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ARTÍCULO

 

EL GUACAMAYO VIOLÁCEO O AZUL

Por Adrián GIACCHINO, 1999.

 

"Probablemente extinto, a pesar de que fue abundante en otros tiempos. Sólo 3 registros en el siglo XX. Hay remotas posibilidades de que aún hoy subsista en selvas marginales de ríos no navegables".

Nores e Yzurieta.

Clasificación

Clase: Aves.
           Orden: Psittaciformes.
           Familia: Psittacidas.
           Nombre científico: Andorhynchus glaucus (Vieillot, 1816).

Nombres vulgares: Guambá-hovíg o guaá-hov (guaraní), guacamayo celeste, ara azul, arará, arapachá o araracá (guaraní), arará celeste, arará azul pequeño.

Estatus internacional: en peligro (próximo a ser extinguido).

Estatus nacional: en peligro (presuntamente extinguido).

C.I.P.A.: amenazada.

Cites: I.

Características anatómicas y morfológicas

Este psittácido constituye el representante más austral del género Ano-dorhynchus. El mismo estaba originalmente integrado por otras 4 especies: Anodorhynchus purpurascens y A. coeruleus (especies ya extinguidas que habrían habitado las islas Guadalupe y Jamaica en las Antillas), A. leari (restringido al Raso de Catarina en el nordeste del Brasil) y A. hya-cinthinus (ampliamente distribuida en el centro de Sudamérica). Nuestra especie se caracteriza por su menor tamaño (68 a 74 centímetros de largo total) y diferencias de tonalidades en la coloración del plumaje que era predominantemente azul verdoso con un matiz grisáceo en la cabeza y el cuello y un tinte algo parduzco sobre la cara, la garganta y la parte superior del cuello. Según algunos autores la coloración de la garganta tiende al ne-gruzco, el abdomen es verdoso y las cobijas internas del ala son negro se-pias. Bien contrastante resulta la zona periocular desnuda y la mancha de la base de la mandíbula amarillo-cromo pálida, al igual que una faja angosta que la bordea. El pico es bien grande y robusto de 65 a 70 milímetros, de color negro, igual que el iris, los tarsos y los párpados. Sería en su aspecto muy similar a Anodorhynchus leari pero algo más claro. La cola para algu-nos autores llegaría aproximadamente a los 40 centímetros de largo, con plumas rectrices centrales de hasta 39,5 centímetros. No obstante su asombroso parecido, actualmente algunos autores tienden a considerar que ambos guacamayos constituyen una superespecie.

Hábitat

En cuanto al hábitat de la especie se han señalado áreas de parque con isletas de monte, rodeadas de pajonales y esteros o las zonas con palmares cerca de ríos con barrancas pronunciadas. Según Olrog (1984) sería típico de las sabanas y bosques de pino paraná (Araucaria angustifolia).

Distribución

Su distribución original abarcaba, según la poca información el este del Paraguay, el sur de Brasil (estados de Santa Catarina y Río Grande do Sul), el nordeste argentino (sur de Misiones, norte y centro de Corrientes hasta los esteros Batel y, probablemente, este del Chaco), y el norte de Uruguay (depar-tamentos de Artigas).

Características etológicas y ecológicas

Según Azara (1805) la especie excavaría cuevas en las barrancas de los ríos o en los tronco de árboles secos donde depositaría 2 huevos. Sobre sus costumbres es muy poco lo que se conoce. De Moussy (1860) la halló muy asociada a los palmares de yatay, donde además se alimentaban. Orfila (1936) la considera en cautiverio como poco sociable sin ser arisco y destaca que se irritan enseguida, atacan a picotazos cuando se los alimenta, son silenciosos y reposados por lo general durante largos ratos. Por lo contrario Sánchez Labrador (1767) la considera una especie muy mansa e inteligente al domesticarse, y relata las increíbles habilidades casi humanas de un ejemplar que vivió algún tiempo en la reducción de La Concepción de Nuestra Señora. También tiene esta especie fama de glotona y se cree que su nombre guaraní es arapacha que significaría "el que está todo el día hartándose" (de ara, día, tiempo y pachi harto).

Situación

La especie fue bautizada por la ciencia en 1816 por Vieillot en base a la descripción que hace de él Azara (1805) quien lo denomina "el azul" aclarando que "todo el resto sin excepción es celeste encima y lo mismo debajo, aunque menos vivo, pero en la oposición de la luz cambia en verde mar" de allí que Vieillot lo denomina glaucus recordando aquella coloración. Azara cuenta que había observado este guacamayo en parejas entre los 27º y 30º de latitud sur y no más al norte pero aclara que tenía referencias que por el sur llegaba hasta los 33,5º (sur de Entre Ríos). Debido a esto la localidad típica de la especie fue fijada años más tarde en los alrededores de la ciudad de Corrientes.

