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Es un muy buen hablador y tiene su
suerte atada a los pocos bosques de araucarias que nos quedan en
Misiones. Estas dos características con-vierten a nuestro loro vinoso en
una de las especies más amenazadas de extinción.
Este loro, exclusivo de la provincia de
Misiones, también llamado papo-roxo, habita principalmente en los
departamentos de San Pedro y Gene-ral Belgrano, donde hay selva con
araucarias. El loro vinoso, mayormente verde, se diferencia de otros
loros por su pecho vinoso (violeta), su frente roja y su fuerte grito de
“creo creo”.
Ayer, a principios del siglo XX, los
cielos misioneros conocieron bandadas enormes del loro vinoso. En
aquellas época, la selva con araucarias, único ambiente que el loro
vinoso reconoce como propio para construir sus nidos y criar a sus
pichones, todavía cubría gran parte del departamento de San Pedro, en
forma continua.
Hoy, la situación es muy diferente. Muy
poco nos queda de esos extensos bosques de araucarias y el loro vinoso
existe solamente en número muy reducido, refugiado en las escasas
localidades que aún conservan algo de este hábitat. Hasta ha-ce poco, se
suponía que era la principal causa de la disminu-ción del loro vinoso,
pero recientemente -con un estudio pre-liminar de Gabriel Capuzzi- en el
departamento de San Pedro, se supo que hay otra causa importante que
compromete la su-pervivencia de la especie: la extracción de sus pichones
para mascotas. Su facilidad para hablar hace que el loro vinoso sea muy
demandado como mascota, lo que le suma otra ame-naza. En un equilibrio
natural, se balancean las muertes y los nacimientos de una especie. En
cambio, los loros en cauti-verio domésticos no dejarán una descendencia a
las poblaciones silvestres, excepto si se los llevan a un centro de
recría, donde se puede criar a pichones para reintroducirlos a su
hábitat natural. Es decir, la pérdida para la especie es mucho mayor que
sólo los pichones capturados.
El destino del loro vinoso está en
nuestras manos. Tener uno en casa como mascota puede ayudar, aún sin
saberlo, a su total extinción. Si queremos a nuestro loro vinoso, es
urgente que respetemos sus ni-dos silvestres y las selvas de araucarias.
Gestión Bosques de Pino Paraná
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