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ARTÍCULO

 

EL DOCTOR ÁNGEL CABRERA Y LATORRE (1879-1960)

Por Adrián GIACCHINO y Yamila GUROVICH, 2000.

 

El doctor Ángel Cabrera y Latorre, el más brillante mastozoólogo de habla hispana, nació el 19 de febrero de 1879 en Madrid, España, bajo el reinado de Alfonso XII (hijo de Isabel II y de Don Francisco de Asis de Borbón y Borbón). Creció en un hogar donde predominaba la tolerancia y la comprensión, y particularmente por la influencia de su padre, que había pasado de católico a protestante, adquirió una amplia visión de la diversidad cultural y religiosa. Realizó el Doctorado en Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid, el cual terminó con destacadas notas en 1900. Su primer trabajo: Observaciones sobre un chimpancé de ancas blancas, lo publicó a los 18 años de edad en las Actas de la Sociedad Española de Historia Natural.

Ingresó al Museo de Ciencias Naturales de Madrid cuando el mismo se encontraba bajo la dirección del reconocido entomólogo doctor Ignacio Bolívar y Urrutia, y trabajó allí durante 25 años. Durante los diez primeros, entre 1902 y 1912, fue naturalista agregado, posteriormente recolector, más tarde disector primero y finalmente naturalista agregado de la Sección Osteozoología a cargo de las colecciones de mamíferos. En 1903 se le asignaron para estudiar mamíferos colectados en protectorados españoles de África. En 1910 viajó a Inglaterra y Francia, comisionado por la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas de Madrid, para estudiar la organización de las colecciones zoológicas de sus museos, ocasión en la cual estableció amistad con Oldfield Thomas. En 1913 representó al Gobierno Español en el IX Congreso Internacional de Zoología que se llevó a cabo en Mónaco. Ese mismo año participó además de una expedición de la Real Sociedad Española de Historia Natural a Marruecos, a la que le siguieron otras tres en 1919, 1921 y 1923 de las cuales también participó. En las expediciones el doctor Ángel Cabrera convivió con nativos kabileños y del Rif que en más de una ocasión le hicieron de guía y aprendió de ellos los rudimentos del idioma árabe. En la última expedición (1923) contó con la compañía de su amigo, el ornitólogo inglés H. Lynes. Como resultado de dichas expediciones publicó una serie de trabajos específicos y varias interesantes narraciones, entre ellas: Yebala y el bajo Lucus (1914). De 1904 a 1919 fue bibliotecario de la Real Sociedad Española de Historia Natural y de 1919 a 1925 ocupó la secretaría general de la misma. En 1914 publicó su obra: Fauna Ibérica - Mamíferos; entre 1919 y 1925: Genera Mammalium (aunque incompleta, una de sus más brillantes obras); en 1922: Manual de Mastozoología (en la serie de manuales Gallach de la editorial Calpe), donde se acuña el término mastozoología en lugar de teriología o mammalogía; y tardíamente en 1932: Los mamíferos de Marruecos. El doctor Ángel Cabrera en España también estudió instrumentos líticos y mamíferos de yacimientos cuaternarios. Hacia 1920, la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas de España le encargó organizar las colecciones del Museo de Madrid. Para ese entonces ya era toda una autoridad mundial en su especialidad.

Por invitación del doctor Luis María Torres (1878-1937) y un ofrecimiento de remuneración muy superior al que percibía en Madrid, el doc- tor Ángel Cabrera llegó a la República Ar- gentina con su familia en 1925 para ocupar la jefatura del Departamento de Paleontología del Museo de La Plata; cargo que tras el falle- cimiento del doctor Santiago Roth (1850-1924) y la no aceptación de Lucas Kraglievich (1886-1932), se encontraba vacante. Rápidamente el doctor Ángel Cabrera adoptó a nuestro país como su segunda patria y residió en él hasta su muerte, ocurrida en la ciudad de La Plata, el 7 de julio de 1960, tras una breve enfermedad. El gran mastozoólogo español ya había tenido contacto con mamíferos fósiles pampeanos en el propio Museo de Madrid -donde, entre otros restos, se encontraba desde 1789 el esqueleto del megaterio descubierto por el Fraile Manuel Torres a orillas del río Luján en 1787- y a través de la colección reunida por Rodrigo Botet (1842-1915) y donada a la ciudad de Valencia en 1889. También para entonces ya había tenido un previo acercamiento a los mamíferos americanos vivientes a través del estudio de ejemplares colectados durante una expedición española al Pacífico realizada bajo el reinado de Isabel II, entre los años 1862 y 1866. Sus primeros trabajos sobre mamíferos americanos datan del año 1900. Una vez radicado en la Argentina -y pese a que abordó con énfasis el estudio de mamíferos neotropicales fósiles y vivientes, publicando en revistas locales- continuó por bastante tiempo sacando libros y artículos en España.

