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Actualmente a unos metros
de la plaza Arenales, en el barrio porteño de Villa Devoto, se encuentran
la Escuela Menor de Floricultura y Jardinería "Juan O. Hall",
y el Instituto "Juan O. Hall" de Botánica y Zoología
(de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos
Aires). Ambas entidades se emplazan en lo que fue la quinta del floricultor
inglés John O’Hall, un verdadero apasionado de la naturaleza y particularmente
de las flores.
Según cuentan quienes
lo conocieron, John O’Hall fue un hombre elegante, alto, de ojos azules y una
franca sonrisa, muy solitario pero a la vez sumamente humilde y simpático.
Todos los días solía frecuentar dos lugares: la estación
Villa Devoto Buenos Aires al Pacífico, para buscar los diarios Buenos
Aires Herald, Standard y La Nación, y la Iglesia del Seminario, a la
cual le donó el altar de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.
Muy pocos periodistas lograron
entrevistarlo, uno de ellos fue Santiago Fuster Castresoy, quien publicó
una nota titulada Un cultor de orquídeas en Caras y Caretas el
12 de febrero de 1916, que por razones de espacio no ha sido posible reproducir
en esta oportunidad. Con anterioridad la misma revista sacó en su número
391, del 31 de marzo de 1906, una fotografía en la cual aparece el presidente
Figueroa Alcorta con su familia almorzando junto a John O’Hall en la quinta.
El espíritu explorador
de John O’Hall lo llevó a recorrer distintas regiones de Asia, donde
al parecer tenía plantaciones de té, de hecho fue el importador
del té "Elefante". Tras sus viajes regresaba con especímenes
de las más exóticas plantas con flores que cultivaba en su quinta
con una manifiesta dedicación. Para enriquecer su jardín no sólo
contaba con los ejemplares que él mismo recolectaba sino que además
recibía especímenes que le reunía un inglés amigo
suyo que residía en Brasil.
En su quinta John O’Hall
tenía invernáculos de vidrio en los cuales se mantenía
la calefacción adecuada para conservar a las más preciadas especies
de orquídeas traídas de Madagascar, India y Centro- américa.
La colección de
orquídeas de John O’Hall, con algunos ejemplares únicos, llegó
a ser considerada como la más valiosa del mundo. Fue tal la importancia
que cobró su jardín botánico particular que se llegó
a decir que "viajar a Buenos Aires sin conocer, aunque fuera a través
del cerco, los jardines de Hall, era una verdadera herejía".
Además de las orquídeas,
en su jardín había altas palmeras, varias especies de helechos
y hasta una Nepenthes (planta carnívora, cazadora de insectos).
John O’Hall hizo colocar
sobre cada planta un foco de luz del color de cada flor, consiguiendo así,
durante las noches, un agradable efecto a los ojos de cualquier espectador.
En su quinta tomó
algunos desayunos el Gral. Roca (durante su segundo mandato), almorzó
el doctor Figueroa Alcorta con su familia (1906), y en 1925 pasaron por ella
los Príncipes de Inglaterra acompañados por el entonces presidente
Marcelo T. de Alvear.
Su casa, aunque sencilla
y baja, era un verdadero museo, principalmente de arte oriental. En su interior
se podían encontrar porcelanas de la China, estatuillas, material etnográfico
de distintas culturas y animales taxidermizados (hay quien hace referencia a
que alguna vez en los troncos de las palmeras se vieron prendidos yacarés
embalsamados).
Con anterioridad a la apertura
de la Iglesia del Seminario, es decir antes de 1899, John O’Hall habilitó
en su propia quinta una pequeña capilla provisional, que fue el primer
sitio público de Villa Devoto en el cual se celebró la misa. Además
por su propia cuenta empedró media calzada de las calles Fernández
Enciso, Pareja y Bahía Blanca hasta las vías del ferrocarril "General
Urquiza".
John O’Hall falleció
el 19 de enero de 1936, dejando su fortuna en manos de sus fieles seguidores
y su quinta de dos manzanas, junto con 200.000 pesos, a la Universidad de Buenos
Aires con el propósito de formar una Escuela de Botánica y Jardinería.
Por desgracia a su muerte la burocracia a la cual estamos habituados los argentinos
hizo una vez más lo suyo; la excesiva demora en la sucesión de
los bienes provocó el abandono de los viveros y en consecuencia muchos
especímenes se perdieron.
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