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Juan
Carlos Trejo Lema nació el 5 de abril de 1926 en la provincia de Tucumán,
República Argentina. Efectuó sus estudios de taxidermia ar- tística
de aves con el Señor Eric Kobelt en la ciu- dad de Buenos Aires. Sus métodos
de conser- vación son actualmente los más avanzados en la técnica
de la taxidermia, a la cual él mismo con- tribuyó y perfeccionó
con su experiencia.
Realizó unas 1.500
obras bajo cristal, de las cua- les unas 80 conforman su colección particular
mientras que las restantes están distribuidas en colecciones públicas
y privadas de la Argentina, España, Suiza, Suecia, Francia, Italia, Marrue- cos,
Malasia, Irán, Japón, Estados Unidos, Brasil y Uruguay.
Llevó a cabo distintas
exposiciones tanto en el país como en el exterior. En Buenos Aires sus
obras se exhibieron en el Círculo La Prensa (1952), en el Centro Naval
(1956), en la Galería Ungaro y Barbará (1958), en el Alvear Palace
Hotel (1959), en el Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia"
(1963), en el Museo Nacional de Arte Decorativo (1963 y 1995), en la Galería
Estudio (1973), en la Galería Centoira (1985), en el Predio Ferial de
Palermo (1997) y en el Salón Azul del Congreso Nacional (1998). Además
realizó durante 1962 una exposición en la ciudad de New York (Estados
Unidos), a la que asistieron artistas y científicos especializados en
la materia y en 1966 expuso en la Casa Argentina en París (Francia).
En 1995 su obra fue
declarada
de Interés Nacional por la Secretaría General de la Presidencia
de la Nación. Algunos de sus trabajos se encuentran en el Museo "El Paraíso"
de Cruz Chica (provincia de Córdoba, Argentina), en la Casa Histórica
de la Independencia (San Miguel de Tucumán, Argentina), en el Museo Parlamentario
del Congreso Nacional (Buenos Aires, Argentina), en el Palacio Imperial de Japón,
en el Palacio Imperial de Irán, en el Palacio Real de Marruecos y en
el Monasterio de Sta. María de la Vid (Burgos, España).
En distintas ocasiones
sus actividades profesionales han captado la atención de distintos medios
de comunicación, por ejemplo se le han publicado varios artículos
en los diarios La Prensa (1982-1983) y La Nación (1961-1966-1967-1987).
En 1998 fue declarado miembro
de honor de la Asociación Amigos del Monasterio de Sta. María
de la Vid de la Orden de San Agustín, Burgos, España.
Falleció en Buenos Aires el martes 27 de enero de 2004.
"Su
actitud frente al mundo lo acerca extrañamente a la doble actitud, a
menudo contradictoria, del hombre de ciencia y del poe- ta. Es un hombre de ciencia
por la extraordinaria hondura de sus conocimientos en la materia especialísima
a la cual consagró su vida ensimismada; es un poeta porque posee el don
raro de apre- sar imágenes, de encerrarlas, de tornarlas luminosas. Cada
una de sus admirables composiciones participa así del vigor y del lirismo.
Mientras andamos entre sus cajas perfectas, no sabemos que nos entusiasma más,
si su destreza, fruto de la paciente sabiduría, o su fabulosa concertación
de ritmos de color y forma, hija de la poesía pura, hasta que advertimos
la inutilidad de las discri- minaciones y deducimos la ajustada síntesis
de ciencia austera e invención fantástica que esa creación
implica. Para lograrla, ha sido menester que Trejo Lema existiese como un asceta
singular, en medio de las metáforas vibrantes. Pocos seres habrá,
en la vastedad del mundo, capaces de un triunfo doble como el que certifica
su labor; pocos tan envidiables también, por lo que su obra representa
de refugio victorioso, de personal filosofía, asimismo, de la eternidad,
esa que queda prisionera, viva y no viva, trémula y estática,
bajo sus cristales misteriosos que derrotan al tiempo".
Manuel Mujica
Lainez. Del Prólogo de la Exposición en la Casa Argentina de París.
1966.
"A
menudo, la extrema singularidad de una obra es el reflejo de la singular pasión
que anima, de un modo poco menos que excluyente, la vida de su autor. Trejo
Lema logra el milagro de dar vida a las pieles de sus pájaros, como un
mago devuelve el real fulgor de la vida, la gracia del instante. Logra insuflar
a ellos un movimiento está- tico, y también estético. Estático,
porque si bien no se mueven, pareciera que la imagen estuviera congelada y que,
en una fracción de segundo, desaparecerán de la vitrina. Y es
estético, porque esas pieles parecen ar- madas según las leyes balanceadas
de composición armónica que encontramos en el arte japonés
donde siempre está en acción la vida. Detrás del encan-
tamiento
que produce la visión de sus obras adivino el durísimo trabajo
que precede a la realización de cada tema, el paciente y agotador estudio
ornitológico, am- biental, y de actitudes que sustenta técnicamente
la composición, donde todo parece estar ahí por obra y gracia
de un creador invisible".
Áxel Amuchástegui.
