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Para mí, la experiencia
de participar en los trabajos de campo en la Patagonia es, sin duda alguna,
fascinante. Más aún en Neuquén, tierra de pehuenes, de
bellas araucarias que predominan en sus bosques, de majestuosos escenarios naturales
que se manifiestan en sus lagos de origen glaciar como el Traful, el Huechulaufquen,
el Lolog o el Lacar o en sus volcanes como el Domuyo de 4.709 metros, de cuyas
entrañas son despedidas aguas calientes de propiedad terapéutica.
Neuquén es mucho más, es sinónimo de ovejas, petróleo,
gas, dinosaurios y futuro.
La
Patagonia parece oponerse a la urbanización, imponente, solitaria y árida
como pocas regiones del mundo intenta evitar que los misterios que ella guarda
sean revelados, con fuertes ráfagas de viento, con rigurosas temperaturas
evita a toda costa que le roben su historia.
Imagínense que imponente
será la Patagonia que ha cautivado al propio Charles Darwin quien ha
dedicado varias páginas de su libro: Viaje de un naturalista alrededor
del mundo para describir sus paisajes, sus fósiles, su fauna y flora
y hasta sus propios habitantes. Si hoy, en 1999, tuviera que describir brevemente
el paisaje de la meseta patagónica seguramente diría con unas
u otras palabras casi lo mismo que escribió el 23 de diciembre de 1833
Darwin: "Cuando uno se encuentra en medio de una de esas desiertas llanuras
y se mira hacia el interior del país, la vista queda limitada de ordinario
por la escarpa de otra llanura un poco más elevada, pero también
por completo plana y desolada. En las demás direcciones, el espejismo
que parece surgir de la recalentada superficie hace indistinto el horizonte".
Pese a describirla como una región que aparentemente no tendría
mucho para ofrecer Darwin experimentó un sentimiento que describe así:
"... en medio de estas soledades, sin que exista cerca ningún objeto
atrayente, se experimenta una indefinida pero poderosa sensación de placer",
sentimiento que se repite en mí, como seguramente en otras personas,
al visitar la Patagonia, con la salvedad que hoy en día yo sí
le encuentro grandes atractivos tales como los fósiles, sus paisajes,
su biota y sus habitantes.
Quienes
quieran retarla, e ir en busca de los tesoros que sus imponentes cerros guardan
deben hacer caminos a pico y pala, rellenar pequeños cañadones
y aceptar al viento como algo coti- diano, tan solo así las incomodidades
se ven con ojos totalmente distintos, con los ojos de alguien que no ve a la
Patagonia como una "tierra maldita" sino como una región desolada que
tiene un largo pasado, pero también un gran futuro.
Como escribe
el explorador y naturalista Clemente Onelli en su obra Trepando Los Andes
(1904): "Las costas que, abruptas y desnudas corren tendidas y casi sin accidentes
por todo el largo del océano, dan un aspecto de tal desolación
a la Patagonia, que bien se comprende, con la poca fertilidad del suelo, la
dificultad que hay en desarraigar de la idea general ese epíteto con
que la llamó Darwin en el año 1835: tierra maldita".
Ahora
me queda una inquietud que me interesa compartir con ustedes, si la Patagonia
es tan desolada, porque causa tales sentimientos en quienes la visitan, será
acaso correcta la respuesta que halló el naturalista
William H. Hudson
al plantearse la misma pregunta cuando la visitó entre 1870 y 1871: "el
turista de hoy espera ver apenas un guanaco solitario vigilando en lo alto de
una loma, algunos avestruces de plumas grises, y probablemente, también,
un grupo de indios errantes de largos cabellos con sus rostros pintados de rojo
y negro. Pero, a pesar de saber todo esto, el viejo encanto persiste todavía
con toda su frescura, y después de las incomodidades y sufrimientos soportados
en un desierto condenado a una esterilidad eterna, el viajero descubre que a
través de los años lo recuerda con intensidad, que brilla con
más luz en su memoria, siendo más agradable para él ese
recuerdo que el de cualquier otra región que pudiera haber conocido",
más a delante continúa diciendo: "No es el efecto de lo desconocido,
no es tampoco imaginación, es que la Naturaleza, en estos parajes desolados,
por una razón que luego se verá, nos emociona más profundamente
que en otros".
La
búsqueda en la Patagonia de aquellos restos fosilizados que dan testimonio
de la existencia en otras épocas de tan majestuosas formas de vida que
fueron amos y señores por millones de años, estimula tanto mi
curiosidad como la de cualquier persona inte- resada en saber cada vez más
sobre los orígenes de la vida.
Cada
una de las piezas halladas debe trabajarse, tanto en el campo como en el laboratorio,
con sumo cuidado, ya que cada una brindará valiosa información
para entender mejor y más correctamente a esa determinada especie. Existe
un compromiso ante los materiales que son extraídos de conservarlos bajo
las condiciones más óptimas, ya que tan solo así las generaciones
futuras tendrán la posibilidad de efectuar nuevos análisis mediante
el avance del conocimiento y el uso de una mayor tecnología. La búsqueda
de los vestigios del pa- sado remoto, es la manera que tiene la humanidad de reconstruir
la sucesión de eventos que acontecieron en la historia de la vida sobre
la Tierra. Una historia que sucedió y de la cual han quedado pistas.
A medida que se buscan más y más evidencias se obtiene una versión
más cercana de lo que realmente debió haber ocurrido, rechazando
algunas hipótesis y formulando otras nuevas.
La Patagonia ofrece algunos
de los paisajes más desoladores y al mismo tiempo más imponentes
para quienes sienten la necesidad de buscar respuestas a los interrogantes planteados
en lo que a la historia de los dinosaurios se refiere. Participar de un hallazgo
representa, no en pocas ocasiones, ser uno de los primeros humanos que toma
conocimiento de la arcaica existencia de un determinado ser vivo que hasta el
momento era desconocido, abriendo en muchos casos un nuevo capítulo en
la evolución de deter- minados grupos.
Pienso
que encerrados como estamos en el espacio y tiempo dados es todo una odisea,
todo un reto para nuestra especie tratar de comprender le secuencia de los procesos
evolutivos que mol- dearon la vida en el planeta a lo largo de millones de años
y que generaron la diversidad biológica existente.
Les termino diciendo a
quienes se sientan atra- ídos por los dinosaurios que les aseguro, sin
la menor duda a equivocarme, que la Patagonia les parecerá un paraíso,
con un paisaje imponente, inigualables excursiones y muchos museos en donde
hallarán por ejemplo al esqueleto del gigantesco carnívoro
Giganotosaurus
carolinii.
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