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ARTÍCULO

 

LOS HUMEDALES DEL DEPARTAMENTO DE ÑEEMBUCÚ (PARAGUAY)

Por Andrés Oscar CONTRERAS, 2000.

 
El departamento de Ñeembucú situado en el sudoeste de la región oriental del Paraguay, cuenta con 1.214.700 hectáreas y una población de más de 70.000 habitantes. Su paisaje se caracteriza por el marcado predominio de las formaciones llamadas humedales, que cubren más del 70% de su superficie, al igual que en las zonas vecinas de los departamentos de Paraguarí, Misiones y Central, donde hay profusión de esteros, bañados, cañadas, lagunas, arroyos, ríos con valles y grandes extensiones de aguas lénticas como los lagos Ypoá y Verá.

La eco-región del Ñeembucú, es una zona muy típica de las áreas subtropicales que se carac- terizan por ser el agua el modulador fundamental de sus cambios, de sus variaciones estacionales y de sus características biológicas y ecológicas. Al contrario de lo que ocurre en zonas secas, montañosas, serranas o en el chaco boreal o en otros departamentos del Paraguay, como el de Cordillera o Guairá, donde hay un relieve monta- ñoso, el Ñeembucú, es una especie de llanura con lomadas arenosas, que cuenta con una gran cantidad de cuerpos o vías de agua pequeñas y grandes, es decir, arroyos y riachos que se es- tancan y van vertiendo lentamente el agua que los llena en las épocas lluviosas en forma regulada, para que al final salga por las grandes vías de escurrimiento que son los ríos Paraná y Para- guay.

Este proceso lento del escurrimiento del agua caracteriza a la región y se asemeja a una gigantesca esponja, que trabaja regulando las formas de vida que se sustentan justamente en esos suelos característicos y en esas condiciones de humedad fluctuantes. Esto ha dado lugar al génesis de un paisaje muy particular, que se caracteriza o caracterizaba cuando todavía era un paisaje natural. Entendemos por paisaje natural aquél en que el hombre es una parte integrante de la naturaleza, y vive en equilibrio con ella, como ocurrió en la época de los indígenas. A partir de la conquista, el paisaje comenzó a transformarse de natural a antropógeno, es decir el hombre predomina sobre la naturaleza y lo modifica a su antojo.

Afortunadamente, el departamento de Ñeembucú, conserva muchos de los rasgos del paisaje natural. A pesar de haber sido depredada gran parte de su riqueza forestal, la baja densidad humana, la no implementación de cultivos inten- sivos y la forma de ordenamiento de la tierra, en el que todavía hay grandes extensiones sin parce- lamiento, han permitido que conservemos bas- tantes reminiscencias del paisaje, que caracte- rizaba a esta zona antes del asentamiento de las poblaciones humanas, que crecientes, van ocu- pando todo el territorio. El sistema de riachos y arroyos, que conectan lagunas, cañadas, esteros, bañados, madrejones y, que van provocando len- tamente su desagüe, son un sistema de cuerpos de agua, que dan lugar a formas muy variadas en el paisaje. Entre medio de los cursos de agua nos encontramos con altos que técnicamente son interfluvios y que están ocupados por sabana abierta, por grandes pajonales o por los llamados malezales, zonas donde hay pequeños montículos. También hay isletas de monte, que se transforman en grandes islas, y en algunos casos, subsisten formas selváticas, como las que caracterizaban a esta región hace 4.000 años, antes que el clima se volviera como el actual, más frío y seco.

En los cuerpos de agua podemos notar la existencia de embalsados. Éstos son un fenómeno típicamente americano y se caracterizan por la presencia de verdaderas islas flotantes construidas por una enorme masa de materia orgánica y polvo, entrelazada por raíces, ramas y tallos vivos y muertos de plantas, que va creciendo y ganando espesor. Estos embalsados se parten como los témpanos, en trozos y flotan. Los vientos los hacen moverse y derivar de un lado a otro, pero tienen una función primordial que, llevados por el agua que corre, se estancan por algún impedimento, cerca de las salientes de las cañadas, lagunas o arroyos, y actúan como un tapón. Son un regulador natural, porque cuando el agua baja, los embalsados tocan fondo y de esa forma, como diques naturales, hacen que el agua no se vaya, de modo que mantienen, el bosque vivo, los palmares, los campos fértiles y la vegetación herbácea. Gracias al efecto de los embalsados, como diques naturales, hay una gran variedad y diversidad de especies vegetales y animales, y de paisajes en todo el departamento de Ñeembucú.

  
 
 
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