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La meseta de Somuncurá es una rareza ubicada en la Patagonia central
que estuvo aislada del resto de la Patagonia por sus características
geográficas y su origen geológico. Este asila-miento permitió que
evolucionaran allí especies únicas en el mundo, que, de no tomarse los
recaudos necesarios, puede verse amenazadas por la actividad humana. El
recurso turístico es un importante potencial para el desarrollo de la
zona pero debe realizarse siguiendo pautas básicas para su
aprovechamiento y desarrollo sustentables. La Gestión Somuncurá del
Grupo de Áreas Naturales Protegidas y Especies en Peligro de Fundación
de Historia Natural Félix de Azara -integrada por Julieta Gastellu,
Daniela Pazos, Gonzalo Salaberry y Samara Viale (de la Universidad
CAECE); Gabriel Carrasco (de la Universidad del Salvador) y Florecia
Siri (de la Universidad de Buenos Aires)- se encuentra trabajando para
proteger este patrimonio único de los argentinos.
Uno de los problemas ambientales más graves que
padece la Argentina como gran parte del resto del mundo es la pérdida de
biodiversidad. Este fenómeno no solamente ocurre en las majestuosas
selvas ecuatoriales, pobladas miles de especies animales y vegetales,
sino también en ambientes áridos e inhóspitos como la estepa, formación
vegetal característica de la Patagonia argentina.
Situada en el centro norte de la Patagonia, la Meseta de Somuncurá se
extiende a lo largo de 1.600.000 hectáreas, abarcando el norte de la
provincia de Chubut y el centro-sur de la pro-vincia de Río Negro. Se
trata de un aflora-miento volcánico que se eleva por encima de los 800
metros sobre el nivel del mar, con for-maciones que alcanzan los 1.900
metros, y que funciona como una gigantesca esponja por donde se filtran
aguas de precipitaciones y deshielo que dan origen a manantiales,
algu-nos termales. La gran amplitud térmica (de -25ºC a +35ºC) que regula
al clima árido, las escasas precipitaciones (no más de 150 mm anuales) y
los fuertes vientos son condiciones muy rigurosas que dificultan el
desarrollo de toda forma de vida, incluso la humana. Son pocas las
especies, en variedad y cantidad, que han logrado adaptarse a este
ambiente de extraña belleza. En la meseta de Somuncurá, esto se debe
particularmente a su origen geológico.
Isla de biodiversidad
Esta enorme porción de basalto surgió al formarse la
Cordillera de los Andes quedando aislada y rodeada por el océano
atlántico que luego, al retirarse, dejó descubierta la Patagonia actual.
La meseta actuó siempre como un refugio para animales y plantas,
cumpliendo la función ecológica de una isla que hasta hoy perdura, en
“tierra firme”.
El aislamiento de millones de años permitió que allí
evolucionaran especies endémicas, es decir espe-cies cuya distribución se
restringe a un lugar o región y que no existen en otra parte del mundo.
Entre los principales endemismos se destaca la mojarra desnuda (Gymnnocharacinus
bergi), curioso pez que carece de escamas en su estado adulto,
exclusivo de las nacientes del arroyo Valcheta y citado en el libro rojo
de la UICN como “en peligro de extinción”. También son exclusivas la
ranita de Somuncurá (Somuncuria somuncurensis), que vive
en los arroyos de infiltración y la ranita manchada (Atelog-nathus
reverberii), propia de las lagunas temporarias. En reptiles se
registraron tres especies y dos subespecies endémicas de lagartijas. En
cuanto a mamíferos, una subespecie de chinchillón o “pilquín” (Lagidium
viscacia sumuncurensis) y finalmente existen tres endemismos en
la flora. Estas rarezas animales y
vegetales, sumadas a los clásicos habitantes de la estepa como el
choique o ñandú petiso, el guanaco, el zorro gris y el piche patagónico,
entre otros, le dan un importante valor a la biodiversidad de la región.
Otros aspectos a destacar son el especial valor arqueológico
de Somuncurá, cuyos orígenes culturales se remontan a los tehuelches y
posteriormente a los mapuches, de los cuales hoy quedan sus valiosos
testimonios en picaderos, enterratorios, pinturas rupestres y en la
toponimia del lugar.
Aprovechamiento sustentable
A los atractivos turísticos de la meseta ya comentados, como
son la diversidad biológica exclusiva y el interés arqueológico e
histórico, se le suman los majestuosos paisajes de volcanes, lagunas
perma-nentes y temporarias, imponentes bardas, valles fértiles y
manantiales de aguas termales. Esto se tra-duce en un gran potencial de
desarrollo turístico que debe explotarse sin perjudicar el normal
funciona-miento del ecosistema ni poner en riesgo la conservación de las
especies endémicas.
La provincia de Río Negro, con la Ley 2.669 del año 1993,
declaró esta zona Área Natural Protegida. Sin embargo es necesario
delimitar la región e implemen-tar un plan de manejo sustentable para
conservar este área de gran valor natural y cultural, protegiéndola de las actividades degradantes del hombre, como el sobre-pastoreo, la caza, la introducción de es-pecies exóticas y el turismo no
con-trolado. Esto último cobra gran impor-tancia considerando que en los
últimos años se ha incrementado la llegada a la Patagonia de turistas de
todo el mundo y el turismo en la meseta representa una alternativa a los
ya clásicos recorridos por la cordillera y la costa atlántica.
En este sentido, el Programa de Re-servas Privadas de la
Fundación de His-toria Natural Félix de Azara es una he-rramienta para
favorecer el desarrollo de la región conservando sus recursos na-turales
y culturales y promoviendo su interés turístico. A través de este
pro-grama, los propietarios de campos pue-den adaptar las actividades
desarrolla-das en sus propiedades para que estas sean sustentables
siguiendo un plan de manejo a definir para cada caso.
Para la conservación de la meseta de Somuncurá y todos sus
tesoros na-turales deben sumarse esfuerzos desde todos los sectores
involucrados para que el hombre no destruya lo que la naturaleza
preservó por tantos millones de años...
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