|
Un importante problema que se presenta en la región patagónica es la invasión por
parte de especies exóticas, introducidas por el hombre de manera intencional con
fines económicos y deportivos. Dichas especies se adaptan muy bien a los nuevos
ambientes, ocupando nichos ecológicos de especies nati-vas. De hecho, al no
existir enemigos naturales, logran proliferar compitiendo por el alimento y el
hábitat y, a largo plazo, generando graves desequilibrios ecológicos. Algunas de
ellas son las siguientes:
Castor canadiense
(Castor canadensis)
Fue
introducido en Tierra del Fuego en 1946 con 50 ejemplares origi-nalmente llevados
para dotar a la isla de una especie peletera y se multiplicó hasta colonizar
gran parte de la isla. Con el fin de mantener su-mergida su madriguera, construye
enormes diques inundando y acabando con grandes extensiones de bosque nativo.
Además de impactar directamente sobre la vegetación, altera la dinámica de los
cursos de agua.
Ciervo colorado
(Cervus
elaphus)
Es de
origen europeo y fue introducido en nuestro país a comienzos del siglo pasado
para cotos de caza. Sus productos derivados y enormes cornamentas son muy
comercializados.
Codorniz californiana
(Lophortryx
californica)
Introducida desde hace varios decenios en la Patagonia, como en el caso de otras
tantas especies, su adaptación fue de tal magnitud que hoy día enormes bandadas
pueblan la zona de Traful, Cuyín Manzano y la mayoría de la parte norte del
Parque Nacional Nahuel Huapi, aunque también es común el avistarlas por toda la
margen del Río Limay.
Conejo
(Oryctolagus cuniculus)
Este
mamífero mide entre 30 y 40 cm. de largo y posee un pelaje que puede variar de
coloración. Fue introducido en el siglo XIX en Tierra del Fuego para proveer de
caza a los navegantes gracias a su carne y su piel. Se expandió luego en el
norte de la Patagonia, adaptándose tanto al bosque como a la estepa.
Jabalí
(Sus
scrofa)
Proveniente de Europa e insertado en nuestro país con fines cinegéticos, el
jabalí ha logrado escaparse de los cotos con gran éxito reproductivo. Su caza
deportiva y la venta de su carne generan importantes divisas. Posee un mayor
tamaño que el cerdo doméstico y su coloración es gris oscuro. Se alimenta de
vegetales, carroña y hasta pequeños animales dejando su rastro visible (hozada)
lo cual provoca graves daños en la cobertura vegetal, tanto en la estepa como en
el bosque.
Pino ponderosa
(Pinus
ponderosa)
Introducida con fines económicos, esta especie forestal es la más plantada en la
región andina. Su incre-mento y expansión provoca el reemplazo de la vegetación
autóctona, ahuyenta a la fauna nativa, y a largo plazo pone en peligro el
paisaje del bosque causando un impacto ecológico y económico negativo para la
región.
Rosa mosqueta
(Rosa moschata)
También de origen europeo, se trata de una planta notablemente extendida en toda
la zona cordillerana de la Patagonia. Sus tallos son de coloración verdosa con
presencia de espinas y su fruto es de forma ovalada y rosado. Fue introducida
con la finalidad de cultivar su fruto y, dada su alta capacidad repro-ductiva,
compite con la flora autóctona disminuyéndola y favoreciendo la expansión de
polinizadores exó-ticos.
Trucha arcoiris
(Oncorhynchus
mikiss)
Es un pez de color gris con franjas en tonos verdes, azules o rojos que dan origen a su
nombre. Posee escamas plateadas y puede medir entre 40 y 60 cm. Utilizado para
alimentación y caza deportiva, este salmónido fue introducido y es sembrado con
fines comerciales en los cuerpos de agua patagónicos perjudicando a especies de
peces autóctonos como lo son el bagre aterciopelado y el puyén, entre otros, por
predación y competencia. Hoy pocos lagos de la Patagonia subsisten con sus peces
nativos. |