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"Probablemente extinto,
a pesar de que fue abundante en otros tiempos. Sólo 3 registros en el
siglo XX. Hay remotas posibilidades de que aún hoy subsista en selvas
marginales de ríos no navegables".
Nores e Yzurieta.
Clasificación
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Clase: Aves. |
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Orden: Psittaciformes. |
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Familia: Psittacidas. |
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Nombre científico: Andorhynchus glaucus (Vieillot, 1816). |
Nombres vulgares:
Guambá-hovíg o guaá-hov (guaraní), guacamayo celeste,
ara azul, arará, arapachá o araracá (guaraní), arará
celeste, arará azul pequeño.
Estatus internacional: en peligro (próximo a ser extinguido).
Estatus nacional: en peligro (presuntamente extinguido).
C.I.P.A.: amenazada.
Cites: I.
Características anatómicas y morfológicas
Este
psittácido constituye el representante más austral del género Ano-dorhynchus.
El mismo estaba originalmente integrado por otras 4 especies: Anodorhynchus
purpurascens y A. coeruleus (especies ya extinguidas
que habrían habitado las islas Guadalupe y Jamaica en las Antillas), A.
leari (restringido al Raso de Catarina en el nordeste del Brasil) y A.
hya-cinthinus (ampliamente distribuida en el centro de Sudamérica).
Nuestra especie se caracteriza por su menor tamaño (68 a 74 centímetros de
largo total) y diferencias de tonalidades en la coloración del plumaje que era
predominantemente azul verdoso con un matiz grisáceo en la cabeza y el cuello y
un tinte algo parduzco sobre la cara, la garganta y la parte superior del
cuello. Según algunos autores la coloración de la garganta tiende al ne-gruzco,
el abdomen es verdoso y las cobijas internas del ala son negro se-pias. Bien
contrastante resulta la zona periocular desnuda y la mancha de la base de la
mandíbula amarillo-cromo pálida, al igual que una faja angosta que la bordea.
El pico es bien grande y robusto de 65 a 70 milímetros, de color negro, igual
que el iris, los tarsos y los párpados. Sería en su aspecto muy similar a Anodorhynchus
leari pero algo más claro. La cola para algu-nos autores llegaría
aproximadamente a los 40 centímetros de largo, con plumas rectrices centrales
de hasta 39,5 centímetros. No obstante su asombroso parecido, actualmente
algunos autores tienden a considerar que ambos guacamayos constituyen una superespecie.
Hábitat
En cuanto al hábitat de la especie se han señalado áreas de parque con
isletas de monte, rodeadas de pajonales y esteros o las zonas con palmares cerca
de ríos con barrancas pronunciadas. Según Olrog (1984) sería típico de las
sabanas y bosques de pino paraná (Araucaria angustifolia).
Distribución
Su distribución original abarcaba, según la poca información el este del
Paraguay, el sur de Brasil (estados de Santa Catarina y Río Grande do Sul), el
nordeste argentino (sur de Misiones, norte y centro de Corrientes hasta los
esteros Batel y, probablemente, este del Chaco), y el norte de Uruguay
(depar-tamentos de Artigas).
Características etológicas y ecológicas
Según Azara (1805) la especie excavaría cuevas en las barrancas de los ríos
o en los tronco de árboles secos donde depositaría 2 huevos. Sobre sus
costumbres es muy poco lo que se conoce. De Moussy (1860) la halló muy asociada
a los palmares de yatay, donde además se alimentaban. Orfila (1936) la
considera en cautiverio como poco sociable sin ser arisco y destaca que se
irritan enseguida, atacan a picotazos cuando se los alimenta, son silenciosos y
reposados por lo general durante largos ratos. Por lo contrario Sánchez
Labrador (1767) la considera una especie muy mansa e inteligente al
domesticarse, y relata las increíbles habilidades casi humanas de un ejemplar
que vivió algún tiempo en la reducción de La Concepción de Nuestra Señora.
También tiene esta especie fama de glotona y se cree que su nombre guaraní es
arapacha que significaría "el que está todo el día hartándose" (de
ara, día, tiempo y pachi harto).
Situación
La especie fue bautizada por la ciencia en 1816 por Vieillot en base a la
descripción que hace de él Azara (1805) quien lo denomina "el azul"
aclarando que "todo el resto sin excepción es celeste encima y lo mismo
debajo, aunque menos vivo, pero en la oposición de la luz cambia en verde
mar" de allí que Vieillot lo denomina glaucus recordando
aquella coloración. Azara cuenta que había observado este guacamayo en parejas
entre los 27º y 30º de latitud sur y no más al norte pero aclara que tenía
referencias que por el sur llegaba hasta los 33,5º (sur de Entre Ríos). Debido
a esto la localidad típica de la especie fue fijada años más tarde en los
alrededores de la ciudad de Corrientes.
