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ARTÍCULO

 

JUAN CARLOS TREJO LEMA

Por Adrián GIACCHINO, 2004

 

Juan Carlos Trejo Lema nació el 5 de abril de 1926 en la provincia de Tucumán, República Argentina. Efectuó sus estudios de taxidermia ar- tística de aves con el Señor Eric Kobelt en la ciu- dad de Buenos Aires. Sus métodos de conser- vación son actualmente los más avanzados en la técnica de la taxidermia, a la cual él mismo con- tribuyó y perfeccionó con su experiencia.

Realizó unas 1.500 obras bajo cristal, de las cua- les unas 80 conforman su colección particular mientras que las restantes están distribuidas en colecciones públicas y privadas de la Argentina, España, Suiza, Suecia, Francia, Italia, Marrue- cos, Malasia, Irán, Japón, Estados Unidos, Brasil y Uruguay.

Llevó a cabo distintas exposiciones tanto en el país como en el exterior. En Buenos Aires sus obras se exhibieron en el Círculo La Prensa (1952), en el Centro Naval (1956), en la Galería Ungaro y Barbará (1958), en el Alvear Palace Hotel (1959), en el Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia" (1963), en el Museo Nacional de Arte Decorativo (1963 y 1995), en la Galería Estudio (1973), en la Galería Centoira (1985), en el Predio Ferial de Palermo (1997) y en el Salón Azul del Congreso Nacional (1998). Además realizó durante 1962 una exposición en la ciudad de New York (Estados Unidos), a la que asistieron artistas y científicos especializados en la materia y en 1966 expuso en la Casa Argentina en París (Francia).

En 1995 su obra fue declarada de Interés Nacional por la Secretaría General de la Presidencia de la Nación. Algunos de sus trabajos se encuentran en el Museo "El Paraíso" de Cruz Chica (provincia de Córdoba, Argentina), en la Casa Histórica de la Independencia (San Miguel de Tucumán, Argentina), en el Museo Parlamentario del Congreso Nacional (Buenos Aires, Argentina), en el Palacio Imperial de Japón, en el Palacio Imperial de Irán, en el Palacio Real de Marruecos y en el Monasterio de Sta. María de la Vid (Burgos, España).

En distintas ocasiones sus actividades profesionales han captado la atención de distintos medios de comunicación, por ejemplo se le han publicado varios artículos en los diarios La Prensa (1982-1983) y La Nación (1961-1966-1967-1987).

En 1998 fue declarado miembro de honor de la Asociación Amigos del Monasterio de Sta. María de la Vid de la Orden de San Agustín, Burgos, España.

Falleció en Buenos Aires el martes 27 de enero de 2004.

"Su actitud frente al mundo lo acerca extrañamente a la doble actitud, a menudo contradictoria, del hombre de ciencia y del poe- ta. Es un hombre de ciencia por la extraordinaria hondura de sus conocimientos en la materia especialísima a la cual consagró su vida ensimismada; es un poeta porque posee el don raro de apre- sar imágenes, de encerrarlas, de tornarlas luminosas. Cada una de sus admirables composiciones participa así del vigor y del lirismo. Mientras andamos entre sus cajas perfectas, no sabemos que nos entusiasma más, si su destreza, fruto de la paciente sabiduría, o su fabulosa concertación de ritmos de color y forma, hija de la poesía pura, hasta que advertimos la inutilidad de las discri- minaciones y deducimos la ajustada síntesis de ciencia austera e invención fantástica que esa creación implica. Para lograrla, ha sido menester que Trejo Lema existiese como un asceta singular, en medio de las metáforas vibrantes. Pocos seres habrá, en la vastedad del mundo, capaces de un triunfo doble como el que certifica su labor; pocos tan envidiables también, por lo que su obra representa de refugio victorioso, de personal filosofía, asimismo, de la eternidad, esa que queda prisionera, viva y no viva, trémula y estática, bajo sus cristales misteriosos que derrotan al tiempo".

Manuel Mujica Lainez. Del Prólogo de la Exposición en la Casa Argentina de París. 1966.

"A menudo, la extrema singularidad de una obra es el reflejo de la singular pasión que anima, de un modo poco menos que excluyente, la vida de su autor. Trejo Lema logra el milagro de dar vida a las pieles de sus pájaros, como un mago devuelve el real fulgor de la vida, la gracia del instante. Logra insuflar a ellos un movimiento está- tico, y también estético. Estático, porque si bien no se mueven, pareciera que la imagen estuviera congelada y que, en una fracción de segundo, desaparecerán de la vitrina. Y es estético, porque esas pieles parecen ar- madas según las leyes balanceadas de composición armónica que encontramos en el arte japonés donde siempre está en acción la vida. Detrás del encan- tamiento que produce la visión de sus obras adivino el durísimo trabajo que precede a la realización de cada tema, el paciente y agotador estudio ornitológico, am- biental, y de actitudes que sustenta técnicamente la composición, donde todo parece estar ahí por obra y gracia de un creador invisible".

