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ARTÍCULO

 
Los que se fueron para no volver...

LOS VERTEBRADOS EXTINTOS POR ACCIÓN DEL HOMBRE Y 
EL EJEMPLO EN NUESTRA FAUNA DEL ZORRO LOBO MALVINERO

Por Adrián GIACCHINO y Marcelo CARDILLO, 1998.

 

El estudio de la importancia de la acción del hombre sobre la extinción de especies y la modificación del medio ambiente ha cobrado gran importancia recientemente, enriqueciéndose con los valiosos aportes de diferentes disciplinas, como la arqueología, la palinología y la paleontología. Los nuevos alcances en las investigaciones han modificado nuestra visión sobre como las poblaciones humanas del pasado hicieron uso de los recursos naturales.

La acción humana sobre muchas especies es conocida desde la aparición del linaje Homínido, a partir de los más tempranos indicios de carroñeo hace unos 2 millones de años y claros indicios de caza hace unos 200.000 años, en el Paleolítico Medio. Las opiniones so-bre la incidencia humana en la fauna pleistocénica han sido y son muy variadas, especialmente en lo concerniente a la problemática de la extinción a finales del Pleistoceno en América. Algunos investi-gadores como Martin, han propuesto un modelo basado en el su-puesto de la existencia de caza especializada de megafauna y de un crecimiento poblacional humano rápido, que habría presionado fuer-temente sobre las poblaciones de gigantescos mamíferos hasta lle-varlas a la extinción. Sin embargo los datos apuntan más bien a que los grupos cazadores recolectores poseían una base de recursos muy amplias y se centraba, en gran medida, en mamíferos de tama-ño mediano y localización espacial definida. Más bien, los antiguos cazadores de finales del Pleistoceno pueden haber acelerado el proceso de extinción más que producirlo. Pues las evidencias aportadas des-de la paleontología indican que varios de los grupos de grandes mamíferos ya estaban por entonces de-clinando debido a otros factores. Lo cierto es que sí ha existido predación humana sobre la megafauna (caza y probablemente carroñeo), como lo atestiguan numerosos hallazgos arqueológicos.

En otros tiempos históricos, la ambición del hombre por la conquista de nuevas tierras y la corres-pondiente explotación de sus riquezas naturales ocasionaron profundas modificaciones en el medio lo que llevó a la extinción de especies, independientemente de su explotación intensiva, así ocurrió por ejemplo con la introducción de animales domésticos en las islas Galápagos.

La acción antrópica sobre fauna pleistocénica y reciente ha sido crítica principalmente en los ecosistemas de las islas, en donde las especies presentan adaptaciones muy particulares y distribuciones muy restrin-gidas, como era el caso de Raphus cucullatus (dodo) de la isla Mauricio, Dinornis torosus (moa grande pardusca) de Nueva Zelandia o diversas especies endémicas de las islas Galápagos. En el caso de la extinción de Dinornis torosus, por ejemplo, se discute si la desa-parición de la especie ha sido causada por la sobre explotación humana o como una consecuencia secundaria del desequilibrio ecoló-gico provocado por las actividades del hombre en la isla, sin embargo probablemente no sea el resultado de una u otra causa sino una com-binación de ambas. Otras especies como Thylacinus cynocephalus (tigre de Tasmania), cuyo último ejemplar murió en cautiverio a mediados de 1930 o Ectopistes migratorius (paloma migratoria), la cual desapareció en 1914, fueron extinguidas por matanza indiscriminada.

La modificación producida por poblaciones humanas incluyó además la alteración de las selvas tropicales sudamericanas por roza y quema desde mediados del Holoceno o antes aún y la deforestación de amplias zonas de Centroamérica desde el 2.000 A.P. como lo indican datos arqueológicos y palino-lógicos. De hecho, junto con la finalización del proceso de expansión humana hace unos 10.000 A.P. se alteraron definitivamente en mayor o menor medida todos los biomas de la tierra y la suerte corrida por los partícipes de esta interacción a respondido en cada caso a la combinación de múltiples factores particulares.

En los primeros años del próximo milenio cientos de especies habrán dejado de existir sobre la superficie de nuestro planeta para siempre. La identificación de las especies en peligro y las correspondientes me-didas a adoptar para evitar su extinción dependerán en gran parte del conocimiento en la dinámica de poblaciones.