"Desde
los oscuros amaneceres de su historia el hombre ha manifestado una especial
atracción por los pájaros, esas frágiles saetas de plumas
y colores capa- ces, sin embargo, de remontarse en vuelos poderosos por el cielo,
rumbo al sol. Magia, arte y religiones -esos tres modos de relacionarse con
la expresión y el poder de los trascendentes- privilegiaron siempre la
presencia de aves y pájaros en su iconografía, leyendas, mitos
y tradiciones. Desde la simbiosis de los chamanes de Alaska o los hombre-pájaro
de Nueva Guinea y el Ama- zonas hasta el ave protectora del mundo egipcio, desde
la paloma como figuración cristiana del Espíritu Santo o como
símbolo marxista de la paz, desde las repre- sentaciones estilizadas de
las aves del Neolítico hasta los vivaces frescos naturalistas de la tumba
de Nebaum en el Valle de los Reyes o del mural de los Magos de Benozzo Gozzoli,
en Florencia, los pájaros han sido referencia obligada de la libertad
-piénsese en Icaro-, ubicuidad -como los pájaros de "La Primavera"
de Vi- valdi-, la belleza -en la delicadeza de las aves del rococó, o en
la triple alianza del ruiseñor, el cucú y la codorniz, al terminar
el segundo movimiento de la Pastoral de Beethoven-, la sabiduría -la
omnisciencia del Horus egipcio o del Pájaro del Bosque de "Sigfrido"-,
el epíritu -las avecillas de San Francisco, los pájaros exóticos
de Messiaen-, la vida eterna -como en la leyenda del ave fénix-... e
incluso del terror, según lo propusieron alguna vez Kafka y Alfred Hitchcock.
En el caso de Trejo Lema esta seducción ornitológica llega por
vía de su afán por capturar y detener para siempre el instante
decisivo del vuelo perfecto, de la pirotecnia del plumaje extendido, de una
certera caída a pique sobre el alimento, de una escena de juego amoroso
y feroz. Desafío imposible, como fue también el de Fausto -"que
yo pueda decirle al momento fugaz: ¡deténte, eres bello!"- y que,
sin embargo, sucede. Con su experto oficio de taxidermista y su espíritu
refinado de artista, Juan Carlos Trejo Lema ha congelado -o ha dado vida para
siempre, según quiera verse- a más de mil doscientos conjuntos
de aves y pájaros de las más variadas especies y procedencias.
Su obra ha encontrado ubicación en importantes centros y colecciones
de nuestro país y de otras naciones de América, Europa, Asia y
Africa. Los palacios imperiales del Irán y del Japón, el real
de Marruecos y la Casa Histórica de Tucumán (ciudad donde Trejo
Lema nació allá por 1924) son algunos de los ámbitos particulares
que albergan creaciones de nuestro artista. En 1963 sus pájaros invadieron
las salas de este Museo Nacional de Arte Decorativo, llenándolas con
sus remolinos de plumas y colores. Hoy, a treinta y dos años de aquel
revuelo, y en coincidencia con la flamante decisión de la Secretaría
General de la Presidencia de la Nación (D 154/95) declarando la obra
de Trejo Lema "de interés nacional", el museo vuelve a abrirle
sus puertas para que -ahora incluyendo un corral de aves completo que será
una suerte de "instalación" clásica -los pájaros
aniden por segunda vez sobre las mesas renacentistas, los mármoles barrocos
y las cómodas y porcelanas dieciochescas, con sus plumajes intactos,
el aliento detenido y la elegancia imperturbable de su factura ejemplar".
Alberto G. Bellucci. Director
del Museo Nacional de Arte Decorativo. Octubre de 1995.
"Ya
desde el antiguo Egipto un aura extraña rodeaba al arte de embalsamar.
Un aura sobrenatural de naturaleza, y el hombre dentro de ella ha buscado siempre
preservar la forma. La forma, en sí, en muchas religiones, es sagrada.
De allí el poder que, a través de la forma, tiene en ellas la
representación. Recuperar la forma, salvarla de la disolución,
es, pues, una tarea infinita. Porque intenta simular la eternidad. Y eso es
lo que ha hecho este magnífico taxidermista que es Juan Carlos Trejo
Lema. En estos pájaros, en estas aves, ha reactivado contra el tiempo
su instante de esplendor. Y ahora -sobre la muerte- el pájaro ocupa con
su propio cuerpo, el espacio irrecuperable. El mismo pájaro se ha convertido
en su propio símbolo. Nuestro continente alberga a la mayor variedad
de pájaros del mundo. A la importante labor de preservarlos para evitar
su desaparición, se une este "Vuelo Inmóvil", donde
-con la pericia estética de Trejo Lema- recobraremos creativamente la
memoria de nuestras aves. Un homenaje que el Senado de la Nación propicia,
merced al fervor de los años de este artista que logró la rara
ficción de imitar la vida con el material de su propia extinción".
Julio Argentino
San Millan. Senador de la Nación. 1998.
Fotografías
de Juan Carlos Trejo Lema con Lola Mora,
Atahualpa Yupanqui y Álex Amuchástegui

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