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En las últimas décadas
ha cambiado por completo el concepto canónico de la paleontología
en la cultura pública. De una rama del saber casi ignorada y sólo
cultivada por iniciados, se ha transformado, incluso, en sujeto mediático
y en atractivo multitudinario. Esa circunstancia general se ve reforzada en
la Argentina por la disponibilidad de un abundante registro de yacimientos fosilíferos
y por la exhumación de un material muy llamativo que se expone en museos
e instituciones especializadas, que no sólo se han habilitado en las
ciudades de Buenos Aires y La Plata, como sucedía hasta hace poco, sino
que comen- zaron a proliferar y expandirse en ciudades del interior, en especial
en localidades turísticas de la Pata- gonia.
El docente que pretende
estar actualizado en sus conocimientos no puede ignorar ese contexto y debe,
por lo tanto, estar capacitado para responder con solvencia a la inclusión
en sus clases del tema de la historia de la vida sobre la tierra. Se produce
con la paleontología un caso inverso al que suele condicionar las inclusiones
en la temática curricular: la eclosión mediática de un
tema fuerza la irrupción de contenidos que incluso penetran informalmente
puesto que ya tienen una alta difusión mediática previa en la
sociedad.
A nivel de la educación
secundaria argentina no se imparten conocimientos paleontológicos dignos
de mención y que lleguen a proporcionar a los alumnos un panorama adecuado
de la disciplina. Espe- cialmente cuando es un hecho reconocido que en la formación
general de la mayoría de los docentes actuantes las bases conceptuales
e informativas acerca del tema apenas si se han soslayado, incluidas en materias
más abarcativas a modo de contexto menor.
Por su parte, la estructura
curricular cada vez tiende a simplificarse en forma más absurda, disolviendo
las disciplinas particulares en grandes grupos abarcativos, los que no sólo
pretenden dar predominio hegemónico a lo social, sino que ignoran -y
difunden activamente esa ignorancia- la existencia de campos específicos
del conocimiento como la historia, la geografía, la zoología y
la botánica. Se diluye así para el ejercicio docente -y, lo peor,
para la formación del alumno- una compartimentación absolutamente
necesaria como prolegómeno para abarcar progresivamente un saber que
si bien tiende a la síntesis en una cosmovisión integrada en su
culminación, tiene caminos epistemológica y didác-
ticamente
diversos para su acceso.
En lo referente al dominio
público del tema paleontológico deben señalarse dos aspectos
distorsio- nadores muy corrientes, el primero reside en la falta de un acompañamiento
de conocimientos relativos a la escala temporal de la evolución, al verdadero
escalonamiento de las formas actualmente fósiles y su relación
con la historia del ser humano. Películas y novelas han generalizado
panoramas de convivencia de seres humanos primitivos con especies cuya extinción
centuplica en millones de años la duración geológica (biocrón)
del género Homo. El otro aspecto se refiere al enfoque
unilateral del tema, que privilegia a las formas mayores o más asombrosas,
particularmente los dinosaurios (a veces también las primeras aves, así
como los grandes mamíferos pampeanos). Esas limitaciones dan al conocimiento
paleontológico canónico de la cultura media un carácter
"insular" en el contexto cognoscitivo, restrin- giendo las posibilidades
de enriquecimiento cultural resultante de la instalación de lo paleontológico
como "tema de la personalidad" como denomina Roura Parella (1944),
en el sentido de campos motiva- dores abiertos y con intereses crecientes que
siguen a la apertura inicial.
Es así que la base
cultural general de conocimiento y la valoración positiva de los contenidos
paleon- tológicos que en general porta el alumno medio de las escuelas,
colegios e institutos, no constituye de por sí un factor motivador activo
si no se manejan al par otros elementos que hagan al tema capaz de retroalimentar
positivamente el proceso formativo.
Se podrá a esta
altura preguntar si es necesario, útil o conveniente dedicar a tipos
de conocimiento como el paleontológico la atención pedagógica
que aquí se discute. Para una concepción miope eminen- temente pragmática
podrá tratarse de conocimientos superfluos o de carácter totalmente
accesorios. Lo mismo se dará para una concepción emimentemente
sociológica entre cuyos objetivos no se cuenta la ampliación cultural
y espiritual del educando. Sin embargo, dentro de un campo conceptual más
amplio, para la actual crisis educativa argentina, atinadamente valorada como
"tragedia educativa" por Guillermo Jaim Etcheverry (1999), es mucho
más urgente contar con núcleos motivadores que enfocar el interés
educativo en objetivos que teórica o ideológicamente han demostrado
su fracaso para detener o atenuar la instauración de ese escenario de
"tragedia" cuya vigencia es, lamentablemente, indiscutible.