La destrucción de ecosistemas completos que afecta en forma más crítica a las zonas tropicales del globo (regiones selváticas del sudeste Asiático, del centro de África y del Amazonas) atenta casi contra la mitad de las especies vivientes, las cuales encuentran en estas áreas, que sólo abarcan el 14% de la superficie terrestre, un majestuoso pa-raíso natural. Hoy en día la pérdida de organismos por la destrucción de las selvas tropicales podría ser similar a las extinciones en masa del pasado, pero la diferencia abrumadora con éstas radica en que la causa es el accionar de una única especie: la nuestra.

Principalmente las causas de las extinciones de especies están vinculas a la pérdida y circunscripción de los espacios naturales, a tra-vés del crecimiento urbano, la expansión agraria o las obras de infra-estructura (canales, represas, caminos) que restringen los hábitats de crecimiento y dispersión de las especies. Generando así barreras de aislamiento geográfico que atentan contra la viabilidad reproductiva de las poblaciones animales, al pro-ducir una reducción paulatina de la variabilidad genética.

El ejemplo en nuestra fauna del zorro-lobo malvinero

 

CLASE: Mammalia
         ORDEN: Carnivora
         FAMILIA: Canidae
         GÉNERO: Dusicyon
         ESPECIE: Dusicyon australis

 

El zorro, Dusicyon australis, que habitaba pastizales, turbales y costas del archipiélago malvinense ha desaparecido y para siempre. Según las crónicas de viajeros, algunos grabados y unos pocos ejemplares de museo, era semejante al zorro colorado: Dusicyon culpaeus. Con rasgos particulares como el tupido pelaje pardo-amarillento, el cuello y las patas amarillentas, el vientre, la garganta y los labios blancuzcos, una cola parda en el comienzo que se tornaba luego negruzca y finalmente terminaba en una mancha blanca, las orejas intensamente grises y externamente bayas y una longitud aproximada de 1,20 m (de ese largo total 90 cm correspondían a su cabeza y tronco y 30 cm a su cola). Su principal alimentación consistía en el conejo introducido, en el ganado ovino y en avutardas. En época invernal su dieta se com-plementaba con peces, pingüinos y pinípedos, según lo indican los restos encontrados en sus madrigueras, pero la duda radica en si los cazó o eran carroña de playa. En cuanto a sus compo-rtamientos son escasamente conocidos, se los ha descripto como nocturnos, diurnos, solitarios, feroces, curiosos y confiados. En cuanto a los nombres vernáculos que recibió encontramos: zorro lobo malvinero (lobo porque su tamaño duplicaba el de los zorros de Inglaterra), zorro de las islas, zorro isleño, zorro de las Malvinas, zorro antártico y "Uarrah" o "Warrah" (posiblemente de aguará, que en guaraní quiere decir zorro y que pudo ser incorporado por criollos que visitaron las islas o bien una alusión onomatopéyica a su ladrido).

La poca información que se puede recopilar sobre esta especie ya extinta procede de las observaciones realizadas por viajeros naturalistas como Gray, Strong, Burney, Low, Cook, Fitz Roy, Pernetty, Bou-gainville, y Byron. También el propio Darwin hizo referencia a este mamífero en su diario de viajes:

"El único cuadrúpedo indígena de la isla es un zorro grande que se parece al lobo; es común tanto en la parte oriental como en la occidental de las islas Falkland. Creo que no hay motivo para dudar que sea ésta una especie par-ticular, limitada a ese archipiélago, aún cuando muchos pescadores de focas, gauchos e indios que han visitado esas islas me han afirmado que no se encuentra ningún animal parecido en parte alguna de la América meridional. Molina, basándose en una semejanza de costumbres, ha creído que ese animal era análogo a su Culpeu; pero he visto a los dos animales y son por completo diferentes. Los relatos que hace Byron de la timidez y de la curio-sidad de esos lobos, que los marineros tomaban por ferocidad y les hacía echarse al agua para evitarlos, los han hecho conocer bien. Sus costumbres son aún las mismas. Se les ha visto entrar en una tienda y quitar de ella la carne que guardaba debajo de la cabeza un marinero dormido. Los gauchos les dan muerte con frecuencia de noche, y para lograrlo, les ofrecen un trozo de carne con una mano mientras que en la otra tienen un cuchillo para herirles con él cuando se acerquen. No sé de otra tierra en el mundo, tan exigua y tan lejana de un Continente, que posea un cuadrúpedo aborigen tan grande y que le sea particular. Pero el número de esos lobos disminuye con rapidez; han desaparecido ya de la mitad de la isla que se encuentra al oriente de la lengua de tierra que se extiende entre la bahía de San Salva-dor y el estrecho de Berkeley. Dentro de algunos años, cuando estas islas estén habitadas, sin duda a ese zorro se le podría clasificar, como al dódo, entre los animales desaparecidos de la superficie de la Tierra" (17 de mayo de 1834).

