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ARTÍCULO

 

EL CONOCIMIENTO DE LA PALEONTOLOGÍA ARGENTINA: 
SABER BÁSICO NECESARIO PARA EL DOCENTE DE BIOLOGÍA 
DE TODOS LOS NIVELES

Por Julio R. CONTRERAS y Adrián GIACCHINO, 2001.

Fundación de Historia Natura - Bajar a Pc el artículo

En las últimas décadas ha cambiado por completo el concepto canónico de la paleontología en la cultura pública. De una rama del saber casi ignorada y sólo cultivada por iniciados, se ha transformado, incluso, en sujeto mediático y en atractivo multitudinario. Esa circunstancia general se ve reforzada en la Argentina por la disponibilidad de un abundante registro de yacimientos fosilíferos y por la exhumación de un material muy llamativo que se expone en museos e instituciones especializadas, que no sólo se han habilitado en las ciudades de Buenos Aires y La Plata, como sucedía hasta hace poco, sino que comen- zaron a proliferar y expandirse en ciudades del interior, en especial en localidades turísticas de la Pata- gonia.

El docente que pretende estar actualizado en sus conocimientos no puede ignorar ese contexto y debe, por lo tanto, estar capacitado para responder con solvencia a la inclusión en sus clases del tema de la historia de la vida sobre la tierra. Se produce con la paleontología un caso inverso al que suele condicionar las inclusiones en la temática curricular: la eclosión mediática de un tema fuerza la irrupción de contenidos que incluso penetran informalmente puesto que ya tienen una alta difusión mediática previa en la sociedad.

A nivel de la educación secundaria argentina no se imparten conocimientos paleontológicos dignos de mención y que lleguen a proporcionar a los alumnos un panorama adecuado de la disciplina. Espe- cialmente cuando es un hecho reconocido que en la formación general de la mayoría de los docentes actuantes las bases conceptuales e informativas acerca del tema apenas si se han soslayado, incluidas en materias más abarcativas a modo de contexto menor.

Por su parte, la estructura curricular cada vez tiende a simplificarse en forma más absurda, disolviendo las disciplinas particulares en grandes grupos abarcativos, los que no sólo pretenden dar predominio hegemónico a lo social, sino que ignoran -y difunden activamente esa ignorancia- la existencia de campos específicos del conocimiento como la historia, la geografía, la zoología y la botánica. Se diluye así para el ejercicio docente -y, lo peor, para la formación del alumno- una compartimentación absolutamente necesaria como prolegómeno para abarcar progresivamente un saber que si bien tiende a la síntesis en una cosmovisión integrada en su culminación, tiene caminos epistemológica y didác- ticamente diversos para su acceso.

En lo referente al dominio público del tema paleontológico deben señalarse dos aspectos distorsio- nadores muy corrientes, el primero reside en la falta de un acompañamiento de conocimientos relativos a la escala temporal de la evolución, al verdadero escalonamiento de las formas actualmente fósiles y su relación con la historia del ser humano. Películas y novelas han generalizado panoramas de convivencia de seres humanos primitivos con especies cuya extinción centuplica en millones de años la duración geológica (biocrón) del género Homo. El otro aspecto se refiere al enfoque unilateral del tema, que privilegia a las formas mayores o más asombrosas, particularmente los dinosaurios (a veces también las primeras aves, así como los grandes mamíferos pampeanos). Esas limitaciones dan al conocimiento paleontológico canónico de la cultura media un carácter "insular" en el contexto cognoscitivo, restrin- giendo las posibilidades de enriquecimiento cultural resultante de la instalación de lo paleontológico como "tema de la personalidad" como denomina Roura Parella (1944), en el sentido de campos motiva- dores abiertos y con intereses crecientes que siguen a la apertura inicial.

Es así que la base cultural general de conocimiento y la valoración positiva de los contenidos paleon- tológicos que en general porta el alumno medio de las escuelas, colegios e institutos, no constituye de por sí un factor motivador activo si no se manejan al par otros elementos que hagan al tema capaz de retroalimentar positivamente el proceso formativo.

