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El doctor
Ángel Cabrera y Latorre, el más brillante mastozoólogo
de habla hispana, nació el 19 de febrero de 1879 en Madrid, España,
bajo el reinado de Alfonso XII (hijo de Isabel II y de Don Francisco de Asis
de Borbón y Borbón). Creció en un hogar donde predominaba
la tolerancia y la comprensión, y particularmente por la influencia de
su padre, que había pasado de católico a protestante, adquirió
una amplia visión de la diversidad cultural y religiosa. Realizó
el Doctorado en Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid,
el cual terminó con destacadas notas en 1900. Su primer trabajo: Observaciones
sobre un chimpancé de ancas blancas, lo publicó a los 18 años
de edad en las Actas de la Sociedad Española de Historia Natural.
Ingresó
al Museo de Ciencias Naturales de Madrid cuando el mismo se encontraba bajo
la dirección del reconocido entomólogo doctor Ignacio Bolívar
y Urrutia, y trabajó allí durante 25 años. Durante los
diez primeros, entre 1902 y 1912, fue naturalista agregado, posteriormente recolector,
más tarde disector primero y finalmente naturalista agregado de la Sección
Osteozoología a cargo de las colecciones de mamíferos. En 1903
se le asignaron para estudiar mamíferos colectados en protectorados españoles
de África. En 1910 viajó a Inglaterra y Francia, comisionado por
la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas
de Madrid, para estudiar la organización de las colecciones zoológicas
de sus museos, ocasión en la cual estableció amistad con Oldfield
Thomas. En 1913 representó al Gobierno Español en el IX Congreso
Internacional de Zoología que se llevó a cabo en Mónaco.
Ese mismo año participó además de una expedición
de la Real Sociedad Española de Historia Natural a Marruecos, a la que
le siguieron otras tres en 1919, 1921 y 1923 de las cuales también participó.
En las expediciones el doctor Ángel Cabrera convivió con nativos
kabileños y del Rif que en más de una ocasión le hicieron
de guía y aprendió de ellos los rudimentos del idioma árabe.
En la última expedición (1923) contó con la compañía
de su amigo, el ornitólogo inglés H. Lynes. Como resultado de
dichas expediciones publicó una serie de trabajos específicos
y varias interesantes narraciones, entre ellas: Yebala y el bajo Lucus
(1914). De 1904 a 1919 fue bibliotecario de la Real Sociedad Española
de Historia Natural y de 1919 a 1925 ocupó la secretaría general
de la misma. En 1914 publicó su obra: Fauna Ibérica - Mamíferos;
entre 1919 y 1925: Genera Mammalium (aunque incompleta, una de sus más
brillantes obras); en 1922: Manual de Mastozoología (en la serie
de manuales Gallach de la editorial Calpe), donde se acuña el término
mastozoología en lugar de teriología o mammalogía; y tardíamente
en 1932: Los mamíferos de Marruecos. El doctor Ángel Cabrera
en España también estudió instrumentos líticos y
mamíferos de yacimientos cuaternarios. Hacia 1920, la Junta de Ampliación
de Estudios e Investigaciones Científicas de España le encargó
organizar las colecciones del Museo de Madrid. Para ese entonces ya era toda
una autoridad mundial en su especialidad.
Por
invitación del doctor Luis María Torres (1878-1937) y un ofrecimiento
de remuneración muy superior al que percibía en Madrid, el doc-
tor
Ángel Cabrera llegó a la República Ar- gentina con su familia
en 1925 para ocupar la jefatura del Departamento de Paleontología del
Museo de La Plata; cargo que tras el falle- cimiento del doctor Santiago Roth
(1850-1924) y la no aceptación de Lucas
Kraglievich (1886-1932), se encontraba
vacante. Rápidamente el doctor Ángel Cabrera adoptó a nuestro
país como su segunda patria y residió en él hasta su muerte,
ocurrida en la ciudad de La Plata, el 7 de julio de 1960, tras una breve enfermedad.