Pese a lo abundante que fue en el siglo pasado lo único que hoy nos queda de esta especie son sólo recuerdos en algunos museos, como los dos ejemplares taxidermizados, las seis pieles rellenas, los on-ce cráneos y las dos mandíbulas que se encuentran dispersados entre: el British Museum of Natural History, Naturhistoriska Riksmuseet (Stockoholm), el Institut Royal des Sciences Naturelles de Belgique (Bruselas), la Academy of Natural Sciences (Philadelphia), el Rijksmuseum van Naturlijke Historie (Leiden) y el Museum of Royal College of Surgeons (Londres) y con respecto a los restos que encon-traban en el Museo de Historia Natural de París al parecer se han extraviado. En lo que a los museos ar-gentinos se refiere no se conserva en ellos ni un solo ejemplar, (ver Bertonatti, 1993).

Las primeras menciones de su existencia las brinda el inglés Richard Simson, del buque Welfare, allá por el año 1689 y referencias posteriores (1765) aseguran que la población de zorros era sumamente numerosa a tal punto que se la catalogó de "plaga". Sin embargo, cuando Darwin visitó las islas predijo con sus propias palabras el destino que correría el zorro-lobo malvinero: "pienso, sin dudar, que como están siendo colonizadas estas islas, antes que se arruine el papel en que figura este animal, habrá que listarlo junto con esas especies que han desaparecido de la tierra" y ya a mediados del siglo XIX no era frecuente observarlo.

En 1845 habría arribado a Londres un ejemplar destinado a ser exhibido en el zoológico de dicha ciudad. Para 1968 se envió una pareja, pero uno de ellos murió en el trayecto, la misma suerte corrió otra pareja enviada dos años más tarde.

La colonización de las islas trajo el ganado (en 1860) y el zorro-lobo malvinero lo incorporó en su dieta habitual. Como era de esperar los colonos los cazaron indiscriminadamente e incluso se llegó a pagar una libra esterlina por cabeza. Su captura también fue requerida hacia 1839 por la industria peletera estadounidense a través de la compañía de John J. Astor, que actuaba como mediadora en el comercio. Charles Darwin observó a los gauchos malvineros ofrecerles carne con una mano y con la otra empuñarles el facón. Según Bougainville era bastante común que los colonos los domesticaran desde cachorros.

Su destino estaba echado, exterminado por los ganaderos escoceses, desapareció en 1873 de la isla Gran Malvina y tres años más tarde de la isla Soledad. No obstante existen diversos testimonios que aseguran que tiempo después aún quedaba algún ejemplar domesticado en Patagonia. Uno de esos tes-timonios es el de los pobladores de Comandante Luis Piedra Buena de la provincia de Santa Cruz, según los cuales existió allí un espécimen que había sido regalado por los tripulantes de una goleta lobera a los habitantes de la isla Pavón en el verano de 1875 y que en un atardecer del mes de abril de 1876 se habría lanzado al río Santa Cruz sin dejar rastro alguno. Otro es el de Lobodón Garra, quien comentaba que aún en 1930 todavía existía un zorro malvinero que se mantuvo en cautiverio en la península Dumas, Tierra del Fuego.

Problemática actual sobre la ubicación sistemática y el origen del zorro-lobo malvinero

Según el mastozoólogo inglés Olfield Thomas, los zorros que poblaban cada una de las dos grandes islas del archipiélago malvinense correspondían a dos subespecies distintas: Dusicyon australis aus-tralis (Kerr, 1792) que habitaba la isla Gran Malvina y Dusicyon australis darwinii (Thomas,1914) que habitaba la isla Soledad. Los individuos de la isla Gran Malvina eran al parecer más pequeños y de un pe-laje más claro con tinte rojizo.