Se podrá a esta altura preguntar si es necesario, útil o conveniente dedicar a tipos de conocimiento como el paleontológico la atención pedagógica que aquí se discute. Para una concepción miope eminen- temente pragmática podrá tratarse de conocimientos superfluos o de carácter totalmente accesorios. Lo mismo se dará para una concepción emimentemente sociológica entre cuyos objetivos no se cuenta la ampliación cultural y espiritual del educando. Sin embargo, dentro de un campo conceptual más amplio, para la actual crisis educativa argentina, atinadamente valorada como "tragedia educativa" por Guillermo Jaim Etcheverry (1999), es mucho más urgente contar con núcleos motivadores que enfocar el interés educativo en objetivos que teórica o ideológicamente han demostrado su fracaso para detener o atenuar la instauración de ese escenario de "tragedia" cuya vigencia es, lamentablemente, indiscutible.

Una extensa serie de factores cuya naturaleza y peculiaridades no es el caso de discutir en esta comunicación han concurrido a llevar a la educación argentina a las condiciones actuales. Al par que la decadencia se consolida, se multiplican los aportes teóricos, predominantemente sociológicos y psico- lógicos, que en poco o nada contribuyen a hallar soluciones prácticas. Ante este panorama, es posible que el uso de ciertos recursos docentes activos y bien definidos, pueda contribuir al desarrollo de personalidades particulares -individuales en el mejor sentido del término- que contribuyan a mejorar el clima cultural general de la sociedad.

Además, como bien lo señala Bunge (1997), el desarrollo de una sociedad humana no se logra sin la concurrencia armónica de factores económicos, biológicos, políticos y culturales. Sólo con la activación simultánea de todas las componentes mencionadas puede una nación aspirar a emerger del subde- sarrollo que se plantea en este comienzo del siglo XXI más como un abismo que como una brecha entre los países del llamado primer mundo y los que como la Argentina están reducidos a un tercer mundo de inferioridad técnica, científica, financiera y cultural.

Según el criterio de Bunge en la obra antes citada, se debe destacar para la sociedad moderna la relevancia de los dos sectores más dinámicos de la trama cultural: la ciencia básica y la aplicada por un lado y la tecnología por otro, al punto que "la centralidad de la ciencia y la tecnología son aceptadas por los promotores más preclaros del desarrollo, incluyendo los organismos que componen las Naciones Unidas".

Se da así un círculo complejo de interacciones entre la capacidad del sistema educativo para generar las vocaciones y la búsqueda de una capacitación mínima en los jóvenes para desarrollarlas, tendientes a estimular el surgimiento de un nivel cultural medio que permita reclutar sectores de excelencia de los que no puede prescindir ninguna sociedad que desee asegurar una subsistencia organizada y garantizada a largo plazo.

La educación es un hecho social pero se aplica -y por ende afecta- a individuos, y éstos son los que deben modalmente responder ascendiendo a niveles de conocimiento, cultura y capacitación que pueda retroalimentar la calidad de vida social a la que la comunidad aspira. Son individuos, personalidades, los que reciben los estímulos adecuados del docente y son los docentes individuales, más que el sistema abstracto, los que deben adquirir conciencia de la importancia de su papel activo.

Por eso es que en la búsqueda por parte de los docentes de estímulos culturales válidos y efectivos, se presentan los contenidos paleontológicos como una de las tantas vías para incrementar el desarrollo personal y el acceso a niveles culturales por parte de los educandos. No es la panacea ni la única vía posible para lograr ese enriquecimiento personal comentado, es simplemente una más pero una muy plausible. Merece, por lo tanto, que se dedique a ella un análisis cuidadoso y que una reunión docente le dedique una reflexión conjunta.

John Allen Paulos (2000) se plantea el caso de otra disciplina: "¿Por qué sabemos tan pocas matemá- ticas?", y salta enseguida a preguntarse: "¿Cuál es el costo social o individual de esta ignorancia?". Lo mismo podría plantearse para todos los demás tipos de ignorancia que cultiva el actual sistema educativo argentino. Planteados en costo social y humano es cuando más dramáticamente pueden ser evaluados esos "analfabetismos" que el sistema eroga a los jóvenes por ideologización e insuficiencia. Morello (1998) se refiere a los "pobres ecológicos y tecnológicos" a los que el mundo globalizado amenaza arrollar y aplastar. Igualmente podríamos seguir a Bunge (1997) para reconocer otros dramáticos analfabetismos que sin querer cultivamos a través de la educación, contándose como forma resultante el analfabetismo cultural, que es la culminación del proceso y que se expresa por el altísimo porcentaje de egresados del nivel secundario que fracasan en sus intentos de pasar a la universidad.