Áxel Amuchástegui.

"Desde los oscuros amaneceres de su historia el hombre ha manifestado una especial atracción por los pájaros, esas frágiles saetas de plumas y colores capa- ces, sin embargo, de remontarse en vuelos poderosos por el cielo, rumbo al sol. Magia, arte y religiones -esos tres modos de relacionarse con la expresión y el poder de los trascendentes- privilegiaron siempre la presencia de aves y pájaros en su iconografía, leyendas, mitos y tradiciones. Desde la simbiosis de los chamanes de Alaska o los hombre-pájaro de Nueva Guinea y el Ama- zonas hasta el ave protectora del mundo egipcio, desde la paloma como figuración cristiana del Espíritu Santo o como símbolo marxista de la paz, desde las repre- sentaciones estilizadas de las aves del Neolítico hasta los vivaces frescos naturalistas de la tumba de Nebaum en el Valle de los Reyes o del mural de los Magos de Benozzo Gozzoli, en Florencia, los pájaros han sido referencia obligada de la libertad -piénsese en Icaro-, ubicuidad -como los pájaros de "La Primavera" de Vi- valdi-, la belleza -en la delicadeza de las aves del rococó, o en la triple alianza del ruiseñor, el cucú y la codorniz, al terminar el segundo movimiento de la Pastoral de Beethoven-, la sabiduría -la omnisciencia del Horus egipcio o del Pájaro del Bosque de "Sigfrido"-, el epíritu -las avecillas de San Francisco, los pájaros exóticos de Messiaen-, la vida eterna -como en la leyenda del ave fénix-... e incluso del terror, según lo propusieron alguna vez Kafka y Alfred Hitchcock. En el caso de Trejo Lema esta seducción ornitológica llega por vía de su afán por capturar y detener para siempre el instante decisivo del vuelo perfecto, de la pirotecnia del plumaje extendido, de una certera caída a pique sobre el alimento, de una escena de juego amoroso y feroz. Desafío imposible, como fue también el de Fausto -"que yo pueda decirle al momento fugaz: ¡deténte, eres bello!"- y que, sin embargo, sucede. Con su experto oficio de taxidermista y su espíritu refinado de artista, Juan Carlos Trejo Lema ha congelado -o ha dado vida para siempre, según quiera verse- a más de mil doscientos conjuntos de aves y pájaros de las más variadas especies y procedencias. Su obra ha encontrado ubicación en importantes centros y colecciones de nuestro país y de otras naciones de América, Europa, Asia y Africa. Los palacios imperiales del Irán y del Japón, el real de Marruecos y la Casa Histórica de Tucumán (ciudad donde Trejo Lema nació allá por 1924) son algunos de los ámbitos particulares que albergan creaciones de nuestro artista. En 1963 sus pájaros invadieron las salas de este Museo Nacional de Arte Decorativo, llenándolas con sus remolinos de plumas y colores. Hoy, a treinta y dos años de aquel revuelo, y en coincidencia con la flamante decisión de la Secretaría General de la Presidencia de la Nación (D 154/95) declarando la obra de Trejo Lema "de interés nacional", el museo vuelve a abrirle sus puertas para que -ahora incluyendo un corral de aves completo que será una suerte de "instalación" clásica -los pájaros aniden por segunda vez sobre las mesas renacentistas, los mármoles barrocos y las cómodas y porcelanas dieciochescas, con sus plumajes intactos, el aliento detenido y la elegancia imperturbable de su factura ejemplar".

Alberto G. Bellucci. Director del Museo Nacional de Arte Decorativo. Octubre de 1995.

"Ya desde el antiguo Egipto un aura extraña rodeaba al arte de embalsamar. Un aura sobrenatural de naturaleza, y el hombre dentro de ella ha buscado siempre preservar la forma. La forma, en sí, en muchas religiones, es sagrada. De allí el poder que, a través de la forma, tiene en ellas la representación. Recuperar la forma, salvarla de la disolución, es, pues, una tarea infinita. Porque intenta simular la eternidad. Y eso es lo que ha hecho este magnífico taxidermista que es Juan Carlos Trejo Lema. En estos pájaros, en estas aves, ha reactivado contra el tiempo su instante de esplendor. Y ahora -sobre la muerte- el pájaro ocupa con su propio cuerpo, el espacio irrecuperable. El mismo pájaro se ha convertido en su propio símbolo. Nuestro continente alberga a la mayor variedad de pájaros del mundo. A la importante labor de preservarlos para evitar su desaparición, se une este "Vuelo Inmóvil", donde -con la pericia estética de Trejo Lema- recobraremos creativamente la memoria de nuestras aves. Un homenaje que el Senado de la Nación propicia, merced al fervor de los años de este artista que logró la rara ficción de imitar la vida con el material de su propia extinción".

Julio Argentino San Millan. Senador de la Nación. 1998.

Fotografías de Juan Carlos Trejo Lema con Lola Mora, 
Atahualpa Yupanqui y Álex Amuchástegui

  
 
 
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