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Las aves son
los vertebrados terrestres más numerosos de hoy en día. La adaptación
al vuelo requiere que presenten un elevado metabolismo, sus sistemas cardiovascular
y respiratorio han alcanzado en el transcurso de la evolución una alta
eficiencia. El cuerpo de todas las aves se encuentra recubierto de plumas que
les sirven para volar y como aislantes térmicos. Sus esqueletos están
fuertemente modificados, sobre todo los miembros anteriores, los autópodos
y las regiones caudal y pélvica. Como en los pterosaurios (reptiles voladores)
y los dinosaurios terópodos, los huesos de las aves son huecos y aunque
varias aves fósiles poseían dientes tecodontos, las actuales poseen
un pico córneo sin éstos. Desde 1923, con los trabajos del equipo
de Roy Chapman, la teoría de que las aves descienden de los dinosaurios
fue cada vez más sustentada, aunque con anterioridad ya Thomas Henry
Huxley en 1868 había sugerido tal parentesco. Ostrom en sus trabajos
de 1974 y 1976 y Wellnhofer en su trabajo de 1974 han resaltado la afinidad
de Archaeopteryx ("pluma antigua") con los dinosaurios
terópodos, en concreto con los celurosaurios. Actualmente la mayoría
de los paleontólogos como Cracraft y Gauthier, y entre los investigadores
argentinos Chiappe y Novas, creen que efectivamente todas las aves, desde los
picaflores hasta el ñandú, descienden de un grupo de dinosaurios
terópodos (bípedos y carnívoros). No obstante autores como
Walker y Martin han propuesto en sus trabajos de 1972 y de 1983 respec-tivamente
que las aves tendrían una ascendencia cocodriliana. Una de las principales
objeciones a la "teoría dinosauroide" del origen de las aves
era que no se conocían dinosaurios con clavículas, lo cual fue
rebatido ya que en el presente se sabe que al menos algunos terópodos
como el Velociraptor sí las tenían. Los gorriones,
los horneros, las palomas y el resto de las aves que vemos a diario serían
en defi-nitiva a la luz de los nuevos descubrimientos "viejos dinosaurios
devenidos a pájaros".
Muchos
dinosaurios terópodos presentaron las dos clavículas fusio-nadas
en una fúrcula o espoleta y tuvieron quilla, rasgos carac-terísticos
de las aves modernas. Así mismo los terópodos, al igual que las
aves, tuvieron las escápulas largas y delgadas. Los huesos huecos se
observan en los restos de terópodos al igual que en las aves. Otra semejanza
notable es que tanto las aves desarrolladas como los terópodos parecidos
a las aves perdieron dos dedos y de los tres restantes el central es el más
largo.
Una de las
aves más antiguas y mejor conocidas es Archaeopteryx, cuyos
restos fósiles fueron descubiertos en 1861 en las calizas litográficas
del Jurásico Tardío (150 millones de años) de Solnhofen,
en la región de Baviera (Alemania). Dos años antes
Charles Darwin
había dado a conocer su obra "El origen de las especies". Justa-mente
el hallazgo de Archaeopteryx, con sus características de
di-nosaurio y ave, contribuyó a luchar contra una de las principales objeciones
a la teoría de Darwin, que se basaba en la falta de "formas intermedias
o de transición" entre los grupos de organismos. Si no fuera por
las impresiones de las plumas que han quedado en la roca, los restos de Archaeopteryx
bien podrían haber sido confundidos con los restos de un pequeño
dinosaurio terópodo. Como las aves modernas Archaeopteryx,
que tenía el tamaño de un cuervo, presentaba en la cintura
escapular una fúrcula (hueso en forma de V constituído por la
unión en un extremo de las dos clavículas). El resto se sus caracteres
osteológicos eran básicamente los de un dinosaurio: dedos funcionales
en los miembros anteriores, dientes, costillas ventrales, cintura pélvica
de tipo saurisquio y larga cola sin pigostilo (fusión de las últimas
vértebras caudales). Básicamente existen dos posturas para explicar
el origen del vuelo de las aves. Una considera una serie de estadíos:
arborícolas-planeadoras-voladoras activas, mientras que la otra plantea
la existencia de un grupo de dino-saurios bípedos, corredores y depredadores
que utilizaron sus alas para el salto en la carrera, con evi-dentes ventajas
en la captura de sus presas y al momento de escapar de sus agresores.
Unelagia
comahuensis ("media ave del noroeste patagónico") vivió
durante el Cretácico, hace unos 90 millones de años y es un dinosaurio
de características "avianas". Probablemente aleteaba, pero
no levantó vu-elo a raíz de su peso. Medía aproximadamente
120 centímetros de alto y 230 centímetros de largo. Tenía
patas largas y podía correr velozmente, lo cual le favorecía a
la hora de capturar sus presas. Los huesos del brazo ("proto-ala")
tenían una morfología que le po-sibilitaba a este dinosaurio elevar
los brazos con mayor amplitud que otros terópodos como el Velo-
ciraptor.
Mientras el Velociraptor tenía movimientos que estaban
limitados por el tipo de articulación del hom-bro, en Unenlagia
comahuensis una marcada modi-ficación en la orientación
de la cavidad articular le permitió mayor movilidad. Las "proto-alas"
le debieron ser de utilidad para mantener su equilibrio e incrementar su velocidad,
para reconocimiento e intimi-dación. Como las aves actuales, tenía
limitados los movimientos de la columna vertebral hacia los lados. En los laterales
de los cuerpos de las vértebras dorsales que se han preservado se observan
orificios neumáticos, para la entrada de sacos aéreos, tal como
sucede en las aves. Los restos de Unelagia comahuensis fueron
descubiertos por el equipo del Doctor Fernando Novas el 9 de enero de 1996 en
un yacimiento próximo a la localidad de Plaza Huincul, en la provincia
de Neuquén (Argentina).
El Velociraptor
era un terópodo que estaba dotado de un carpo que le permitía
hacer girar las patas delanteras para asir, lo que le ayudaba a capturar las
presas, la presencia de un carpo flexible es un requisito para el vuelo impulsado.
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