Antes de llegar a nuestro país ya había publicado 17 libros y más de un centenar de trabajos especializados, algunos de estos últimos en revistas como los Proceeding of Biological Society de Washington; el Journal of Mammalogy; los Proceeding of Zoological Society de Londres; los Annales and Magazine of Natural History de Inglaterra; y el Boletín, las Actas, las Revistas y los Trabajos de la Academia y Sociedad Española de Historia Natural de Madrid.

En nuestro país fue jefe del Departamento de Paleontología de Vertebrados del Museo de La Plata hasta 1946-1947 momento en el cual se produjo su alejamiento al advenir el régimen peronista, pero durante todos esos años y los que les siguieron nunca abandonó el estudio de los mamíferos vivientes. Entre sus trabajos sobre mastozoología neotropical se destacan entre otros: Dos roedores nuevos de las montañas de Catamarca (1926); Notas sobre los pumas de la América Austral (1929); On some South American canine gerena (1931); Sinopsis de los quirópteros argentinos (1931); Sinopsis de los cánidos argentinos (1931); Dos nuevos micromamíferos del norte argentino (1934); Sobre dos murciélagos nuevos para la Argentina (1938); Los monos de la Argentina (1939); Notas sobre carnívoros sudamericanos (1940); Cranial and dental characters of somo South American Cervidae (1941); Sobre la sistemática del venado y su variación individual y geográfica (1943); y Los roedores argentinos de la familia Caviidae (1954).

Con el objetivo de recolectar materiales de estudio encabezó durante su actuación en el Museo de La Plata excursiones a la Patagonia y a Catamarca (provincia en la cual descubrió importantes fósiles entre 1927 y 1930). En diciembre de 1925, acompañado por el preparador Bernardo Eugui, realizó un viaje a Cinco Saltos para extraer restos de un dinosaurio cretácico. Al año siguiente, en el mes de octubre se dirigió, también en compañía del señor Eugui, a la provincia de Catamarca para inspeccionar los trabajos de una comisión del Field Museum de Chicago, verificando que se cumpla con lo establecido por la ley 9.080. En noviembre de ese mismo año, en compañía de los señores Bernardo Eugui y Antonio Castro exploró el yacimiento terciario del arroyo Chasicó, al sur de la provincia de Buenos Aires.

Ocupó distintos cargos docentes, fue profesor titular de paleontología en el Museo de La Plata (desde 1925 hasta 1947), profesor titular de zoología en la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires (desde 1932 hasta 1957), y de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata. El doctor Ángel Cabrera dirigió las tesis de Andreína Bocchino de Ringuelet, Enriqueta Vinacci de Thul y Dolores López Aranguren, las primeras paleontólogas de América del Sur (ver Bond, 1998: 24). Pero pese a haber desempeñado por largos años la docencia prácticamente no formó verdaderos discípulos directos de su obra y cuando se produjo su alejamiento del Museo de La Plata entre 1946 y 1947, la institución se vio privada de un especialista idóneo en la paleontología de vertebrados. Recién en 1957 el doctor Rosendo Pascual se hizo cargo en forma interina de la cátedra de Paleontología y de la División Paleontología de Vertebrados (desde 1959 Departamento Científico Paleontología Vertebrados). En el ambiente universitario el doctor Ángel Cabrera actuó también como Consejero Académico en el Museo de La Plata, Consejero Superior de la Universidad de La Plata y Miembro del Consejo de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires.

El 29 de mayo de 1926 se inauguró un ciclo de disertaciones sobre los trabajos de investigación que se desarrollaban en el Museo de La Plata, en esa oportunidad y ante un numeroso público el doctor Ángel Cabrera brindó una conferencia a la que tituló: La Argentina como centro de dispersión. Durante ese año efectuó una visita a Miramar en compañía del profesor de prehistoria de la Universidad de Madrid: Hugo Obermaier, del doctor Luis María Torres y del profesor Milcíades A. Vignati. Entre 1928 y 1929 clasificó una pequeña colección de fósiles que le fue enviada por el Museo de Historia Natural de Montevideo con tal finalidad y realizó viajes de campaña a distintos puntos de la provincia de Buenos Aires, particularmente a Chasicó en la provincia de Buenos Aires, y a Belén en la provincia de Catamarca.

