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ARTÍCULO

 

¿CUNDIRÁ EL EJEMPLO URUGUAYO?: EL CASO DEL MUSEO NACIONAL 
DE HISTORIA NATURAL DE MONTEVIDEO

Por Julio Rafael CONTRERAS y Adrián GIACCHINO, 2000.  

 

La cultura humana es imitativa. Creación y emulación se complementan para determinar tanto el avance como la diferenciación cultural. El concepto mismo de "civilización" responde a la difusión espacial de pautas, usos, costumbres e instituciones dentro de los márgenes geográficos delimitados por el alcance de sistemas mayores de creencias, intercambios e interacción política y económica.

Así fue que en occidente, después de la ilustración, de la enciclopedia y de la difusión de las ideas básicas de libertad e igualdad, se produjeron hechos políticos generalizados como la independencia de los países que constituían las colonias americanas y la difusión en ellos de instituciones que, años antes, habían comenzado a florecer en el área central -europea- de occidente: escuelas, universidades, editoriales, diarios y periódicos, y museos. Entre ellos los de Historia Natural. Se pueden enunciar fe-chas de creación: el de Río de Janeiro en 1818, el de Santiago de Chile en 1822, el de México en 1825 y el de Lima en 1826. En el Río de la Plata se fundó el de Buenos Aires en 1812, aunque recién se concre-tó en 1823, siempre por iniciativa de Bernardino Rivadavia, y resurgió después de años oscuros, en 1852. El de Montevideo se creó en 1837 por la acción de Dámaso Antonio Larrañaga y de Teodoro Villardebó. También merece mencionarse el de Corrientes, creado por iniciativa del gobernador Pujol y de Amado Bonpland.

Los tres museos rioplatenses llegaron a tener gran prestigio, cuando se agregó a ellos el de La Plata en 1877. El primero en decaer fue el de Corrientes, que hoy es una entidad lamentable. Los otros parecieron ser invulnerables, aún en la sombría década de 1970-1980.

Sin embargo, y lamentablemente de la mano de sistemas que paradojalmente se precian de demo-cráticos y progresistas, ya está difundiéndose una ola de sentido contrario a la que alentó las funda-ciones del siglo XIX. El primero en experimentarlo ha sido el de Montevideo, que cerró el siglo XX e inició el XXI en vergonzosas condiciones de arrasamiento, siendo despojado de la histórica sede, que ocupaba desde 1879. Una institución que llegara alcanzar la calidad y el prestigio de ese museo ha sido prác-ticamente anulada. Su personal se ha reducido a lo exiguo en número, las condiciones de conservación del delicado y valioso material de algunas de sus colecciones públicas y científicas son lamentables por carecer de un local adecuado y de personal suficiente. En pocos años puede desaparecer todo arrasado por hongos, ácaros, insectos y roedores. La biblioteca del museo, una de las mejores en su género en América del Sur, yace embalada y sometida a riesgos, lejos de la manos de los investigadores que no pueden consultarla, y sin perspectivas ciertas de ser rehabilitada, menos aún de seguir actualizándose.

Casi todos los museos de la región languidecen por falta de presupuesto y de atención oficial y pública. Lo del museo uruguayo tiene apariencia de un caso paradigmático. ¿Acaso estaremos ante la onda expansiva de una mentalidad desaprensiva, indiferente o destructora que va a arrasar conquistas civili-zadas que hasta hace pocas décadas parecían intocables?

Montevideo recibió y aceptó el calificativo de la Atenas del Plata. Los actuales políticos, administradores y dirigentes uruguayos deben reaccionar rehabilitando con urgencia al museo o pensar seriamente en cambiar aquel laudatorio calificativo por alguno más condicente con el estado de cosas al que parecen aspirar con actos destructivos como el que se está consumando. Los científicos, intelectuales, artistas, docentes y estudiantes de la región deben tomar conciencia de estas situaciones, que pueden ser premonitorias de un derrumbe generalizado de lo que antes se consideró exponente de excelencia y dignidad cultural. La mutilación cultural nunca es puntual: siempre resulta sistemática, y la decadencia del Museo Nacional de Historia Natural de Montevideo a todos nos mengua y degrada. Es posible que aún no sea tarde para reaccionar y para dar todo por perdido. De todos nosotros depende.

   
 
 
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