Para algunos autores el zorro malvinero habría sido una especie insular del género Dusicyon que incluiría a otras especies similares de Sudamérica. Berta en 1987, sostiene en cambio que el género Dusicyon debe reservarse exclusivamente para esta especie. Los que sostienen esta última postura suelen emple-ar el género Pseudalopex para las especies cercanas.

También se ha sugerido la posibilidad de que fuera una especie próxima al perro doméstico, lo cual parecería bastante poco probable, ya que además de diferencias morfológicas, faltan evidencias arqueo-lógicas que demuestren la presencia humana en el archipiélago durante tiempos prehistóricos. Sin em-bargo Cutton-Brock, Colbert y Hills, en 1976, incluyeron en el género Dusicyon todas las especies que otros autores ubican en los géneros Lycalopex, Pseudalopex, Dusicyon, Cerdocyon y Atelocynus, y discutieron la posibilidad de que Dusicyon australis sea una especie muy cercana a Canis familiaris. Según los autores, el zorro malvinero era tan cercano a Canis como a Pseudalopex. Langguth (en 1975) y posteriormente Van Gelder (en 1978) consideraron a Dusicyon como un subgénero de Canis que sólo incluye a Dusicyon australis.

La presencia del Dusicyon australis en las islas Malvinas, situadas a 400 kilómetros del continente, es aún hoy, una incógnita. Se han sugerido numerosas hipótesis para explicar su arribo al archipiélago, desde su ingreso por un puente que habría unido el continente con las islas durante el Pleistoceno hasta su llegada como animal doméstico de antiguos grupos de canoeros magallánicos.

Cutton-Brock, Colbert y Hills (1976) propusieron que Dusicyon australis fue introducido en las islas por grupos humanos que los tenían como animales domésticos. Recientemente, en 1998, Buckland y Edwards han retomado esta hipótesis en su trabajo "Palaeoecological Evidence for Possible Pre-Euro-pean Settlement in the Falkland islands". Esta explicación parecería, en una primera instancia, la más convincente. No obstante hasta el presente son muy reducidas las evidencias arqueológicas halladas en islas Malvinas como para responder los múltiples interrogantes que han surgido de la formulación de esta hipótesis, como por ejemplo: cuantos individuos tendrían que haber ingresado como animales domés-ticos para poblar las islas; cuantas veces los grupos canoeros tendrían que haber visitado el archipiélago para introducir una cantidad suficiente de individuos, (habría bastado con unos pocos arribos más bien ocasionales o la visita a las islas habría sido con cierta frecuencia); y sería posible que en tan poco tiempo pudieran haber adquirido diferencias morfológicas significativas para que los especialistas lo dis-tinguieran de las especies de zorros que habitan el continente.

Para tomar conciencia

Actualmente, en la Argentina, numerosas especies corren peligro de extinción o se encuentran cada vez más circunscriptas a hábitats marginales como Panthera onca (yaguareté), Hippocamelus antisensis (taruca o huemul del norte), Pudu puda (pudu), Ozotoceros bezoarticus (venado de las pampas) y Priodontes maximus (tatú carreta), entre muchas otras. El futuro de la variabilidad animal y vegetal en la Argentina dependerá de la implementación de políticas pertinentes que apunten a la protección de los espacios naturales.

Por suerte se observa en el presente un mayor interés en cuestiones vinculadas a la conservación de la Naturaleza, como por ejemplo el creciente turismo ecológico, la aparición de numerosas entidades ecolo-gistas que ofrecen variados servicios, la realización de safaris y la observación de aves, la producción de documentales y la publicación de revistas sobre la vida salvaje, así como también la venta de una gran cantidad de artículos con motivos ecologistas. No obstante estamos recién comenzando a tomar con-ciencia que al atentar contra el medio ambiente estamos destruyendo lo que es hasta el día de hoy nuestro único hogar.

En este momento de la historia en que la humanidad parece contar con nuevas perspectivas para el estudio de la vida e incluso estar a un paso de conquistar otros rincones de nuestro Sistema Solar, parece ilógico que muchos de los seres vivos estén desapareciendo antes de que el hombre los llegue a descubrir.

Finalmente debemos ser consientes de que las futuras generaciones tienen el derecho a disfrutar la diver-sidad biológica y gozar de los beneficios de su moderada explotación.

Algunos de los vertebrados extintos por acción del hombre.
Tabla sistemática de vertebrados extintos por la acción directa o indirecta del ser humano.
Por Adrián Giacchino y Marcelo Cardillo.
 
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