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"Las nubes se tiñeron de rojo como la
sangre. Me pareció oir un grito. Sentí el grito enorme, infinito, de la
naturaleza... Los colores gritaban... ".
Cuando el pintor
noruego Edvard Munch
a fines del siglo XIX concibió “El grito” nunca imaginó que su más
afamada obra se convertiría en un símbolo del dolor causado por crisis y
guerras que en los años pos-teriores la humanidad debió afrontar.
Para quienes amamos
profundamente la vida armónica del hombre con la naturaleza, y
observamos co-mo día a día la realidad nos aparta de esta posibilidad,
se nos manifiestan sentimientos semejantes a los de este grito.
La situación ambiental en la provincia de Misiones es realmente alarmante, la caza
indiscriminada de especies en extinción como el yaguareté, las
invasiones campesinas y la extracción ilegal de madera es-tá haciendo
estragos sin que los entes fiscalizadores del estado puedan controlar
esta realidad que afecta a todos los pobladores de esta bendita
provincia. Se vislumbra que la región será objeto en los próximos años
de la implementación de megaproyectos. Todos ellos tendrán un alto
impacto sobre la región y es de vital importancia que el Ministerio de
Ecología cuente ya con un equipo de profesionales idóneos, capaces de
afrontar estos desafíos que se avecinan y que demandarán de la voluntad
y fortale-cimiento de las estructuras gubernamentales.
Actualmente, vemos
en la provincia de Misiones como los esfuerzos de quienes conciben el
desarrollo sustentable se desvanecen mientras los rozados avanzan
dejando un triste y desolador manto de ceni-zas.
La intrusión prospera a lo largo de toda la provincia, ejemplos de ello son los casos
en las 2.000 hectáreas de Puerto Iguazú, Pozo Azul y San Pedro, entre
tantos otros. Más allá de los argumentos que esgrimen quienes pretenden
justificar la ocupación ilegal de tierras, es bien sabido de los
sombríos inte-reses inmobiliarios que existen detrás de todo esto.
También conocemos de los punteros políticos que se transforman en
administradores de tierras ajenas haciendo sus cosechas de votos mal
habidos entre quienes sufren de reales necesidades, llenándolos de
promesas imposibles.
No se puede justificar la indiferencia frente a los más necesitados aunque tampoco
la violación siste-mática de todas las leyes vigentes en nuestra
provincia.
Teniendo en cuenta el vacío legal que se ejerce en la zona donde convergen varias
fronteras, siendo un lugar estratégico desde el punto de vista de la
seguridad nacional, el estado nacional -a través de Gen-darmería y
Prefectura- debe intervenir urgentemente a fin de evitar el ingreso de
personas ilegales a nues-tra provincia procedentes de Brasil y el
Paraguay. Para ello debe existir la voluntad política, convirtiéndolo en
una prioridad nacional. El ingreso de los ciudadanos procedentes de
países hermanos debe darse en el marco del respeto de las leyes de
nuestro país. La mala distribución de las tierras es una realidad que
debemos ir modificando, o finalmente todos y cada uno de nosotros
terminaremos convirtiéndonos en víctimas o victimarios de este problema,
es por esto que no debemos importar los conflictos de los paí-ses
vecinos. En el Paraguay y Brasil la situación respecto de la invasión de
tierras públicas y privadas es de tal magnitud que han militarizado esta
cuestión. Hay varias áreas protegidas, de las más importantes, que
sufren día a día invasiones campesinas. Los desalojos violentos, con
intervención militar, son ya co-munes en estos países. Estamos a tiempo
en Misiones de prevenir estas situaciones extremas pero debemos trabajar
para ello, afianzando el control de nuestras fronteras y creando la
legislación conve-niente como un primer paso para avanzar en la búsqueda
de una solución integral que permita la convi-vencia armónica entre
hombre y naturaleza.
Sin lugar a dudas en un futuro no muy lejano a través del turismo como ocurre en otros
lugares del mun-do, el monte le retribuirá a Misiones el esfuerzo que
ésta haga por conservarlo, mientras en este presente de indefiniciones y
mirar para otro lado, “el grito” de la naturaleza deambula entre
motosierras, rozados y en sordos despachos gubernamentales esperando
quizás que algún eco de nuestro futuro se haga au-dible para quienes
tienen la responsabilidad de velar por el bien público, de nosotros y el
de nuestros hijos.
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