El naturalista francés Alcides D’Orbigny (1835) habla en distintas
oportunidades sobre esta especie al visitar la provincia de Corrientes y la
reconoce con el nombre guaraní de araracá. La localidad más austral la
encuentra al parece en el Rincón de Batel (Departamento San Roque y Concepción)
en el centro-oeste de la provincia litoraleña, en 1827. También la observó en
los alrededores de la ciudad de Corrientes y en la proximidad de Itá-Ibaté,
remontando el río Paraná (en esta última localidad en compañía de Ara
chloroptera). Alcides D’Orbigny llega inclusive a probar la carne de
la especie: "tan coriácea que no podía comerla". De Moussy (1860) la
halló en Corrientes donde la vio alimentándose del yatay (Butia yatay)
a mediados del siglo pasado.
Con anterioridad a las menciones de estos naturalistas el padre jesuita José
Sánchez Labrador (1767) se refiere a ella diciendo: "hay muchísimas de
estas aves en los bosques de la orilla oriental del río Uruguay; en las selvas
del río Paraguay se ven raras".
Fontana (1881) señala al Ara glauca para el Chaco sin dar
datos concretos. En el Paraguay se conoce su existencia no sólo por los datos
de Azara y Sánchez Labrador, sino también por los ejemplares del Museo Británico
de Historia Natural; los dos ejemplares del Museo de Historia Natural de Nueva
York que llegaron desde el Paraguay al Zoológico de Londres en 1886 y 1898
respectivamente; y los dos ejemplares del Museo Argentino de Ciencias Naturales
"Bernardino Rivadavia" que pudo consultar Orfila (1936). En el Museo
de Historia Natural de París se conserva además un ejemplar procedente de
Corrientes (probablemente colectado por D’Orbigny).
En 1895 Eduardo Ladislao Holmberg consideraba a esta especie como rara para
la Argentina. En Brasil, Sick (1985) no pudo hallar registros de la especie en
la zona del río Paraná y los únicos registros que señala son los de Sellow,
quien manifestó que entre diciembre y enero de 1823 y 1824 una arará azul
nidificó en los paredones del puerto Caçapava (Río Grande do Sul) y el de
Saint Hilarie quien hace refe-rencia a un arará pequeño de plumaje azulado en
Santa Catarina (1820) y que podría ser esta especie.
Según Orfila el ejemplar existente por 1936 en el Zoológico de Buenos Aires
y al que llegó a fotografiar podría provenir de Brasil. Recientemente Andrés
Contreras refiriéndose a la especie en Corrientes señaló: "hablando con
ancianos pobladores de Las Lomas, todavía recuerdan haber visto algunos a
principios de siglo. Debo a Don Félix Contreras González referencia a la
presencia de algún ejemplar en los bosques del Riachuelo entre 1900 y
1910".
Sota (1937) lo señaló para Paraná en Brasil y el departamento Artigas en
Uruguay, país en el cual Orfila dudaba de su existencia. Según Nores e
Yzurieta en el norte de dicho país Raúl Vaz-Ferreira habría efectuado el último
registro visual de la especie en libertad en el año 1950.
Habiendo transcurrido más de 40 años sin noticias de la especie, tanto Sick
como Nores e Yzurieta y Orlog consideraron que el guacamayo azul podría estar
virtualmente extinguido. Se cree que el aumento de la navegación y el
poblamiento de las costas del Paraná donde se alzan entre otras las ciudades de
Resistencia, Corrientes y Posadas y las del alto Uruguay lo habrían privado de
áreas tranquilas aptas para la nidificación. También la caza debe haber
tenido un impacto significativo debido a su aspecto y su tamaño imponente. La
extracción de pichones para criarlos como mascotas es de antigua data,
evidenciada ya por Sánchez Labrador en la época de las reducciones jesuíticas
y fomentada hasta fines del siglo XIX con el envío de ejemplares para los zoológicos
del viejo mundo. Dos guacamayos violáceos llegaron al Zoológico de Londres en
1886 y 1898 (éste último murió en 1912, tras 14 años en cautiverio). El Zoológico
de Ámsterdam también tuvo sus ejemplares, se cuenta con registros de uno
muerto en 1862, otro adquirido en 1863 y muerto en 1867, y un tercero que llegó
al zoológico en 1868. El Zoológico de Berlín por su parte tuvo entre sus
pensionistas un guacamayo azul en 1892.