La enseñanza de la paleontología, particularmente en los niveles educativos secundario y terciario (especialmente en los profesorados) tiene una serie condicionante de pre-requisitos: 1) brindar como marco introductorio una clara y correcta ubicación en la escala temporal de las mayores formas de vida del pasado; 2) desplegar esos contenidos en el marco de una clara concepción de la evolución del planeta Tierra, de su corteza (historia geológica, evolución de las masas continentales, geomorfología); 3) impartir el conocimiento de un esquema general de la taxonomía de las formas vivientes (neontológicas) y de sus relaciones filogenéticas con la vida del pasado, poniendo especial énfasis en los panoramas de América del Sur y de la Argentina en particular; 4) acompañar a todo lo anterior con un conocimiento adecuado de la museología nacional (de aquella especializada en ciencias naturales) para aprovechar plenamente las exhibiciones públicas y -eventualmente- las colecciones científicas, como herramienta didáctica.

Como en general no se cuenta con bibliografía disponible que sea apta para el nivel de acceso y de comprensión que básicamente busca el docente de los niveles secundario y terciario, debe recalcarse acerca de la necesidad urgente de que los especialistas argentinos elaboren textos adecuados, especialmente acompañados de buena iconografía, que más que acerca de un grupo en particular (como los excelentes textos de divulgación de José Fernando Bonaparte, 1996, 1998; de Fernando Novas, 1998; y de Sebastián Apesteguía y Jorge González, 1998; todos ellos exclusivamente acerca de los dinosaurios) encaren el tema en forma generalizada y con un buen aporte de los contextos geológico, cronológico y clasificatorio.

Se puede destacar que el tema paleontológico llevado a la enseñanza constituye un campo altamente estimulante que conjuga por las condiciones de su concepción en el contexto del conocimiento una serie de elementos motivadores que difícilmente concurren tan ampliamente en otros de los incluidos en los planes curriculares comunes. Por un lado, la temática paleontológica tiene la jerarquización provista por la difusión mediática que es tan determinante de las preferencias públicas y que reduce notablemente el umbral receptivo de cualquier niño o joven modal de la sociedad actual. La "dinosauriomanía" y la "dinosauriofilia", que justamente en estos tiempos se incrementan notablemente, son signos claros de esa disposición cultural.

Además, se trata de contenidos con alta receptividad en la cultura media que escapan a todo objetivo consumista, hedónico, o con canalización práctica inmediata, razón por la que determinan aperturas congnoscitivas fértiles para ser encauzadas hacia otras temáticas relacionadas y dotadas también de valores positivos. La mente del joven atraído o preocupado por estos temas es más apta para escapar a "la cultura universal de la mediocridad" como la denomina Jorge Bosch (1992).

Se destaca la importancia de brindar apoyo formativo al docente interesado y en poner en sus manos material informativo apropiado.

Referencias:

Bosch, J., 1992. Cultura y contracultura. Emecé Editores, Buenos Aires, pp. 1-463.

Bunge, M., 1997. Ciencia, técnica y desarrollo. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, pp. 1-229.

Bunge, M., 1998. Elogio de la curiosidad. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, pp. 1-255.

Jaim Echeverry, G., 1999. La tragedia educativa. Editorial Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, pp. 1-231.

Morello, J., 1998. Proemio. Pp. 13-18. En: S. D. Matteucci y G. D. Buzai (compiladores), Sistemas ambientales complejos: herramientas de análisis espacial. Colección CEA, EUDEBA, Buenos Aires, pp. 1-476.

Paulos, J. A., 2000. El hombre anumérico. El analfabetismo matemático y sus consecuencias. Metatemas 20, Tusquets Editores, Barcelona, pp. 1-208.

Roura Parella, J., 1950. Tema y variaciones de la personalidad. Biblioteca de Ensayos Sociológicos, Universidad Nacional, México, pp. 1-240.

BIBLIOGRÁFIA BÁSICA SELECCIONADA:

Los siguientes textos generales contienen información sobre la evolución de la fauna y la flora sudamericana, y en la mayoría de los casos particularmente del territorio argentino.

Alberdi, M. T., G. Leone y E. P. Tonni (editores), 1995. Evolución biológica y climática de la Región Pampeana durante los últimos 5 millones de años, un ensayo de correlación con el mediterráneo occidental. Museo de Ciencias Naturales, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Monografía 12: 1-423, Madrid.