El doctor Ángel Cabrera realizó en el país algunas contribuciones al estudio de los tetrápodos mesozoicos. En 1943, publicó un trabajo en el cual se describían por primera vez restos fósiles de un vertebrado de la Formación Ischigualasto (Triásico Superior), los cuales habían sido descubiertos por el doctor Joaquín Frenguelli. Dichos restos correspondían a cinodontes de la Familia Traversodontidae, a los que el doctor Ángel Cabrera denominó: Belesodon? argentinus, Exaeretodon frenguellii y Theropsis robusta. Años más tarde, en una revisión del material y con el estudio de nuevos ejemplares, el doctor José F. Bonaparte (1962) reconocería que la única especie bien documentada de las tres propuestas por Cabrera es Exaeretodon frenguellii, siendo las dos restantes sinonimias de ésta. En un trabajo de 1944 Cabrera describió los restos de un anfibio laberintodonte de la Formación Cacheuta (provincia de Mendoza) al que denominó Pelorocephalus mendozensis. También dio a conocer durante 1947, en las Notas del Museo de La Plata, los restos muy incompletos de dos ejemplares de aparentemente una misma especie de dinosaurio saurópodo, que habían sido hallados en la estancia La Bernarda, Formación Cerro Carnerero, Jurásico Inferior (o eventualmente comienzos del Jurásico Medio) de la provincia de Chubut. El doctor Ángel Cabrera denominó a este dinosaurio como Amygdalodon patagonicus y fue el primer dinosaurio jurásico conocido para toda América del Sur. Cabrera trabajó además con reptiles marinos, en 1939 describió un fragmento del cráneo de un ictiosaurio al que denominó Stenopterygius grandis y en 1941 dio a conocer los restos de un plesiosaurio al que denominó Aristonectes parvidens.

El doctor Ángel Cabrera le dio en nuestro país un nuevo enfoque al estudio de los vertebrados fósiles, ya que su condición de zoólogo, familiarizado con la anatomía de actuales y la sistemática neontológica, le permitió abordar el estudio de los fósiles desde una óptica distinta, predominando marcadamente en sus trabajos los enfoques biológicos sobre los geológicos. Su obra paleozoológica se caracterizó además por ser bien amplia, pues trabajó tanto con peces como con anfibios, reptiles, aves y mamíferos, aunque desde luego estos últimos fueron los de su predilección. Entre sus trabajos de paleomastozoología sudamericana se destacan: Cetáceos fósiles del Museo de La Plata (1926); Sobre la alimentación del megaterio (1926); Un nuevo marsupial plioceno de Monte Hermoso (1928); Sobre algunos megaterios pliocenos (1928); Una revisión de los mastodontes argentinos (1929); Sobre la estructura de la mano y pie en el megaterio (1929); Un astrapotérido de Colombia (1929); Sobre los ciervos fósiles sudamericanos llamados Paraceros y More- nelaphus (1929); Sobre los camélidos fósiles y actuales de la América Austral (1931); Los yaguares vivientes y extinguidos de la América Austral (1934); Sobre la osteología del Paleolama (1935); Los géneros de la familia Typotheriidae (1939); y Los gliptodon- toideos del Araucaniano de Catamarca (1944); entre otros. Sus contribuciones bioestratigráficas fueron menos sistemáticas pero realizó algunos estudios abarcativos de algunas faunas, como la del Plioceno de Adolfo Alsina (1939) y la de Chasicó (1931), esta última en forma conjunta con Lucas Kraglievich (1886-1932). Para resumir las cuestiones que hacen al enfoque que el doctor Ángel Cabrera supo darle a su obra paleozoológica parecen ser muy apropiadas las palabras que empleó al respecto el doctor Osvaldo A. Reig (1929-1992) en su trabajo de 1962 sobre la paleontología de vertebrados en la Argentina (pág. 88): "se ha criticado a Cabrera por tratar a los fósiles con criterio zoológico, cuando éste fue uno de los principales méritos de su trabajo".

En cuanto al tradicional espíritu ameghiniano que por ese entonces caracterizaba enfáticamente a la paleontología de nuestro país, el doctor Ángel Cabrera no sólo lo respetó sino que lo continuó y en los hechos, fuera de lo que pudo haber pensado en un principio alguno de sus colegas locales, la obra de los Ameghino encontró en él a un gran difusor. A su llegada Cabrera, en su condición de zoólogo extranjero ya formado, no se sintió comprometido en la absurda y para nada constructiva disputa ideológica que se había despertado tras la muerte de Florentino Ameghino (1854-1911), y que por el año 1925 aún estaba vigente. Así adoptó una postura objetiva ante la obra del sabio, sin participar de ninguno de los bandos en pugna. Cabrera se relacionó en muy buenos términos con Lucas Kraglievich, a quien dio su respaldo, en especial tras la caída de Yrigoyen y el nombramiento del profesor Martín Doello Jurado (1884-1948) como director del Museo Nacional de Historia Natural, sucesos que obligaron el exilio al Uruguay del destacado paleontólogo argentino. Así por ejemplo Cabrera participó de un banquete de despedida a Kraglievich que fue encabezado por Carlos Ameghino (1865-1936) en presencia de numerosos amigos.