El gran mastozoólogo español ya había tenido contacto con
mamíferos fósiles pampeanos en el propio Museo de Madrid -donde,
entre otros restos, se encontraba desde 1789 el esqueleto del megaterio descubierto
por el Fraile Manuel Torres a orillas del río Luján en 1787- y
a través de la colección reunida por Rodrigo Botet (1842-1915)
y donada a la ciudad de Valencia en 1889. También para entonces ya había
tenido un previo acercamiento a los mamíferos americanos vivientes a
través del estudio de ejemplares colectados durante una expedición
española al Pacífico realizada bajo el reinado de Isabel II, entre
los años 1862 y 1866. Sus primeros trabajos sobre mamíferos americanos
datan del año 1900. Una vez radicado en la Argentina -y pese a que abordó
con énfasis el estudio de mamíferos neotropicales fósiles
y vivientes, publicando en revistas locales- continuó por bastante tiempo
sacando libros y artículos en España.
Antes de llegar
a nuestro país ya había publicado 17 libros y más de un
centenar de trabajos especializados, algunos de estos últimos en revistas
como los Proceeding of Biological Society de Washington; el Journal of Mammalogy;
los Proceeding of Zoological Society de Londres; los Annales and Magazine of
Natural History de Inglaterra; y el Boletín, las Actas, las Revistas
y los Trabajos de la Academia y Sociedad Española de Historia Natural
de Madrid.
En nuestro
país fue jefe del Departamento de Paleontología de Vertebrados
del Museo de La Plata hasta 1946-1947 momento en el cual se produjo su alejamiento
al advenir el régimen peronista, pero durante todos esos años
y los que les siguieron nunca abandonó el estudio de los mamíferos
vivientes. Entre sus trabajos sobre mastozoología neotropical se destacan
entre otros: Dos roedores nuevos de las montañas de Catamarca
(1926); Notas sobre los pumas de la América Austral (1929); On
some South American canine gerena (1931); Sinopsis de los quirópteros
argentinos (1931); Sinopsis de los cánidos argentinos (1931);
Dos nuevos micromamíferos del norte argentino (1934); Sobre
dos murciélagos nuevos para la Argentina (1938); Los monos de
la Argentina (1939); Notas sobre carnívoros sudamericanos
(1940); Cranial and dental characters of somo South American Cervidae
(1941); Sobre la sistemática del venado y su variación individual
y geográfica (1943); y Los roedores argentinos de la familia Caviidae
(1954).
Con
el objetivo de recolectar materiales de estudio encabezó durante su actuación
en el Museo de La Plata excursiones a la Patagonia y a Catamarca (provincia
en la cual descubrió importantes fósiles entre 1927 y 1930). En
diciembre de 1925, acompañado por el preparador Bernardo Eugui, realizó
un viaje a Cinco Saltos para extraer restos de un dinosaurio cretácico.
Al año siguiente, en el mes de octubre se dirigió, también
en compañía del señor Eugui, a la provincia de Catamarca
para inspeccionar los trabajos de una comisión del Field Museum de Chicago,
verificando que se cumpla con lo establecido por la ley 9.080. En noviembre
de ese mismo año, en compañía de los señores Bernardo
Eugui y Antonio Castro exploró el yacimiento terciario del arroyo Chasicó,
al sur de la provincia de Buenos Aires.
Ocupó
distintos cargos docentes, fue profesor titular de paleontología en el
Museo de La Plata (desde 1925 hasta 1947), profesor titular de zoología
en la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad de Buenos
Aires (desde 1932 hasta 1957), y de la Facultad de Ciencias Naturales de la
Universidad Nacional de La Plata. El doctor Ángel Cabrera dirigió
las tesis de Andreína Bocchino de Ringuelet, Enriqueta Vinacci de Thul
y Dolores López Aranguren, las primeras paleontólogas de América
del Sur (ver Bond, 1998: 24). Pero pese a haber desempeñado por largos
años la docencia prácticamente no formó verdaderos discípulos
directos de su obra y cuando se produjo su alejamiento del Museo de La Plata
entre 1946 y 1947, la institución se vio privada de un especialista idóneo
en la paleontología de vertebrados. Recién en 1957 el doctor Rosendo
Pascual se hizo cargo en forma interina de la cátedra de Paleontología
y de la División Paleontología de Vertebrados (desde 1959 Departamento
Científico Paleontología Vertebrados). En el ambiente universitario
el doctor Ángel Cabrera actuó también como Consejero Académico
en el Museo de La Plata, Consejero Superior de la Universidad de La Plata y
Miembro del Consejo de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad
de Buenos Aires.