Apesteguía, S. y J. González, 1998. Nuestros dinosaurios ornitisquios. Editorial Lumen, Buenos Aires, pp. 1-32.

Bonaparte, J. F., 1996. Dinosaurios de América del Sur. Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, Buenos Aires, pp. 1-174.

Bonaparte, J. F., 1997. El Triásico de San Juan - La Rioja Argentina y sus dinosaurios. Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, Buenos Aires, pp. 1-190.

Bonaparte, J. F., 1998. Los dinosaurios de la Patagonia Argentina. Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, Buenos Aires, pp. 1-46.

Bordas, A. F. y N. V. Cattoi, 1946. Archivos del suelo argentino. Colección Nadir, Serie D, Misceláneas 1, Sociedad Geográfica Americana, Buenos Aires, pp. 1-143.

Camacho, H. H., 1966. Invertebrados fósiles. EUDEBA, Buenos Aires, pp. 1-707.

Carlini, A. A. y E. P. Tonni, 2001. Mamíferos fósiles del Paraguay. Cooperación República del Paraguay-República Federal de Alemania, La Plata, pp. 1-108.

Fariñas, R. y S. Vizcaíno, 1997. Hace sólo diez mil años. Colección Prometeo, Editorial Fin de Siglo, Montevideo, pp. 1-128.

Kraglievich, L., 1937. Manual de paleontología rioplatense: osteología comparada de los mamíferos. El Siglo Ilustrado, Montevideo, pp. 1-137.

Monetta, A. M., 1995. Ischigualasto-Talampaya, tiempo de dinosaurios, time of dinosaurs. Manrique Zago, pp. 1-200.

Novas, F., 1998. Guía de los dinosaurios argentinos. Buenos Aires, pp. 1-25.

Pascual, R. (director), 1966. Paleontografía Bonaerense. IV. Vertebrata. Comisión de Investigación Científica de la Provincia de Buenos Aires, La Plata, pp. 1-202 + 101 láminas.

Paula Couto, C. de, 1979. Tratado de Paleomastozoología. Acad. Bras. de Cienc., Río de Janeiro, pp. 1-590.

Rusconi, C., 1967. Animales extinguidos de Mendoza y de la Argentina. Edición oficial, Mendoza, pp. 1-489 + 46 láminas.

Simpson, G. G., 1964. Evolución y geografía, historia de la fauna de América Latina. EUDEBA, Buenos Aires, pp. 1-87.

Tonni, E. P. y R. C. Pasquali, 1997. Fauna sudamericana, una historia de 65 millones de años. Provincia de Buenos Aires, pp. 1-79.

Tonni, E. P. y R. C. Pasquali, 1998. Mamíferos fósiles, cuando en la pampa vivían los gigantes. Provincia de Buenos Aires, pp. 1-48.

En las siguientes revistas argentinas de divulgación científica suelen publicarse artículos sobre paleontología:

Educación en Ciencias. Revista de la Universidad Nacional de General San Martín.

Ciencia Hoy. Revista de la Asociación Ciencia Hoy.

Museo. Revista de la Fundación Museo de La Plata Francisco Pascasio Moreno.

Ciencia e Investigación. Revista de la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias.

Las siguientes páginas web son recomendables para la consulta de profesores y alumnos:

http://www.argiropolis.com.ar/ameghino (Proyecto Ameghino de la Universidad Nacional de Quilmes).

http://www.macn.secyt.gov.ar (Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia).

http://www.cienciahoy.org (Ciencia Hoy).

http://www.apaleontologica.org.ar (Asociación Paleontológica Argentina).

http://www.157.92.20.135/aga/raga.htm (Asociación Geológica Argentina).

http://www.paleolatina.com.ar (Paleolatina).

INSTITUCIONES RELACIONADAS CON LA PALEONTOLOGÍA:

Las instituciones argentinas relacionadas con la paleontología son principalmente las siguientes:

Museos nacionales, provinciales y municipales de ciencias naturales o de paleontología en particular.
Asociación Paleontológica Argentina. Maipú 645, primer piso (1006) Capital Federal.
Asociación Geológica Argentina. Maipú 645, primer piso (1006) Capital Federal.
Algunas Universidades.

Trabajo publicado en las Memorias de las V Jornadas Nacionales de Enseñanza de la Biología, reali- zadas del 10 al 13 de octubre de 2001 en Posadas, Provincia de Misiones, República Argentina.

  
 
 
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