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Tanto
desde el punto de vista económico social como ambiental, es
inconcebible el proyecto de trasvasa-miento del río Iguazú hacia el
arroyo Urugua-í para optimizar la central hidroeléctrica Urugua-í.
El
agotamiento de los recursos naturales, su incidencia en la salud humana
y la búsqueda de soluciones para revertir este proceso es un tema que
forma parte de la agenda mundial en los últimos años. Nadie puede
negar u obviar que se impone la racionalización en el uso de los
beneficios que otorga la naturaleza y en ese sentido, Misiones se ha
puesto a la vanguardia en los últimos años al sancionar importantes
leyes ambientales. Sin embargo, todo indica que las sensatas medidas
ambientales del Gobierno misionero -la única provincia argentina con un
Ministerio de Ecología- hoy no son más que promesas opacadas por
fuertes intereses económicos.
La falta y/o contaminación del agua provoca la muerte de un niño cada
ocho segundos y es la causa del 80 por ciento de las enfermedades en los
países en vías de desarrollo. La Argentina y Misiones en particular
tienen un enorme desafío en ese sentido, ya que en este territorio y en
gran parte del planeta urge conservar las vertientes de agua dulce para
evitar grandes catástrofes.
Los misioneros tienen herramientas para asegurar la permanencia del
recurso acuífero, entre ellas la Ley 3.631 Corredor Verde que fue
creada, entre otros objetivos, con la finalidad de “proteger las
nacientes y altas cuencas de los ríos y arroyos que constituyen el
sistema hidrográfico de la provincia”, y no dependen exclusivamente
de la energía que genera la represa Urugua-í, máxime si se tiene en
cuenta que se prevén construir otras en los ríos Paraná, Uruguay y
sus afluentes (Corpus, Garabí, la elevación de la cota de Yacyretá,
etc.). Entonces, ¿qué justifica modificar 1) el curso de un río (nada
más y nada menos que el que da forma a las maravillosas Cataratas del
Iguazú), 2) alterar una de las regiones más ricas en biodiversidad (el
parque Urugua-í) y un arroyo que es el sustento de todo un ecosistema
(Urugua-í)? ¿Por qué hay tan poca información sobre este proyecto
que impulsa Electricidad de Misiones Sociedad Anónima (EMSA)? ¿Por qué
razón por un lado desde EMSA aseguran que se trata de una incipiente
iniciativa y por otro lado la misma institución declara que el proceso
se iniciará todavía este año? ¿Por qué hay tanta urgencia si con
ello no se resolverán problemas inminentes como la falta de empleo -una
obra así dispone de tecnología de avanzada y pocos obreros-? ¿Por qué
en el Ministerio de Ecología nadie sabe explicar de qué se trata -la
Ley 3.631 establece que la Unidad de Gestión del Corredor Verde debe
intervenir en estos casos y además la iniciativa afecta al Parque
Urugua-í? Son muchos interrogantes y una certeza: como en otras
ocasiones, a la sociedad no se la ha involucrado en la decisión de una
operación que modificará su patrimonio -la naturaleza- y afectará a
esta y a las futuras generaciones.
Desde el punto de vista ambiental, hay varias razones que desestiman la
obra y una de la más contundente es quizás el hallazgo de una especie
de ave que está al borde de la extinción, el pato serrucho, y cuya
conservación depende de la selva y los arroyos misioneros (es la única
provincia argentina donde el pato cuenta con registros). La represa de
Urugua-í anegó con su lago de 8.500 hectáreas importantes territorios
del pato (incluyendo el sitio de donde se conocía el único nido
descubierto) y parte del curso de agua de algunos de sus afluentes, como
el arroyo Uruzú, donde el ave tenía registros habituales en la década
de 1980. Recientemente, después de casi 10 años se la volvió a ver en
este último lugar, justo donde EMSA prevé instalar la obra que -de
concretarse- cambiará el ecosistema y con ello desaparecerá un recurso
importante por su valor científico, ambiental y turístico. Además, se
alteraría el plan de manejo del Parque Provincial Urugua-í, que se ha
desarrollado en coautoría con el Parque Nacional Iguazú para asegurar
el intercambio y la continuidad de la flora y fauna al unir a través de
una franja de tierras privadas a ambas áreas protegidas, y se alteraría
la ictiofauna al mezclarse las especies que habitan en los ríos Iguazú
y Urugua-í (pertenecen a la misma provincia pero poseen diferentes
especies de peces).
La optimización de la represa Urugua-í ni siquiera puede plantearse
como un recurso en el marco del Convenio Mundial de Cambio Climático,
como ha ocurrido con otras obras de este tipo. Es que las hidroeléctricas
no pueden ser consideradas como “energía limpia”, ni
“renovable" ya que atentan contra la biodiversidad, favorecen la
propagación de enfermedades y epidemias, contaminan el agua y emanan
gas metano.
Teniendo en cuenta lo expuesto, si lo que necesitan EMSA y los misioneros
es asegurar la disposición de energía eléctrica, ¿no es más
rentable y viable concienciar a la población -a través de información
clara- sobre la limitación del recurso disponible y la necesidad de
hacer un uso más racional del mismo? Quizás no sea suficiente, pero
seguramente será más efectivo educar a la población que reparar los
daños que se cometen por no aplicar prevención.
La experiencia indica que es imprescindible enseñar a ahorrar
electricidad y pensar en nuevas fuentes de energía (a modo de ejemplo:
son cada vez más los ciudadanos europeos -el problema de la dependencia
energética se agudizó en los últimos en la Unión Europea- que
demandan información en ese sentido y esperan beneficios importantes
desde el punto de vista de la protección del ambiente -un 38 por ciento
de los ciudadanos estaría dispuesto a pagar más por utilizar “energía
verde”). Por eso, el primer paso de un Gobierno comprometido con su
pueblo debería ser asegurar que la compañía eléctrica esté obligada
a informar de todas las fuentes de energía utilizadas para generar la
electricidad que vende y los impactos ambientales asociados (lo que debe
ser divulgado de manera clara y comprensible, en cada factura, a todos
los consumidores), y a realizar campañas sobre formas de uso racional
de la electricidad.
Conviene informarse bien, saber qué es lo que vamos a comprar, a quién,
y cuál será el efecto sobre el ambiente y en definitiva sobre nuestras
propias vidas, la de nuestros hijos, la de nuestro nietos...
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