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Si
el lector hubiese tenido la posibilidad de recorrer la región pampeana
unos cien siglos atrás, podría ha-ber experimentado un verdadero safari
que nada tendría que envidiar a los que hoy se realizan en África. Es
que hasta hace algo menos de diez mil años, enormes y raros mamíferos
habitaban nuestra región. Lo invitamos a sumergirse en un mundo de
gliptodontes y megaterios, toxodontes y macrauquenias, ele-fantes y
caballos, osos y tigres con dientes de sable. Todos ellos convivieron
con los "modestos" ani-males que hoy conocemos, pero ninguno
logró sobrevivir hasta el presente.
Esta
era la embajada de representantes de un tiempo de oro para los mamíferos:
la Era Cenozoica (en griego, "vida nueva"), conocida como la
"Edad de los Mamíferos", que abarca los últimos 65 millones
de años. Si los primeros hombres llegaron a estas tierras hace poco más
de once mil años, entonces, convivieron con estos gigantes por al menos
tres mil años.
Artículo publicado en la revista Vida
Silvestre (2002).
Perezosos
gigantes
Durante
el Cuaternario (los últimos 1,8 millones de años) de la llanura
pampeana abundaron los mamí-feros conocidos como edentados (o xenartros),
grupo actualmente representado por los armadillos (peludos, mulitas y
quirquinchos), los osos hormigueros y los perezosos. La palabra edentado
hace refe-rencia a la reducción del número de dientes, que en el caso
de los osos hormigueros es total.
Hasta
hace unos 8.000 años vivieron una gran variedad de edentados gigantes
emparentados con los perezosos actuales. Los mayores y más
espectaculares fueron los megaterios (representados en la lla-nura
pampeana por el género Megatherium),
cuya longitud llegó a superar los cinco metros. Huellas fosilizadas de
estos animales nos demuestran que podían caminar sobre sus patas
traseras. Los les-todontes (Lestodon)
eran similares, aunque algo menores (cuatro metros), y con curiosos
dientes con forma de caninos.
Otros
gigantes de estas pampas fueron los celidoterios (Scelidotherium), de unos
tres metros y medio de largo. Estos perezosos
de cráneo alargado vivieron durante las Edades Bonaerense y
Lujanense. Los celidodontes (Scelidodon), típicos de la Edad Ensenadense, eran semejantes a
los anteriores pero mayores.
Con
restos hallados en las Edades Bonaerense y Lujanense, los glosoterios (Glossotherium)
y los milodontes (Mylodon), también perezosos terrestres, tenían una
particularidad que los hacía únicos: su piel estaba impregnada con
miles de pequeños huesos con forma y tamaño similares a los de los
granos de café.
Acorazados
El
otro grupo de edentados que habitó la llanura pampeana en el
Cuaternario es el de los cingulados, que incluye a los armadillos y
gliptodontes. Entre los primeros conocemos representantes en la
actualidad, todos ellos con caparazón flexible, gracias a una serie de
bandas móviles. Animales como Eutatus y Pampatherium,
eran de mayor tamaño aún que un tatú carreta actual.
Los
gliptodontes eran, por su parte, mucho más grandes y su caparazón era
rígido, formado por placas soldadas entre sí. También tenían una
especie de boina rígida: el escudo cefálico, que les protegía la
cabeza. Entre ellos encontramos al famoso Glyptodon, pero también otros géneros como Sclero-calyptus, Panochthus
y Doedicurus,
cada uno de ellos con diseños particulares de caparazón y en-sambles de
placas originales. Los dos últimos géneros alcanzaban a medir hasta
cuatro metros.
Pezuñas
perdidas
El
fin de la Edad Lujanense se caracterizó por la extinción de todos
estos mamíferos gigantes. Junto con los edentados se fueron los dos últimos
representantes de mamíferos con pezuñas cuyo origen es verdaderamente
sudamericano, ya que los ungulados actuales provienen de la migración
de mamíferos desde América del Norte. Ellos eran el toxodonte (Toxodon
platensis) y la macrauquenia (Macrau-chenia
patachonica).