El naturalista francés Alcides D’Orbigny (1835) habla en distintas oportunidades sobre esta especie al visitar la provincia de Corrientes y la reconoce con el nombre guaraní de araracá. La localidad más austral la encuentra al parece en el Rincón de Batel (Departamento San Roque y Concepción) en el centro-oeste de la provincia litoraleña, en 1827. También la observó en los alrededores de la ciudad de Corrientes y en la proximidad de Itá-Ibaté, remontando el río Paraná (en esta última localidad en compañía de Ara chloroptera). Alcides D’Orbigny llega inclusive a probar la carne de la especie: "tan coriácea que no podía comerla". De Moussy (1860) la halló en Corrientes donde la vio alimentándose del yatay (Butia yatay) a mediados del siglo pasado.

Con anterioridad a las menciones de estos naturalistas el padre jesuita José Sánchez Labrador (1767) se refiere a ella diciendo: "hay muchísimas de estas aves en los bosques de la orilla oriental del río Uruguay; en las selvas del río Paraguay se ven raras".

Fontana (1881) señala al Ara glauca para el Chaco sin dar datos concretos. En el Paraguay se conoce su existencia no sólo por los datos de Azara y Sánchez Labrador, sino también por los ejemplares del Museo Británico de Historia Natural; los dos ejemplares del Museo de Historia Natural de Nueva York que llegaron desde el Paraguay al Zoológico de Londres en 1886 y 1898 respectivamente; y los dos ejemplares del Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia" que pudo consultar Orfila (1936). En el Museo de Historia Natural de París se conserva además un ejemplar procedente de Corrientes (probablemente colectado por D’Orbigny).

En 1895 Eduardo Ladislao Holmberg consideraba a esta especie como rara para la Argentina. En Brasil, Sick (1985) no pudo hallar registros de la especie en la zona del río Paraná y los únicos registros que señala son los de Sellow, quien manifestó que entre diciembre y enero de 1823 y 1824 una arará azul nidificó en los paredones del puerto Caçapava (Río Grande do Sul) y el de Saint Hilarie quien hace refe-rencia a un arará pequeño de plumaje azulado en Santa Catarina (1820) y que podría ser esta especie.

Según Orfila el ejemplar existente por 1936 en el Zoológico de Buenos Aires y al que llegó a fotografiar podría provenir de Brasil. Recientemente Andrés Contreras refiriéndose a la especie en Corrientes señaló: "hablando con ancianos pobladores de Las Lomas, todavía recuerdan haber visto algunos a principios de siglo. Debo a Don Félix Contreras González referencia a la presencia de algún ejemplar en los bosques del Riachuelo entre 1900 y 1910".

Sota (1937) lo señaló para Paraná en Brasil y el departamento Artigas en Uruguay, país en el cual Orfila dudaba de su existencia. Según Nores e Yzurieta en el norte de dicho país Raúl Vaz-Ferreira habría efectuado el último registro visual de la especie en libertad en el año 1950.

Habiendo transcurrido más de 40 años sin noticias de la especie, tanto Sick como Nores e Yzurieta y Orlog consideraron que el guacamayo azul podría estar virtualmente extinguido. Se cree que el aumento de la navegación y el poblamiento de las costas del Paraná donde se alzan entre otras las ciudades de Resistencia, Corrientes y Posadas y las del alto Uruguay lo habrían privado de áreas tranquilas aptas para la nidificación. También la caza debe haber tenido un impacto significativo debido a su aspecto y su tamaño imponente. La extracción de pichones para criarlos como mascotas es de antigua data, evidenciada ya por Sánchez Labrador en la época de las reducciones jesuíticas y fomentada hasta fines del siglo XIX con el envío de ejemplares para los zoológicos del viejo mundo. Dos guacamayos violáceos llegaron al Zoológico de Londres en 1886 y 1898 (éste último murió en 1912, tras 14 años en cautiverio). El Zoológico de Ámsterdam también tuvo sus ejemplares, se cuenta con registros de uno muerto en 1862, otro adquirido en 1863 y muerto en 1867, y un tercero que llegó al zoológico en 1868. El Zoológico de Berlín por su parte tuvo entre sus pensionistas un guacamayo azul en 1892.