El 29 de mayo
de 1926 se inauguró un ciclo de disertaciones sobre los trabajos de investigación
que se desarrollaban en el Museo de La Plata, en esa oportunidad y ante un numeroso
público el doctor Ángel Cabrera brindó una conferencia
a la que tituló: La Argentina como centro de dispersión.
Durante ese año efectuó una visita a Miramar en compañía
del profesor de prehistoria de la Universidad de Madrid: Hugo Obermaier, del
doctor Luis María Torres y del profesor Milcíades A. Vignati.
Entre 1928 y 1929 clasificó una pequeña colección de fósiles
que le fue enviada por el Museo de Historia Natural de Montevideo con tal finalidad
y realizó viajes de campaña a distintos puntos de la provincia
de Buenos Aires, particularmente a Chasicó en la provincia de Buenos
Aires, y a Belén en la provincia de Catamarca.
El doctor
Ángel Cabrera realizó en el país algunas contribuciones
al estudio de los tetrápodos mesozoicos. En 1943, publicó un trabajo
en el cual se describían por primera vez restos fósiles de un
vertebrado de la Formación Ischigualasto (Triásico Superior),
los cuales habían sido descubiertos por el doctor Joaquín Frenguelli.
Dichos restos correspondían a cinodontes de la Familia Traversodontidae,
a los que el doctor Ángel Cabrera denominó: Belesodon?
argentinus, Exaeretodon frenguellii y Theropsis
robusta. Años más tarde, en una revisión del material
y con el estudio de nuevos ejemplares, el doctor José F. Bonaparte (1962)
reconocería que la única especie bien documentada de las tres
propuestas por Cabrera es Exaeretodon frenguellii, siendo las
dos restantes sinonimias de ésta. En un trabajo de 1944 Cabrera describió
los restos de un anfibio laberintodonte de la Formación Cacheuta (provincia
de Mendoza) al que denominó Pelorocephalus mendozensis.
También dio a conocer durante 1947, en las Notas del Museo de La Plata,
los restos muy incompletos de dos ejemplares de aparentemente una misma especie
de dinosaurio saurópodo, que habían sido hallados en la estancia
La Bernarda, Formación Cerro Carnerero, Jurásico Inferior (o eventualmente
comienzos del Jurásico Medio) de la provincia de Chubut. El doctor Ángel
Cabrera denominó a este dinosaurio como Amygdalodon patagonicus
y fue el primer dinosaurio jurásico conocido para toda América
del Sur. Cabrera trabajó además con reptiles marinos, en 1939
describió un fragmento del cráneo de un ictiosaurio al que denominó
Stenopterygius grandis y en 1941 dio a conocer los restos de un
plesiosaurio al que denominó Aristonectes parvidens.