Una extensa serie de factores
cuya naturaleza y peculiaridades no es el caso de discutir en esta comunicación
han concurrido a llevar a la educación argentina a las condiciones actuales.
Al par que la decadencia se consolida, se multiplican los aportes teóricos,
predominantemente sociológicos y psico- lógicos, que en poco o nada
contribuyen a hallar soluciones prácticas. Ante este panorama, es posible
que el uso de ciertos recursos docentes activos y bien definidos, pueda contribuir
al desarrollo de personalidades particulares -individuales en el mejor sentido
del término- que contribuyan a mejorar el clima cultural general de la
sociedad.
Además, como bien
lo señala Bunge (1997), el desarrollo de una sociedad humana no se logra
sin la concurrencia armónica de factores económicos, biológicos,
políticos y culturales. Sólo con la activación simultánea
de todas las componentes mencionadas puede una nación aspirar a emerger
del subde- sarrollo que se plantea en este comienzo del siglo XXI más como
un abismo que como una brecha entre los países del llamado primer mundo
y los que como la Argentina están reducidos a un tercer mundo de inferioridad
técnica, científica, financiera y cultural.
Según el criterio
de Bunge en la obra antes citada, se debe destacar para la sociedad moderna
la relevancia de los dos sectores más dinámicos de la trama cultural:
la ciencia básica y la aplicada por un lado y la tecnología por
otro, al punto que "la centralidad de la ciencia y la tecnología
son aceptadas por los promotores más preclaros del desarrollo, incluyendo
los organismos que componen las Naciones Unidas".
Se da así un círculo
complejo de interacciones entre la capacidad del sistema educativo para generar
las vocaciones y la búsqueda de una capacitación mínima
en los jóvenes para desarrollarlas, tendientes a estimular el surgimiento
de un nivel cultural medio que permita reclutar sectores de excelencia de los
que no puede prescindir ninguna sociedad que desee asegurar una subsistencia
organizada y garantizada a largo plazo.
La educación es
un hecho social pero se aplica -y por ende afecta- a individuos, y éstos
son los que deben modalmente responder ascendiendo a niveles de conocimiento,
cultura y capacitación que pueda retroalimentar la calidad de vida social
a la que la comunidad aspira. Son individuos, personalidades, los que reciben
los estímulos adecuados del docente y son los docentes individuales,
más que el sistema abstracto, los que deben adquirir conciencia de la
importancia de su papel activo.
Por eso es que en la búsqueda
por parte de los docentes de estímulos culturales válidos y efectivos,
se presentan los contenidos paleontológicos como una de las tantas vías
para incrementar el desarrollo personal y el acceso a niveles culturales por
parte de los educandos. No es la panacea ni la única vía posible
para lograr ese enriquecimiento personal comentado, es simplemente una más
pero una muy plausible. Merece, por lo tanto, que se dedique a ella un análisis
cuidadoso y que una reunión docente le dedique una reflexión conjunta.
John Allen Paulos (2000)
se plantea el caso de otra disciplina: "¿Por qué sabemos tan pocas
matemá- ticas?", y salta enseguida a preguntarse: "¿Cuál
es el costo social o individual de esta ignorancia?". Lo mismo podría
plantearse para todos los demás tipos de ignorancia que cultiva el actual
sistema educativo argentino. Planteados en costo social y humano es cuando más
dramáticamente pueden ser evaluados esos "analfabetismos" que
el sistema eroga a los jóvenes por ideologización e insuficiencia.
Morello (1998) se refiere a los "pobres ecológicos y tecnológicos"
a los que el mundo globalizado amenaza arrollar y aplastar. Igualmente podríamos
seguir a Bunge (1997) para reconocer otros dramáticos analfabetismos
que sin querer cultivamos a través de la educación, contándose
como forma resultante el analfabetismo cultural, que es la culminación
del proceso y que se expresa por el altísimo porcentaje de egresados
del nivel secundario que fracasan en sus intentos de pasar a la universidad.
