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Osvaldo Reig nació en Buenos Aires, República Argentina, en 1929. Su
brillante carrera científica podría calificarse de poco convencional. A
principios de los años 50 fue expulsado de la Universidad de La Plata,
Argentina, y jamás logró finalizar sus estudios de grado. Sin embargo, sus
logros científicos como paleontólogo "free lance" fueron tan
relevantes que ya para 1957 pertenecía al Instituto-Fundación Miguel Lillo, en
Tucumán, en calidad de profesor de anatomía comparada. Allí fundó dos
laboratorios: Paleon-tología de Vertebrados y Neontología de Batracios. Tres
años después, sus innovadores descubrimientos de vertebrados fósiles en el
noroeste argentino fueron reconocidos por un comité internacional, que incluía
a figuras de la talla de George G. Simpson. Dicho comité lo eligió como
profesor a dedicación ex-clusiva de la Universidad de Buenos Aires, a pesar de
no poseer ningún título académico. Luego de varios años en este cargo, se
mudó temporalmente al Museo de Anatomía Comparada de la Universidad de Harvard, en 1966. Ese año la Argentina fue sacudida por un golpe militar, y él
renunció a su posición en la Universidad como protesta a la dictadura. Se
autoexiló en Venezuela, donde vivió más de 15 años (fue primero profesor de
zoología y evolución desde 1967 a 1972 en la Universidad Central de Venezuela;
es justo mencionarlo porque la UCV fue la primera universidad que lo acogió
luego del golpe militar de 1966, n de la t.). En 1971 se cambió al Dpto. de
Zoología de la Universidad de Londres, obteniendo su PhD en 1972. Luego volvió
a Suramérica, y fundó un instituto de Genética y Evolución en la Universidad
Austral de Chile, en Valdivia. El golpe de estado de Pinochet lo obligó a dejar
Chile e intentó nuevamente esta-blecerse en su país, pero una serie de
disconformidades políticas y venganzas personales lo excluyeron de su puesto en
1974. Este año volvió nuevamente a Venezuela (en 1974 a la Universidad de los
Andes, Mérida junto a José Vicente Scorza, n de la t) donde desarrolló
activamente un proyecto de investigación acerca de los mecanismos de
especiación cromosómica del género Proechimys. Su último cargo
fue en caracter de profesor de la Universidad Simón Bolívar, Caracas (cuyo
laboratorio está actualmente a cargo de la Dra. Marisol Aguilera, n de la t).
Finalmente, y gracias a la victoria de la democracia en la Argen-tina, fue
invitado a regresar a la UBA y unirse al Dpto. de Ciencias Biológicas, en 1984.
Se mantuvo in-vestigando activamente en tópicos evolutivos y participando en
programas de cooperación internacional hasta su fallecimiento, en marzo de
1992, en Buenos Aires.
Esta vida inquieta y plena caracterizó también sus hallazgos a nivel
científico y docente. Su valioso descubrimiento, en 1957, del fósil de anfibio
más antiguo existente (Notobatrachus degiustoi), fueron basales
para el establecimiento de las bajas tasas cambios morfológicos en la
evolución de los anuros, y lo impulsó a estudiar la biología evolutiva de
este grupo, con la finalidad de entender el conservatismo evolutivo de su
morfología. Osvaldo Reig fue uno de los pioneros en entender claramente la
necesidad de integrar las nuevas teorías evolutivas y la genética a la
interpretación del registro fósil. Desde 1960 dedicó su investigación al
estudio de la evolución de vertebrados, incluyendo grupos existentes y
extintos. La relevancia de su investigación en roedores caviomorfos ha
generando muchos textos relevantes. Conjun-tamente con sus colaboradores
argentinos, incluyendo a M. A. Barros, A. Massarini y M. Ortells, in-vestigó
durante más de 2 décadas los caviomorfos octodóntidos, habitantes típicos
del cono sur de Suramérica. En particular, los tuco-tucos, género Ctenomys,
como un caso particular de especiación explosiva durante el Pleistoceno. Sus
primeras conclusiones a partir de datos citogenéticos lo llevaron a ahondar en
los mecanismos de especiación, abarcando estudios moleculares, junto a sus
colaboradores, entre los que contamos a J. Zorzopulos y M. S. Rossi. La muerte
ha puesto punto final a sus inspi-radoras ideas, pero no logró detener el
impulso de su investigación, la cual se mantiene activa tanto en los
laboratorios de la UBA, en la Argentina como en el Museo de Ciencias Naturales,
de Madrid, España.
