Las
condiciones más propicias para el surgimiento de la primera generación
de geólogos argentinos recién existieron a mediados del siglo
XIX. Con anterioridad, los esfuerzos de Rivadavia por implementar estos estudios
en Buenos Aires habían fracasado y las primeras investigaciones estrati-
gráficas
y bioestratigráficas quedaron reservadas para Fran- cisco J. Muñiz,
Alcide d'Orbigny y Carlos R. Darwin. Des- pués de Caseros, Mitre y Sarmiento,
retomando las ideas rivadavianas, imprimieron nuevo vigor a estos conocimientos
con la contratación de Burmeister y la creación de la Aca-demia
de Ciencias, en Córdoba, glorificada con las actua-ciones de Stelzner,
Brackebusch, Bodenbender, Doering y Kurtz. En la Universidad de Buenos Aires,
Strobel y Ramorino impartían las primeras lecciones de geología
y desde 1878, Aguirre se convirtió en el primer profesor ar- gentino de
geología. Estas acciones se complementaron con las investigaciones geopaleontológicas
de los hermanos Ameghino y la creación del Museo de La Plata por Moreno,
que organizó y dirigió expediciones con la participación
de prestigiosos geólogos europeos. Los trabajos de todos estos investigadores
sentaron las bases del conocimiento geológico, estratigráfico
y bioestratigráfico de la Patagonia, en particular. Al comenzar el año
1900 ya existía la decisión firme de contar con geólogos
argentinos capaces de planificar las investigaciones geológico-mineras
del país, especialmente las relacionadas con la provisión de agua
y la existencia de carbón y petróleo. La con-fección del
Mapa Geológico-Económico de la Argentina motivó la participación
de un nuevo contingente de geólogos, en su mayoría alemanes (Keidel,
Windhausen, Groeber, Wichmann, Stappenbeck, Schiller), además de Bonarelli
(italiano) y Beder (suizo), que realizaron una obra notable en los campos de
la geología regional, petrografía, paleontología, estratigrafía,
bioestratigrafía, hidrogeología y minería. El conocimiento
geológico del país se incrementó además, con la
participación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, a partir de
1922, donde trabajaron geólogos prestigiosos como Fossa Mancini, Feruglio,
Piat-nitzky y Brandmayr. La actuación de muchos de dichos geólogos
en la docencia universitaria (Keidel, Groeber, Bodenbender, Windhausen, Schiller,
Beder) fue decisiva en la formación de los primeros geólogos argentinos
surgidos de nuestras universidades, entre 1914 y 1938. Desde entonces, no sólo
las investigaciones geológico-paleontológicas del país
fueron realizadas por un número creciente de argen-tinos, sino que ya
no hubo más necesidad de enviar al exterior, para su estudio, colecciones
de rocas y fósiles, principalmente. |