Los últimos ejemplares en cautiverio conocidos fueron el observado por Jean
Delacour entre 1895 y 1905 en el "Jardín D’aclamatation" de París
y el que estudió y fotografió Orfila en la década de 1930 en el Zoo-lógico de
Buenos Aires. No hay registros recientes de animales cautivos aunque Sick (1985)
sospecha que en algunos círculos pequeños de coleccionistas de aves podrían
existir ejemplares confundidos pro-bablemente con otras especies vivientes de Anodorhynchus.
El mismo autor dice haber conocido un rumor sobre un ejemplar que apareció en
los círculos comerciales en 1979, pero no pudo confirmarlo.
Otro posible argumento para explicar la declinación de esta especie podría
hallarse en alguna epizootia (Ridgely, 1980) del mismo modo que habría ocurrido
con la cotorra de Carolina (Conuropsis carolinesis) o bien según
Sick (1985) por problemas genéticos en una población ya disminuida. En Brasil
figura en la lista oficial de especies amenazadas como probablemente extinguida.
Si bien Nores, Yzurieta y otros ornitólogos que visitaron recientemente el
nordeste argentino no han podido hallar indicios de su presencia, no debemos
claudicar en la búsqueda de alguna población relic-tual, menos después del
redescubrimiento reciente en estado silvestre de su pariente cercano el
guacamayo índigo o cariamarillo (Anodorhynchus leari) clasificado
en 1856 por Bonaparte en base a un ejemplar cautivo que llegó a Europa y a unos
pocos ejemplares comercializados que arribaron pos-teriormente al mismo
continente y a algunos mercados de Brasil. Recién en la década de 1970 Sick y
Texeira (1983) lograron encontrar su terra typica en el Raso de Catarina
en el nordeste del Estado bra-sileño de Bahía. Allí las aves nidifican en
barrancones rocosos y viven en bandadas alimentándose especialmente de los
frutos de la palmera licuri (Syagrus coronata) en un área de
vegetación netamente serófila.
Según algunos autores la proximidad morfológica de Anodorhynchus
leari y Anodorhynchus glaucus obligaría a considerarlas
como una superespecie constituyendo ambas especies poblaciones relictuales
distintas, distanciadas entre sí por varios kilómetros donde existiría su
congénere algo más diferente: Anodorhynchus hyacinthinus.
Bibliografía complementaria:
ANÓNIMO, 1984. Contrabando de Araras brasileiras. Fund. Bras.
Conserv. Natur. Inf. 8 (2): 5. Río de Janeiro, Brasil.
ANÓNIMO, 1987. La devolución de 19 guacamayos pide Brasil. Diario La Nación,
12 de octubre de 1987. Buenos Aires, Argentina.
ANÓNIMO, 1987. Devolverán los 19 guacamayos que reclamó Brasil. Diario La
Nación, 14 de octubre de 1987. Buenos Aires, Argentina.
CHEBEZ, J.C., 1986. Nuestras aves amenazadas. 12. El guacamayo violáceo (Anodorhynchus
glaucus). Nuestras Aves 4 (9): 17-20. Asociación Ornitológica del
Plata. Buenos Aires, Argentina.
CHEBEZ, J.C., 1999. Los que se van. Editorial Albatros. Buenos Aires,
Argentina.
CONTRERAS, A.O., 1990. El araracá. Antes que el paisaje correntino muera,
38. Editorial Aguaradas. Corrientes, Argentina.
PITMAN, T., 1992 (informe inédito). The glaucous Macaw ¿Does it still exist?.
14 páginas.
SICK, H., 1979. Découverte de la patrie de l’ara de Lear Anodorhynchus
leari. Alauda, 47 (1): 59-60.
SICK, H., D. TEXEIRA y L. GONZAGA, 1979. A mossa descoberta da patria da
arara Anodorhynchus leari. An. Acad. Bras. Cienc., 51 (3):
575-576. Río de Janeiro, Brasil.
SICK, H., 1980. About the blue macaws, especially the lear’s macaw.
Conservation of new world parrots. Proceeding I.C.B.P. Parrot Working Group
Meeting, Sta. Lucia 1980: 439-444.
SICK, H. y D. TEXEIRA, 1980. Discovery of the home of the indigo macaw in
Brazil. American Birds, 34 (2): 118-119, 212.
SICK, H. y D. TEXEIRA, 1983. The discovery of the home of the indigo macaw Anodorhynchus
leari Bonaperte, 1856. El Hornero (num. extraordinario): 109-112. Buenos
Aires, Argentina.
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