Los últimos ejemplares en cautiverio conocidos fueron el observado por Jean Delacour entre 1895 y 1905 en el "Jardín D’aclamatation" de París y el que estudió y fotografió Orfila en la década de 1930 en el Zoo-lógico de Buenos Aires. No hay registros recientes de animales cautivos aunque Sick (1985) sospecha que en algunos círculos pequeños de coleccionistas de aves podrían existir ejemplares confundidos pro-bablemente con otras especies vivientes de Anodorhynchus. El mismo autor dice haber conocido un rumor sobre un ejemplar que apareció en los círculos comerciales en 1979, pero no pudo confirmarlo.

Otro posible argumento para explicar la declinación de esta especie podría hallarse en alguna epizootia (Ridgely, 1980) del mismo modo que habría ocurrido con la cotorra de Carolina (Conuropsis carolinesis) o bien según Sick (1985) por problemas genéticos en una población ya disminuida. En Brasil figura en la lista oficial de especies amenazadas como probablemente extinguida.

Si bien Nores, Yzurieta y otros ornitólogos que visitaron recientemente el nordeste argentino no han podido hallar indicios de su presencia, no debemos claudicar en la búsqueda de alguna población relic-tual, menos después del redescubrimiento reciente en estado silvestre de su pariente cercano el guacamayo índigo o cariamarillo (Anodorhynchus leari) clasificado en 1856 por Bonaparte en base a un ejemplar cautivo que llegó a Europa y a unos pocos ejemplares comercializados que arribaron pos-teriormente al mismo continente y a algunos mercados de Brasil. Recién en la década de 1970 Sick y Texeira (1983) lograron encontrar su terra typica en el Raso de Catarina en el nordeste del Estado bra-sileño de Bahía. Allí las aves nidifican en barrancones rocosos y viven en bandadas alimentándose especialmente de los frutos de la palmera licuri (Syagrus coronata) en un área de vegetación netamente serófila.

Según algunos autores la proximidad morfológica de Anodorhynchus leari y Anodorhynchus glaucus obligaría a considerarlas como una superespecie constituyendo ambas especies poblaciones relictuales distintas, distanciadas entre sí por varios kilómetros donde existiría su congénere algo más diferente: Anodorhynchus hyacinthinus.

Bibliografía complementaria:

ANÓNIMO, 1984. Contrabando de Araras brasileiras. Fund. Bras. Conserv. Natur. Inf. 8 (2): 5. Río de Janeiro, Brasil.

ANÓNIMO, 1987. La devolución de 19 guacamayos pide Brasil. Diario La Nación, 12 de octubre de 1987. Buenos Aires, Argentina.

ANÓNIMO, 1987. Devolverán los 19 guacamayos que reclamó Brasil. Diario La Nación, 14 de octubre de 1987. Buenos Aires, Argentina.

CHEBEZ, J.C., 1986. Nuestras aves amenazadas. 12. El guacamayo violáceo (Anodorhynchus glaucus). Nuestras Aves 4 (9): 17-20. Asociación Ornitológica del Plata. Buenos Aires, Argentina.

CHEBEZ, J.C., 1999. Los que se van. Editorial Albatros. Buenos Aires, Argentina.

CONTRERAS, A.O., 1990. El araracá. Antes que el paisaje correntino muera, 38. Editorial Aguaradas. Corrientes, Argentina.

PITMAN, T., 1992 (informe inédito). The glaucous Macaw ¿Does it still exist?. 14 páginas.

SICK, H., 1979. Découverte de la patrie de l’ara de Lear Anodorhynchus leari. Alauda, 47 (1): 59-60.

SICK, H., D. TEXEIRA y L. GONZAGA, 1979. A mossa descoberta da patria da arara Anodorhynchus leari. An. Acad. Bras. Cienc., 51 (3): 575-576. Río de Janeiro, Brasil.

SICK, H., 1980. About the blue macaws, especially the lear’s macaw. Conservation of new world parrots. Proceeding I.C.B.P. Parrot Working Group Meeting, Sta. Lucia 1980: 439-444.

SICK, H. y D. TEXEIRA, 1980. Discovery of the home of the indigo macaw in Brazil. American Birds, 34 (2): 118-119, 212.

SICK, H. y D. TEXEIRA, 1983. The discovery of the home of the indigo macaw Anodorhynchus leari Bonaperte, 1856. El Hornero (num. extraordinario): 109-112. Buenos Aires, Argentina.

  
 
 
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