La enseñanza de
la paleontología, particularmente en los niveles educativos secundario
y terciario (especialmente en los profesorados) tiene una serie condicionante
de pre-requisitos: 1) brindar como marco introductorio una clara y correcta
ubicación en la escala temporal de las mayores formas de vida del pasado;
2) desplegar esos contenidos en el marco de una clara concepción de la
evolución del planeta Tierra, de su corteza (historia geológica,
evolución de las masas continentales, geomorfología); 3) impartir
el conocimiento de un esquema general de la taxonomía de las formas vivientes
(neontológicas) y de sus relaciones filogenéticas con la vida
del pasado, poniendo especial énfasis en los panoramas de América
del Sur y de la Argentina en particular; 4) acompañar a todo lo anterior
con un conocimiento adecuado de la museología nacional (de aquella especializada
en ciencias naturales) para aprovechar plenamente las exhibiciones públicas
y -eventualmente- las colecciones científicas, como herramienta didáctica.
Como en general no se cuenta
con bibliografía disponible que sea apta para el nivel de acceso y de
comprensión que básicamente busca el docente de los niveles secundario
y terciario, debe recalcarse acerca de la necesidad urgente de que los especialistas
argentinos elaboren textos adecuados, especialmente acompañados de buena
iconografía, que más que acerca de un grupo en particular (como
los excelentes textos de divulgación de José Fernando
Bonaparte,
1996, 1998; de Fernando Novas, 1998; y de Sebastián Apesteguía
y Jorge González, 1998; todos ellos exclusivamente acerca de los dinosaurios)
encaren el tema en forma generalizada y con un buen aporte de los contextos
geológico, cronológico y clasificatorio.
Se puede destacar que el
tema paleontológico llevado a la enseñanza constituye un campo
altamente estimulante que conjuga por las condiciones de su concepción
en el contexto del conocimiento una serie de elementos motivadores que difícilmente
concurren tan ampliamente en otros de los incluidos en los planes curriculares
comunes. Por un lado, la temática paleontológica tiene la jerarquización
provista por la difusión mediática que es tan determinante de
las preferencias públicas y que reduce notablemente el umbral receptivo
de cualquier niño o joven modal de la sociedad actual. La "dinosauriomanía"
y la "dinosauriofilia", que justamente en estos tiempos se incrementan
notablemente, son signos claros de esa disposición cultural.
Además, se trata
de contenidos con alta receptividad en la cultura media que escapan a todo objetivo
consumista, hedónico, o con canalización práctica inmediata,
razón por la que determinan aperturas congnoscitivas fértiles
para ser encauzadas hacia otras temáticas relacionadas y dotadas también
de valores positivos. La mente del joven atraído o preocupado por estos
temas es más apta para escapar a "la cultura universal de la mediocridad"
como la denomina Jorge Bosch (1992).
Se destaca la importancia
de brindar apoyo formativo al docente interesado y en poner en sus manos material
informativo apropiado.
Referencias:
Bosch, J., 1992. Cultura
y contracultura. Emecé Editores, Buenos Aires, pp. 1-463.
Bunge, M., 1997. Ciencia,
técnica y desarrollo. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, pp. 1-229.
Bunge, M., 1998. Elogio
de la curiosidad. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, pp. 1-255.
Jaim Echeverry, G., 1999.
La tragedia educativa. Editorial Fondo de Cultura Económica, Buenos
Aires, pp. 1-231.
Morello, J., 1998. Proemio.
Pp. 13-18. En: S. D. Matteucci y G. D. Buzai (compiladores), Sistemas ambientales
complejos: herramientas de análisis espacial. Colección CEA,
EUDEBA, Buenos Aires, pp. 1-476.
Paulos, J. A., 2000. El
hombre anumérico. El analfabetismo matemático y sus consecuencias.
Metatemas 20, Tusquets Editores, Barcelona, pp. 1-208.
Roura Parella, J., 1950.
Tema y variaciones de la personalidad. Biblioteca de Ensayos Sociológicos,
Universidad Nacional, México, pp. 1-240.
BIBLIOGRÁFIA BÁSICA
SELECCIONADA:
Los siguientes textos generales
contienen información sobre la evolución de la fauna y la flora
sudamericana, y en la mayoría de los casos particularmente del territorio
argentino.
Alberdi, M. T., G. Leone
y E. P. Tonni (editores), 1995. Evolución biológica y climática
de la Región Pampeana durante los últimos 5 millones de años,
un ensayo de correlación con el mediterráneo occidental. Museo
de Ciencias Naturales, Consejo Superior de Investigaciones Científicas,
Monografía 12: 1-423, Madrid.
Apesteguía, S. y
J. González, 1998. Nuestros dinosaurios ornitisquios. Editorial
Lumen, Buenos Aires, pp. 1-32.
