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Richard Owen, anatomista
de origen inglés, creía al igual que Georges Cuvier (1769-1832)
que las especies eran inmutables, pero a diferencia de éste, sostuvo
que la correspondencia entre las partes (homología) no podía quedar
sin explicación.
La evolución utiliza
estructuras similares para alcanzar nuevas funciones adaptativas. Pero Richard
Owen, como un fiel opositor a las ideas evolucionistas, buscó otra explicación
que basó en los arquetipos. Un arquetipo era una especie de modelo biológico
o un patrón sobre el cual se construía un organismo. Así
por ejemplo los miembros de un quiróptero, un primate, un roedor y un
cetáceo, estaban construidos a partir del mismo modelo biológico
básico. Según la explicación de Owen todos los vertebrados
poseían el mismo arquetipo y por ende todos tenían las mismas
partes fundamentales. Las diferencias específicas para Owen eran el resultado
de necesidades funcionales particulares super-puestas al modelo básico.
Richard Owen supuso que
el esqueleto de un vertebrado consistía en una serie de segmentos ideales
que denominó vértebras. Según el anatomista inglés
no todas las partes de estas vértebras dispuestas seriadamente estaban
expresadas en cada segmento, aunque todas se encontraban disponibles si era
necesario. Esta serie ideal de vértebras constituían en definitiva
el arquetipo del esqueleto de los ver-tebrados.
El alemán Johann
Wolfgang von Goethe (1749-1832), que alcanzó quizás más
reconocimiento como poeta, también se ocupó de la morfología,
y fue el primero en sugerir que el cráneo de los vertebrados se formó
por modificaciones y fusiones de vértebras. Su idea fue desarrollada
por otros, como Lorenz Oken (1779-1851), de modo que en la época de Owen,
el concepto era bien conocido. Owen consideró que el cráneo se
formaba a partir de vértebras que se extendían hacia delante
al interior de la cabeza. Su explicación iba aún más allá,
él decía que había cuatro vértebras implicadas,
y llegó a afirmar que los brazos y manos de nuestra especie derivaban
de partes de la cuarta vértebra. A esta explicación T. H. Huxley
la denominó teoría vertebral del cráneo durante una conferencia
pública (publicada en 1857-1859), y así se la conoce hasta el
día de hoy. Trazó las homologías y similitudes del desarrollo
de cada componente del cráneo y llegó a dos conclusiones: 1) todos
los cráneos de los vertebrados están formados según el
mismo modelo y 2) este modelo no es igual al patrón de desarrollo de
las vértebras que le siguen. En resumen para Huxley el cráneo
no era una extensión de las vértebras y el modelo de Owen con
los arquetipo no tenía una inserción en la ciencia moderna. Huxley
logró claramente desa-creditar a Owen.
Owen y Huxley que se enfrentaron
inicialmente por los arquetipos y luego continuaron haciéndolo por las
ideas evolucionistas. Mientras Huxley las apoyó, Owen se opuso a ellas
rotundamente.
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