biodiversidad arquelología historia ecología animales dinosaurios ciencias naturales

 

OPINIÓN

Algunas reflexiones acerca de la historia de la ciencia
y del pensamiento

 

 

Buenos Aires, 24 de Febrero de 2007
 

Desde los esfuerzos tempranos de muchos tan eruditos como apasionados investigadores, el siglo XX vio asentarse a la Historia de la Ciencia como una disciplina estructurada y respetable. Incluso el enorme desarrollo de la teoría y crítica de la ciencia, de la epistemología y de las aplicaciones de la historia de la ciencia y del pensamiento para la formulación de teorías acerca del saber y sus atributos contó con el substrato historiográfico que aportaron los historiadores de la ciencia. Aún con el riesgo de perder precisión preferimos referirnos a la historia de la ciencia, más que a ella y a la del pensamiento, dado que este último campo es objeto de la atención de otros especialistas, más relacionados con el área filosófica o con los nuevos campos pretendidamente autónomos como la historia de las mentalidades, la historia cultural, etc.

Desde la magnífica y precursora obra de A. Cournot, compuesta en 1861 y publicada en español en 1946, acerca del encadenamiento de las ideas fundamentales en la historia de la ciencia y del pensamiento resulta imprescindible la referencia cruzada entre ciencia y pensamiento ya que no son sino formas mutuamente dependientes del afán humano de saber, de explicar y de integrar su cosmovisión. A partir del magnifico esfuerzo de precursores como Charles Singer, George Sarton, Aldo Mieli, Pedro Laín Entralgo, cada uno de ellos con sus iniciativas de revistas dedicadas al tema, la historia de la ciencia eclosionó con verdadera potencia hacia 1930-1950. A partir de entonces muchas universidades de avanzada incluyeron en sus planes de estudio o crearon departamentos y hasta bibliotecas especializadas de Historia de la Ciencia. Los grandes estudiosos de la estructura, la filosofía y la epistemología de la ciencia, como Karl Popper, Thomas Kühn, Gastón Bachelard, Alexander Koyré, por ejemplo, surgieron de esa conjunción de la explosión científica de postguerra de 1945 con la acumulación de información e interpretaciones históricas sobre la ciencia.

José María López Piñero, historiador de la ciencia española y discípulo de Pedro Laín Entralgo, examinaba hace pocos años la posiblidad de que ese interés decaiga en el ambiente cultural y universitario, incluso revistaba algunas de las señales manifiestas de ese proceso. Sin embargo, entre nosotros –es decir, en nuestra Hispanoamérica– ese retroceso sería extremadamente indeseable y hasta deletéreo para nuestro desarrollo de la investigación básica y para que podamos ejercer nuestro derecho a participar de la avanzada del pensamiento y de la adaptación cognitiva a las nuevas formas de cosmovisión que imperan, se revisan y se reformulan casi continuamente en el llamado primer mundo. Para colmo, entre nosotros, en la Argentina y en el Paraguay –ámbitos en los que se desenvuelve la Fundación– ha crecido sensiblemente el número de cátedras, cursos, seminarios, tesinas y monografías acerca de Epistemología y de Metodología y Filosofía de la Ciencia. Eso sería loable si no fuera que nuestro quehacer científico, o es apenas embrionario como sucede en el Paraguay, y adolece de severas vacancias y deficiencias en la Argentina, habiendo retrocedido la investigación básica debido a la acumulación de las crisis y al derrumbe institucional y moral que padecemos.