El
doctor Ángel Cabrera le dio en nuestro país un nuevo enfoque al
estudio de los vertebrados fósiles, ya que su condición de zoólogo,
familiarizado con la anatomía de actuales y la sistemática neontológica,
le permitió abordar el estudio de los fósiles desde una óptica
distinta, predominando marcadamente en sus trabajos los enfoques biológicos
sobre los geológicos. Su obra paleozoológica se caracterizó
además por ser bien amplia, pues trabajó tanto con peces como
con anfibios, reptiles, aves y mamíferos, aunque desde luego estos últimos
fueron los de su predilección. Entre sus trabajos de paleomastozoología
sudamericana se destacan: Cetáceos fósiles del Museo de La
Plata (1926); Sobre la alimentación del megaterio (1926);
Un nuevo marsupial plioceno de Monte Hermoso (1928); Sobre algunos
megaterios pliocenos (1928); Una revisión de los mastodontes argentinos
(1929); Sobre la estructura de la mano y pie en el megaterio (1929);
Un astrapotérido de Colombia (1929); Sobre los ciervos fósiles
sudamericanos llamados Paraceros y More- nelaphus (1929); Sobre
los camélidos fósiles y actuales de la América Austral
(1931); Los yaguares vivientes y extinguidos de la América Austral
(1934); Sobre la osteología del Paleolama (1935); Los
géneros de la familia Typotheriidae (1939); y Los gliptodon-
toideos
del Araucaniano de Catamarca (1944); entre otros. Sus contribuciones bioestratigráficas
fueron menos sistemáticas pero realizó algunos estudios abarcativos
de algunas faunas, como la del Plioceno de Adolfo Alsina (1939) y la de Chasicó
(1931), esta última en forma conjunta con Lucas Kraglievich (1886-1932).
Para resumir las cuestiones que hacen al enfoque que el doctor Ángel
Cabrera supo darle a su obra paleozoológica parecen ser muy apropiadas
las palabras que empleó al respecto el doctor Osvaldo A. Reig (1929-1992)
en su trabajo de 1962 sobre la paleontología de vertebrados en la Argentina
(pág. 88): "se ha criticado a Cabrera por tratar a los fósiles
con criterio zoológico, cuando éste fue uno de los principales
méritos de su trabajo".
En cuanto
al tradicional espíritu ameghiniano que por ese entonces caracterizaba
enfáticamente a la paleontología de nuestro país, el doctor
Ángel Cabrera no sólo lo respetó sino que lo continuó
y en los hechos, fuera de lo que pudo haber pensado en un principio alguno de
sus colegas locales, la obra de los Ameghino encontró en él a
un gran difusor. A su llegada Cabrera, en su condición de zoólogo
extranjero ya formado, no se sintió comprometido en la absurda y para
nada constructiva disputa ideológica que se había despertado tras
la muerte de Florentino Ameghino (1854-1911), y que por el año 1925 aún
estaba vigente. Así adoptó una postura objetiva ante la obra del
sabio, sin participar de ninguno de los bandos en pugna. Cabrera se relacionó
en muy buenos términos con Lucas
Kraglievich, a quien dio su respaldo,
en especial tras la caída de Yrigoyen y el nombramiento del profesor
Martín Doello Jurado (1884-1948) como director del Museo Nacional de
Historia Natural, sucesos que obligaron el exilio al Uruguay del destacado paleontólogo
argentino. Así por ejemplo Cabrera participó de un banquete de
despedida a Kraglievich que fue encabezado por
Carlos Ameghino (1865-1936) en
presencia de numerosos amigos.
En 1930 recibió
al paleontólogo estadounidense George Gaylord Simpson (1902-1984) quien
se dirigía a realizar colecciones en yacimientos del Terciario Inferior
de la Patagonia. Simpson, como refiere Mariano Bond (1998), destacó en
varios de sus trabajos que Cabrera fue el primero en explicar claramente que
"las formas animales afines son ecológicamente incompatibles, siendo
su incompatibilidad tanto mayor, cuando más estrecha su afinidad".
Simpson consideró a lo postulado por Cabrera como una forma más
clara de expresar la ley o principio de Gause.
El doctor
Ángel Cabrera fue miembro activo de la Sociedad Española de Historia
Natural (desde los 17 años); miembro correspondiente de la Zoological
Society de Londres (1907); miembro correspondiente de la Sociedad Portugueza
de Sciencias Naturaes de Lisboa (1913); miembro correspondiente de la Junta
Municipal de Ciencias Naturales de Barcelona (1917); huésped de honor
del Athenaeum de Londres (1925); miembro correspondiente de Sociedad Chilena
de Historia Natural (1926); miembro correspondiente de la Boston Society of
Natural History (1929); miembro de la Comisión Internacional de Nomenclatura
Zoológica (desde 1930); académico correspondiente de la Real Academia
de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid (1931); miembro correspondiente
del American Museum of Natural History de Nueva York (1943); miembro de la Academia
Nacional de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires (1943); miembro de
honor de la American Society of Mammology de los Estados Unidos (1947); miembro
honorario extranjero de la Zoological Society de Londres (1947); y académico
correspondiente de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas
y Naturales de Buenos Aires (1950).
