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EL
POBLAMIENTO DEL CONTINENTE AMERICANO
Los primeros pobladores
Los primeros pobladores de
la Patagonia eran pequeñas unidades familiares denominadas “bandas”, las cuales
podrían haber estado compuestas de un máximo de treinta individuos (1). Muchas
bandas coexis-tieron y se movieron explorando este nuevo territorio; habrían
ingresado a América desde Siberia durante las últimas fluctuaciones climáticas
del Pleistoceno Tardío. Los avances glaciales redujeron el nivel de los mares y
crearon un puente en el estrecho de Bering que unió Asia y América. Por este
camino, deno-minado puente de Beringia, ingresaron bandas de
cazadores-recolectores desde Siberia. Este puente pudo haber estado disponible
al menos tres veces en los últimos 100.000 años, pero solo habrían podido los
seres humanos ingresar más allá del territorio actual de Alaska a partir de
25.000 años atrás, cuando se derritieron los grandes macizos de hielos
denominados Americano y Laurentino que cubrían las actua-les Canadá y el sector
norte de Estados Unidos.
Luego de su ingreso al hemisferio sur se dispersaron rápidamente por las regiones pampeana y
pata-gónica, donde convivieron asiduamente con una fauna autóctona fantástica,
hoy extinta, los “megama-míferos”, animales gigantescos de hasta seis toneladas
de peso. Estas primeras bandas fueron deno-minadas paleoindias, y se
caracterizaron por su tecnología eficiente, compuesta por cabezales de piedra o
puntas denominadas “cola de pez”. Para ese entonces no existía el arco, así que
se supone que estos cabezales exquisitamente tallados y letales, eran
propulsados en forma de lanza o con un venablo o propulsor de madera con un
gancho en su extremo para sostener el dardo o la lanza, otorgándole mayor
trayectoria al brazo y por lo tanto, mayor fuerza. Las presas de los paleoindios
eran principalmente el ca-ballo americano y el guanaco junto a fauna menor y,
ocasionalmente, megamamíferos. Prueba de ello es que los arqueólogos han
encontrado restos de milodontes y gliptodontes con huellas de corte y quema-duras
producto del procesamiento humano para su consumo.
1. El tamaño
aproximado de las bandas es estimado por los arqueólogos por medio de la
comparación etnográfica. Es decir, que observan el número y la composición de
sociedades indígenas actuales e históricas en un contexto similar y realizan
analogías a partir de dichas observaciones.
El poblamiento de la
Patagonia
El poblamiento de la
Patagonia tiene una antigüedad aproximada de 13.000 años antes del presente. Sin
embargo esta antigüedad podría ser superior, ya que las evidencias encontradas
para esta fecha, mues-tran la presencia de pequeños grupos humanos utilizando los
recursos naturales y explotando su am-biente de una manera eficiente, lo que
significa que ya habían atravesado un proceso de adaptación pre-via.
LOS PALEOINDIOS
Los paleoindios parecen
haber ocupado intensamente el área interserrana bonaerense y con menor
frecuencia o redundancia se los encuentra en el territorio patagónico. Los
principales yacimientos que nos proporcionan información sobre ellos se
encuentran en Santa Cruz y Tierra del Fuego, aunque evidencias de su presencia
se han registrado también en Neuquén y Río Negro, principalmente por el ha-llazgo
de puntas cola de pez.
Sobre sus actividades, sólo
conocemos las que realizaron dentro de algunas cuevas que utilizaron como
refugio donde repararon sus herramientas y procesaron y consumieron las presas
cazadas.
A estos primeros pobladores
o sus descendientes inmediatos se les atribuye las pictografías de la Cueva de
las Manos (cañadón del Río Pinturas, Santa Cruz), las más naturalistas y
monumentales de la Pata-gonia, que fueron declaradas patrimonio de la humanidad
por la UNESCO en 1999. Estas pictogra-fías consisten en grandes paneles
multicolores de positivos de manos y fantásticas escenas de caza colectiva de
guanacos.
LOS CAZADORES-RECOLECTORES DE LA PATAGONIA
Una de las características
de las sociedades originarias de la Patagonia es que su sistema económico se
organizó alrededor de la apropiación de los recursos naturales en lugar de
producirlos. A este sistema económico, y también social, se lo denomina
cazador-recolector. A diferencia de otras regiones del terri-torio argentino, el
sistema económico basado en la apropiación de los recursos naturales fue tan
exitoso que perduró hasta épocas históricas, incluso del siglo XX y sólo fue
abandonado por imposición del Es-tado Nacional. En el territorio norpatagónico,
principalmente en el sur de Neuquén y alrededores del lago Nahuel Huapi en Río
Negro, sectores tradicionalmente vinculados durante el último milenio con el
mundo transcordillerano, practicaron en forma muy tardía la agricultura.
El éxito de este sistema
económico se basa en el gran equilibrio que tuvieron las bandas
cazadoras-re-colectoras con su ambiente. No todas las bandas tomaron (en
ocasiones) las decisiones acertadas para garantizar su supervivencia, para el
acceso a elementos básicos de su subsistencia.
Las sociedades originarias
que conocemos históricamente en la Patagonia son sin duda las que tomaron las
decisiones correctas, las que supieron que ambientes eran los adecuados para
sobrevivir, los que de-fendieron este territorio frente a los competidores, los
que encontraron la mejor manera de aprovechar su paisaje organizando su
tecnología en forma especializada para explotar de la forma más óptima los
recursos de su ambiente, los que mantuvieron además una cierta flexibilidad
tecnológica y económica para hacer frente a los cambios que ha sufrido la oferta
de recursos naturales y el clima en los últimos 10.000 años.