La evolución cromosómica ha sido un tema central en su acercamiento a los
mecanismos evolutivos. Se concentró en dos grupos de mamíferos contrastantes:
marsupiales y roedores. En colaboración con John W. A. Kirsch, de la U. de
Madison, en EUA, demostró que la evolución organísmica podía proceder sin
mayores alteraciones cromosómicas. Por otra parte, Osvaldo Reig realizó un
detallado estudio com-parativo de los patrones de especiación en roedores. Este
estudio demuestra que estos linajes tan anti-guos, altamente diferenciados
ecológica y morfológicamente, están increíblemente conservados a nivel
cromosómico en las especies actuales. Paradójicamente, aquellos géneros que
han mostrado una espe-ciación cromosómica explosiva, como es el caso de Proechimys,
resultan asombrosamente conser-vados morfológica y ecológicamente. Estos
resultados lo convencieron de que los rearreglos cromo-sómicos pueden explicar
algunos casos de especiación explosiva sin mayores cambios morfológicos, y que
algunos mecanismos evolutivos no siguen la divergencia lenta, gradual y
adaptativa generada por la selección natural.
Conocí a Osvaldo Reig en Venezuela, en 1979, y de inmediato me impresionó
la claridad de su mente para la evaluación del proceso evolutivo, la cual lo
llevó a interesarse en problemas epistemológicos. La influencia de su esposa,
Estela Santilli, y de Mario Bunge, ambos filósofos de la ciencia, fueron
cruciales en este punto. Estoy convencido de que sus amplias ideas acerca de
evolución han enriquecido la com-prensión de la Evolución en las mentes de
muchos de sus estudiantes y colegas. El opinaba que la variabilidad genética
era importante para la evolución de las especies, pero que existe un marco
definido de la arquitectura genómica y el desarrollo que limita esta
variabilidad, y hace de cada especie un siste-ma cohesivo. Solía afirmar que:
"la especiación no es más que la alteración de estas limitaciones
me-diante mecanismos muy diversos, y la macroevolución puede estar ligada a un
reacomodo drástico de los límites de tales constricciones".
Mi interacción con Osvaldo floreció bajo un ámbito de estrecha
cooperación científica. Logré convencerlo de la superioridad de Drosophila
como modelo de estudio para poner a prueba ciertas hipótesis en espe-ciación,
y juntos promovimos un ambicioso grupo de trabajo empleando especies cactófilas
del género Drosophila como modelo. Este grupo fue una novedad en
la Argentina, y sigue activo actualmente bajo la conducción del Dr. Esteban
Hasson. Este logro es un simple ejemplo de la larga historia de impulso a la
investigación que caracterizó al Dr. Reig.
La carrera científica de Reig estuvo siempre marcada por la búsqueda
continua del conocimiento creativo, en un marco de libertad y democracia. Luchó
en oposición a cualquier clase de autoritarismo, lo que lo llevó al exilio en
diversas condiciones. Es sorprendente que a pesar de los múltiples
inconvenientes polí-ticos que signaron su vida, logró mantener un flujo
investigativo constante, con tantos logros significativos para la ciencia. Me
atrevo a afirmar que su acercamiento a tópicos sociales no se diferenció
jamás de su enfoque hacia la ciencia. Con frecuencia se le cuestionó el
haberse transferido a la biología evolutiva siendo ya un famoso paleontólogo.
Su respuesta siempre fue clara: "un científico debe descartar la
adhe-rencia a círculos cerrados de investigaciones exclusivistas". El
pensaba que la biología evolutiva había caído en un cierto fundamentalismo
científico, del cual luchaba siempre por escapar. Muy temprano en su carrera
descubrió que la paleontología no proporcionaba las repuestas que buscaba a
los mecanismos de especiación, y ahondó en la genética de poblaciones y la
ecología buscando respuestas. Su enten-dimiento lo llevó a considerar cualquier
acercamiento que le ayudara a comprender la evolución. Esta posición abierta,
sin prejuicios, de cara al conocimiento en su expresión más pura, es
probablemente la cualidad que más extrañaremos de él.
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