Durante varios
años integró la Comisión Internacional de Nomenclatura
Zoológica y fue perito máximo en dichas cuestiones. Al respecto
publicó: Código de nomenclatura zoológica vigente en
la actualidad, con una introducción histórica (1911); El
concepto de tipo en zoología y los tipos de mamíferos del Museo
de Ciencias Naturales de Madrid (1912); La nomenclatura zoológica
en veterinaria (1940); El código de nomenclatura (1941); y
¿Pueden aceptarse los nombres del Lehrbuch de Oken? (1943). Además
se deben a su dedicación y entusiasmo dos de las seis traducciones al
castellano de los códigos internacionales sucesivos, uno publicado en
España en 1914 y otro en la Argentina en 1941.
Algunos de
sus trabajos como: Mamíferos sudamericanos, que publicó
junto al doctor José Yepes (1897-1976) en 1940, y su obra cumbre: Catálogo
de los mamíferos de América del Sur (1957-1961), que apareció
en la Revista del Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia",
se convirtieron en clásicos de la mastozoología. Junto al doctor
José Yepes publicó además en 1947 Zoogeografía,
un capítulo original de la Geografía de la República
Argentina.
Cabe destacar
que además de ser un brillante investigador el doctor Ángel Cabrera
fue un hábil dibujante y pintor, tal como lo atestiguan las ilustraciones
(especialmente acuarelas) de sus propias obras y las de algunos colegas. También
fue un amante de los caballos, desarrollando una amplia actividad en el círculo
de criadores y dejando escritos una serie de artículos y un libro: Caballos
de América (1945). Demostró un particular interés por
la raza criolla y realizó una clasificación del pelaje equino.
Dejó
para la posteridad unas 218 publicaciones, 27 libros y más de un centenar
de artículos cortos para periódicos y revistas. Además
de trabajos especializados escribió textos de divulgación científica:
Narraciones zoológicas (1909); Los animales artífices
(1919); Los animales salvajes (1922); Los animales familiares
(1922); El mundo alado (1922); Peces de mar y de agua dulce (1923);
Los animales microscópicos (1923); Historia de leones (1923);
Los mamíferos extinguidos (1929); Los mamíferos inspiradores
del hombre (1929); Los mamíferos marinos (1929); y Zoología
pintoresca (1950); destinados a un amplio público, donde expuso sus
conocimientos de una manera didáctica, entretenida y amena. Participó
también en la elaboración de una guía del Museo de La Plata
e intervino con algunas notas e ilustraciones de mamíferos en una edición
homenaje al libro El Tempe argentino de Marcos Sastre, que encomendada
por el Consejo Nacional de Educación y dirigida por el doctor Emiliano
J. Mac Donagh -por entonces jefe del Departamento de Zoología Vertebrados
del Museo de La Plata- vio la luz en 1938.
Prácticamente
desde 1957 el doctor Ángel Cabrera se retiró de toda actividad
oficial, pero continuó trabajando en su ya mencionado Catálogo
de los Mamíferos de América del Sur, cuya primera parte -Metatheria,
Unguiculata y Carnivora- apareció en 1958 (con fecha de 1957), dejando
la segunda -Sirenia, Perissodactyla, Artiodactyla, Lagomorpha, Rodentia y Cetacea-
casi lista al momento de su muerte. Durante los últimos años de
su vida y en plena actividad intelectual fue un asiduo colaborador del Museo
Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia" -del cual era
adscripto honorario- y dejó concluído su trabajo póstumo
Los félidos vivientes de la República Argentina.
Actualmente
la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y la Sociedad
Argentina para el Estudio de los Mamíferos (SAREM) otorgan premios con
su nombre.
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