En 1930 recibió al paleontólogo estadounidense George Gaylord Simpson (1902-1984) quien se dirigía a realizar colecciones en yacimientos del Terciario Inferior de la Patagonia. Simpson, como refiere Mariano Bond (1998), destacó en varios de sus trabajos que Cabrera fue el primero en explicar claramente que "las formas animales afines son ecológicamente incompatibles, siendo su incompatibilidad tanto mayor, cuando más estrecha su afinidad". Simpson consideró a lo postulado por Cabrera como una forma más clara de expresar la ley o principio de Gause.

El doctor Ángel Cabrera fue miembro activo de la Sociedad Española de Historia Natural (desde los 17 años); miembro correspondiente de la Zoological Society de Londres (1907); miembro correspondiente de la Sociedad Portugueza de Sciencias Naturaes de Lisboa (1913); miembro correspondiente de la Junta Municipal de Ciencias Naturales de Barcelona (1917); huésped de honor del Athenaeum de Londres (1925); miembro correspondiente de Sociedad Chilena de Historia Natural (1926); miembro correspondiente de la Boston Society of Natural History (1929); miembro de la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica (desde 1930); académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid (1931); miembro correspondiente del American Museum of Natural History de Nueva York (1943); miembro de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires (1943); miembro de honor de la American Society of Mammology de los Estados Unidos (1947); miembro honorario extranjero de la Zoological Society de Londres (1947); y académico correspondiente de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Buenos Aires (1950).

Durante varios años integró la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica y fue perito máximo en dichas cuestiones. Al respecto publicó: Código de nomenclatura zoológica vigente en la actualidad, con una introducción histórica (1911); El concepto de tipo en zoología y los tipos de mamíferos del Museo de Ciencias Naturales de Madrid (1912); La nomenclatura zoológica en veterinaria (1940); El código de nomenclatura (1941); y ¿Pueden aceptarse los nombres del Lehrbuch de Oken? (1943). Además se deben a su dedicación y entusiasmo dos de las seis traducciones al castellano de los códigos internacionales sucesivos, uno publicado en España en 1914 y otro en la Argentina en 1941.

Algunos de sus trabajos como: Mamíferos sudamericanos, que publicó junto al doctor José Yepes (1897-1976) en 1940, y su obra cumbre: Catálogo de los mamíferos de América del Sur (1957-1961), que apareció en la Revista del Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia", se convirtieron en clásicos de la mastozoología. Junto al doctor José Yepes publicó además en 1947 Zoogeografía, un capítulo original de la Geografía de la República Argentina.

Cabe destacar que además de ser un brillante investigador el doctor Ángel Cabrera fue un hábil dibujante y pintor, tal como lo atestiguan las ilustraciones (especialmente acuarelas) de sus propias obras y las de algunos colegas. También fue un amante de los caballos, desarrollando una amplia actividad en el círculo de criadores y dejando escritos una serie de artículos y un libro: Caballos de América (1945). Demostró un particular interés por la raza criolla y realizó una clasificación del pelaje equino.

Dejó para la posteridad unas 218 publicaciones, 27 libros y más de un centenar de artículos cortos para periódicos y revistas. Además de trabajos especializados escribió textos de divulgación científica: Narraciones zoológicas (1909); Los animales artífices (1919); Los animales salvajes (1922); Los animales familiares (1922); El mundo alado (1922); Peces de mar y de agua dulce (1923); Los animales microscópicos (1923); Historia de leones (1923); Los mamíferos extinguidos (1929); Los mamíferos inspiradores del hombre (1929); Los mamíferos marinos (1929); y Zoología pintoresca (1950); destinados a un amplio público, donde expuso sus conocimientos de una manera didáctica, entretenida y amena. Participó también en la elaboración de una guía del Museo de La Plata e intervino con algunas notas e ilustraciones de mamíferos en una edición homenaje al libro El Tempe argentino de Marcos Sastre, que encomendada por el Consejo Nacional de Educación y dirigida por el doctor Emiliano J. Mac Donagh -por entonces jefe del Departamento de Zoología Vertebrados del Museo de La Plata- vio la luz en 1938.

Prácticamente desde 1957 el doctor Ángel Cabrera se retiró de toda actividad oficial, pero continuó trabajando en su ya mencionado Catálogo de los Mamíferos de América del Sur, cuya primera parte -Metatheria, Unguiculata y Carnivora- apareció en 1958 (con fecha de 1957), dejando la segunda -Sirenia, Perissodactyla, Artiodactyla, Lagomorpha, Rodentia y Cetacea- casi lista al momento de su muerte. Durante los últimos años de su vida y en plena actividad intelectual fue un asiduo colaborador del Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia" -del cual era adscripto honorario- y dejó concluído su trabajo póstumo Los félidos vivientes de la República Argentina.

Actualmente la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y la Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos (SAREM) otorgan premios con su nombre.

Bibliografía complementaria:

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