paisajistas, y de la elección de la vegetación de época, para lo cual se halla en estos días en la Argentina, en busca de raros ejemplares de flora cretácica. A la vez, cada jefe paleoescultor esculpe y dirige un grupo de escultores en la realización de los animales, que a la vez reciben la ayuda de artesanos de la Escuela Taller de Artes y Oficios de Sucre.

Se espera que el ambicioso proyecto, único en el mundo en cuanto a su tamaño y calidad, esté termi-nado en marzo de 2006.

 


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