El primero podría impresionarnos como un rinoceronte, con cráneo de
gran tamaño y dientes de crecimiento continuo. Su mentón con forma de
pala e incisivos sobresalientes, indican su condición de herbívoro pastador.
Por
su parte la macrauquenia nos impresionaría como un camello, de cráneo
alargado y amplias fosas nasales situadas en la parte dorsal. Esto
permite suponer la presencia de una trompa.
Invasión
del norte
El
prolongado aislamiento de la fauna sudamericana respecto a la de los demás
continentes comenzó a revertirse hace unos dieciocho millones de años,
cuando una conexión parcial debido al acercamiento de archipiélagos,
permitió que algunos perezosos gigantes sudamericanos colonicen las
islas del Caribe. Una nueva conexión ocurrida diez millones de años más
tarde, permitió que los perezosos terrestres llegaran hasta América
del Norte. En sentido contrario, llegaron los antepasados de los coatíes
(proció-nidos), que fueron los primeros carnívoros placentarios en América
del Sur (los mamíferos de hábitos carnívoros que hasta entonces
habitaban América del Sur eran marsupiales). En esta etapa de conexión
parcial a través de islas cercanas, también permitió el pasaje de
pequeños roedores del grupo de los cricétidos (ratas y ratones).
Sin
embargo, hace poco más de tres millones de años, en la parte final del
período Terciario, se produjo la unión definitiva entre los
subcontinentes a través del istmo de Panamá. Esto intensificó el
intercambio entre ambas Américas, fenómeno que justamente se conoce
como el Gran Intercambio Faunístico Americano. Del sur hacia el norte
fueron principalmente los edentados, mientras que llegaron del norte
mastodontes (parientes de los elefantes), caballos, pecaríes, tapires,
camélidos, ciervos, conejos, rato-nes, ardillas, cánidos, osos y félidos,
la mayoría de ellos emparentados con las formas actuales. El hom-bre fue
una de las últimas especies en llegar.
Entre
los mamíferos depredadores arribados del norte se destacan los grandes
felinos con dientes de sable (Smilodon). Estos
feroces animales tenían el tamaño de un león actual, aunque con mayor
desa-rrollo de la parte anterior del cuerpo y un asombroso crecimiento en
sus caninos superiores.
Otros
depredadores fueron cánidos con el tamaño de un lobo, pertenecientes
al género Theriodictis,
que vivió a fines de la Edad Ensenadense.
Mastodontes
y caballos
Así
llegaron los parientes de los elefantes (los mastodontes) a estas
pampas, con un único repre-sentante conocido en el registro fósil (del
género Stegomastodon), similar a las especies actuales, aunque con
variantes importantes en la dentición. Una curiosa anécdota indica que
ciertos restos de esta especie habían sido atribuidos a una raza
gigante de humanos, entre ellos los hallados en el
siglo XVIII por el capitán Esteban Álvarez del Fierro en la zona de
Arrecifes (provincia de Buenos Aires).
Durante
el Pleistoceno tropillas de caballos cabalgaban estas pampas, pero se
extinguieron junto a los demás al finalizar el Lujanense.
No
se sabe exactamente porqué la magnífica fauna de mamíferos gigantes
de la pampa abandonó la escena. Su repentina desaparición permite
hablar de una extinción masiva. Algunos investigadores creen que
pudieron haber sido afectados por cambios en el clima, o bien
severamente perseguidos por los primitivos pobladores cazadores
recolectores de América del Sur. Otros, prefieren buscar explicaciones
en enfermedades acarreadas por las especies que ingresaron desde América
del Norte...
Lo
cierto es que hoy podemos reconstruir algunas de las más vigorosas
escenas del cercano pasado pampeano gracias al generoso registro fósil
que llegó a nuestros días.
Y
eso basta para maravillarnos.
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