En consecuencia –y hemos asistido a eso personalmente– en muchos casos se habla de, se critica e incluso se vitupera a la ciencia, en especial a la básica, sin conocerla y en base a meras teorizaciones, a veces ideológicas, otras propias de las escuelas de moda, sin haber asistido al proceso cognitivo sistemático y organizado de un laboratorio, de una actividad de campo, o de una labor de pensamiento especulativo o lógico seriamente llevada. En pocas palabras, el docente que trabaja en esas condiciones, lo hace con una verdadera entelequia temática, a la que a veces apenas comprende, y en ocasiones capta equivocadamente. Apelando al concepto de campo inteligente para los procesos que requieren la comprensión de una temática amplia, en el caso que analizamos, éste no se deslinda previamente en toda su dimensión y se suele operar con un marco submínimo de dominio del objetivo. Esto afecta a una gran masa de estudiantes, especial de humanidades, de ciencias sociales, de antropología social y cultural. Hemos percibido que suele crearse en ellos una especie de rechazo a la ciencia como si fuera un instrumento imperialista o una forma de dominio. La crítica esas actitudes no implica que no puedan ser utilizados resultados y aportes de la ciencia para fines imperiales y de real dominio, pero eso no es parte de la ciencia en sí, y puede suceder con cualquier tipo de conocimiento más allá de la naturaleza. Es la mentalidad humana generalizada y modal, la que así se manifiesta, la que en algunos casos lleva a erigir regímenes políticos y sociales que usan a la ciencia y a sus productos para sus propios fines, tal como también usan a los medios informativos, al libro, a las comunicaciones, a la psicología social, o a la pedagogía con similar propósito. Otra interpretación de este problema resulta ingenua o falaz.

Hasta aquí hemos desarrollado un tema crítico. Lamentablemente debimos hacerlo en el estrecho marco de una carta quincenal que a penas si brinda espacio para explayar adecuadamente un pensamiento coherente. No queremos dejar el tema sin destacar la contraparte de ese estado de cosas en el sistema educativo. La misma merece el reconocimiento la alta validez, la calidad de tareas de difusión sobre el tema que nos preocupa, como se da en el casi permanente aporte de las revistas Ciencia Hoy, Redes, Museo (de La Plata) y Prismas. También en la concreción de obras como la de Guilermo Boido acerca de Galileo Galelei (AZ Editora, Buenos Aires, 1996), en la edición de obras básicas para la ciencia argentina que realiza Ediciones Continente –con nuestra Fundación–, como antes lo hizo El Elefante Blanco, a veces con notables prólogos e introducciones, y también la publicación de una obra tan bella como erudita como Ciencia y Literatura de Miguel de Asúa (Eudeba, Buenos Aires, 2004), en muchos aspectos comparable, a pesar de su distinta tonalidad básica, con las Lecciones de los Maestros, de George Steiner (Ediciones Sirulea, Tezontle, México, 2005). Otros aportes dignos de mención son el de Marta Penhos, abarcando en buena medida a la obra de Félix de Azara (Ver, conocer, dominar, Siglo XXI, Buenos Aires, 2005); la de Fabián Alejandro Campagne (Homo cartholicus, homo supersticiosus. Miño y Dávila-Eudeba, Madrid, 2002) y la de José Burucúa y Martín Ciordia (El Renacimiento Italiano, Asociación Dante Alighieri, Buenos Aires, 2004). Tampoco debemos dejar de lado la obra permanente acerca de la historia y la filosofía de la ciencia de Celina Lértora Mendoza, desde el FEPAI, la de Roberto Ferrari, independiente pero sólida y precisa y la de José Sellés Martínez con sus ciclos de conferencias que ya llevan dos años de efectiva realización.

Como conclusión: los elementos positivos no abundan entre nosotros, pero ya están dados en nivel apto como para asegurar una mejor transferencia entre quienes se ocupan de la ciencia practicándola o pensándola desde una perspectiva sistémica y con base fática, y quienes reducen su discurso al manejo de esquemas, simplistas, ideológicos o simplemente huérfanos de una integración positiva con el avance cognitivo humano, que es el norte único e irreemplazable de todo lo referido a ciencia y pensamiento. Pero, sin historia de la ciencia y del pensamiento conexo a ella, no hay integración posible.

Prof. Julio Rafael Contreras
Presidente Fundación Azara
22 de febrero de 2007, Paraguay.
 

 
 

Agradecemos las visitas recibidas
Inicio | Contáctenos | Créditos | Términos y Condiciones de Uso | Política de Privacidad  | Webmaster
La Fundación  | Actividades | Servicios | Publicaciones | Misceláneas
© 2006 Fundación de Historia Natural Félix de Azara
| Última actualización: 30/05/2007
biodiversidad arquelología ecología ecologia arqueologia animales historia dinosaurios ciencias naturales