Los que no tomaron las
decisiones correctas, no prosperaron. Sin embargo, muchos de los artefactos o
herramientas, pinturas rupestres, etc. que podemos hoy contemplar pueden ser su
legado, testimonio de su paso por esta tierra hermosa, pero que no perdona
desaciertos.
El que determina quién tomó
las mejores decisiones es sin duda el ambiente, la naturaleza y sus capri-chos.
Pero para que estos sistemas económicos adecuados perdurasen fue necesario
redefinirlos y recrearlos constantemente a través de pautas sociales como la
tradición. Los aspectos sociales jugaron entonces un papel tan importante como
el ambiental. Se alimentaron mutuamente y modelaron muchas de las singulares
características de nuestros indígenas patagónicos.
El arte
El arte estuvo presente
durante todo el tiempo. Se han encontrado cuentas de collares confeccionados con
piedras semipreciosas, dientes de carnívoros y valvas de moluscos. Las pinturas
rupestres más antiguas tienen casi 10.000 años y se componen de escenas de caza
colectiva de guanacos, ñandúes y danzantes, además de los famosos positivos de
manos policromos. Las representaciones geométricas escalonadas son recurrentes
en el arte rupestre y el grabado de utensilios utilitarios y ornamentales.
Pinturas rupestres
Tradicionalmente se han
discriminado estilos por criterios morfológicos y técnicos, distinguiendo siete
entidades: negativos, escenas, pisadas, paralelas, grecas, miniaturas y símbolos
complicados.
El estilo de “negativos”
está compuesto de manos en pintura negativa. El estilo “escenas” se caracteriza
por representaciones naturalistas de caza, danza y guanacos. El estilo “pisadas”
presenta la predo-minancia de huellas de ñandúes, felinos, guanacos y hombres
acompañados de círculos y líneas. Este estilo introduce el grabado como
innovación tecnológica. El estilo “paralelas” es ejecutado mediante la técnica
de grabado y se compone de líneas quebradas y ondulantes, elemento antropomorfos
y zoo-morfos. El estilo de “grecas” está compuesto de motivos geométrico-lineales
ornamentales de trazo pre-ciso mayoritariamente en rojo oscuro (triángulos,
rectángulos, cruces, círculos, laberintos, etc). El estilo “miniaturas”
corresponde a pequeños motivos de líneas onduladas, escalonadas y almenadas
pintados. Finalmente, dentro de los símbolos complejos se encuentran grabados y
pinturas con representaciones geométricas, rastros de ñandúes y figuras
antropomorfas.
Tecnología
La tecnología de las
sociedades originarias de la Patagonia consistía en especializarse en la caza y
el procesamiento de las presas. Se basó primordialmente en la piedra como
materia prima; en menor me-dida el hueso, y luego la madera
(2).
Los cazadores del continente
tallaron hábilmente rocas de fractura isotrópica aptas para fabricar
herra-mientas, como las diferentes variedades de sílices, el basalto, la
obsidiana, la madera petrificada, etc.
El equipo de herramientas fue muy especializado: en un
principio, compuesto de artefactos bifaciales como cuchillos y puntas cola de
pescado. Las siguientes poblaciones se adaptaron a la explotación de los
diferentes nichos, utilizaron las materias primas locales y la fauna
característica de forma especia-lizada dando como resultado una gran variedad de
formas de puntas de proyectil, predominando las triangulares y lanceoladas,
asociadas a bolas de boleadora, las cuales predominaron por milenios aso-ciadas a
una tecnología muy eficiente en términos de productividad llamada “tecnología de
hojas”. Du-rante los últimos tres mil años la tecnología se caracterizó por la
presencia de raspadores de cuero como instrumento predominante, asociado a bolas
de boleadora y puntas algo más pequeñas, las que desde los últimos dos mil años
estandarizaron su forma y presentaron un pedúnculo destacado para ser engar-zados
en astiles. Estos cabezales o puntas de proyectil fueron propulsados por un
novedoso desarrollo tecnológico “el arco”, que les permitió cazar a mayor
distancia y con muy buena precisión. Los cabeza-les mencionados previamente
fueron propulsados engarzados en un astil como lanza o como dardo con una
jabalina o venablo.
Otro desarrollo o innovación tecnológica importante del
segundo milenio antes del presente fue la tecno-logía cerámica, asociada
generalmente a una movilidad más acotada, al acopio de recursos para su consumo
diferido espacial y temporalmente, y al mayor aprovechamiento de los alimentos.
En Tierra del Fuego, la
especialización tecnológica en la pesca tuvo una trayectoria diferente y
estimuló el uso de otras materias primas como los arpones de huesos de ballena y
pinnípedos, las herramientas de caparazón de moluscos, las embarcaciones de
corteza de árbol y los recipientes de fibra vegetal.
En la costa del sector continental se utilizaron bolas con
apéndices o estrelladas atadas con tendones o cueros para ser empleadas como
rompecabezas en las playas habitadas por lobos marinos.
2.
Tomado del libro: Alberto
Pérez, 2005. Patagonia, sus sociedades originarias. Editorial Jorge Rossi y
Fundación de Historia Natural Félix de Azara.
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