Bonaparte, J. F., 1996.
Dinosaurios de América del Sur. Museo Argentino de Ciencias Naturales
Bernardino Rivadavia, Buenos Aires, pp. 1-174.
Bonaparte, J. F., 1997.
El Triásico de San Juan - La Rioja Argentina y sus dinosaurios.
Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, Buenos Aires, pp.
1-190.
Bonaparte, J. F., 1998.
Los dinosaurios de la Patagonia Argentina. Museo Argentino de Ciencias
Naturales Bernardino Rivadavia, Buenos Aires, pp. 1-46.
Bordas, A. F. y N. V. Cattoi,
1946. Archivos del suelo argentino. Colección Nadir, Serie D,
Misceláneas 1, Sociedad Geográfica Americana, Buenos Aires, pp.
1-143.
Camacho, H. H., 1966. Invertebrados
fósiles. EUDEBA, Buenos Aires, pp. 1-707.
Carlini, A. A. y E. P.
Tonni, 2001. Mamíferos fósiles del Paraguay. Cooperación
República del Paraguay-República Federal de Alemania, La Plata,
pp. 1-108.
Fariñas, R. y S.
Vizcaíno, 1997. Hace sólo diez mil años. Colección
Prometeo, Editorial Fin de Siglo, Montevideo, pp. 1-128.
Kraglievich, L., 1937.
Manual de paleontología rioplatense: osteología comparada de
los mamíferos. El Siglo Ilustrado, Montevideo, pp. 1-137.
Monetta, A. M., 1995. Ischigualasto-Talampaya,
tiempo de dinosaurios, time of dinosaurs. Manrique Zago, pp. 1-200.
Novas, F., 1998. Guía
de los dinosaurios argentinos. Buenos Aires, pp. 1-25.
Pascual, R. (director),
1966. Paleontografía Bonaerense. IV. Vertebrata. Comisión
de Investigación Científica de la Provincia de Buenos Aires, La
Plata, pp. 1-202 + 101 láminas.
Paula Couto, C. de, 1979.
Tratado de Paleomastozoología. Acad. Bras. de Cienc., Río
de Janeiro, pp. 1-590.
Rusconi, C., 1967. Animales
extinguidos de Mendoza y de la Argentina. Edición oficial, Mendoza,
pp. 1-489 + 46 láminas.
Simpson, G. G., 1964. Evolución
y geografía, historia de la fauna de América Latina. EUDEBA,
Buenos Aires, pp. 1-87.
Tonni, E. P. y R. C. Pasquali,
1997. Fauna sudamericana, una historia de 65 millones de años.
Provincia de Buenos Aires, pp. 1-79.
Tonni, E. P. y R. C. Pasquali,
1998. Mamíferos fósiles, cuando en la pampa vivían los
gigantes. Provincia de Buenos Aires, pp. 1-48.
En las siguientes revistas
argentinas de divulgación científica suelen publicarse artículos
sobre paleontología:
Educación en
Ciencias. Revista de la Universidad Nacional de General San Martín.
Ciencia Hoy.
Revista de la Asociación Ciencia Hoy.
Museo. Revista de
la Fundación Museo de La Plata Francisco Pascasio Moreno.
Ciencia e Investigación.
Revista de la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias.
Las siguientes páginas
web son recomendables para la consulta de profesores y alumnos:
http://www.argiropolis.com.ar/ameghino
(Proyecto Ameghino de la Universidad Nacional de Quilmes).
http://www.macn.secyt.gov.ar (Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia).
http://www.cienciahoy.org
(Ciencia Hoy).
http://www.apaleontologica.org.ar
(Asociación Paleontológica Argentina).
http://www.157.92.20.135/aga/raga.htm
(Asociación Geológica Argentina).
http://www.paleolatina.com.ar (Paleolatina).
INSTITUCIONES RELACIONADAS
CON LA PALEONTOLOGÍA:
Las instituciones argentinas
relacionadas con la paleontología son principalmente las siguientes:
Museos nacionales, provinciales
y municipales de ciencias naturales o de paleontología en particular.
Asociación Paleontológica
Argentina. Maipú 645, primer piso (1006) Capital Federal.
Asociación Geológica
Argentina. Maipú 645, primer piso (1006) Capital Federal.
Algunas Universidades.
Trabajo publicado en las
Memorias de las V Jornadas Nacionales de Enseñanza de la Biología,
reali- zadas del 10 al 13 de octubre de 2001 en Posadas, Provincia de Misiones,
República Argentina.
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