Publicaciones, libros y artículos técnicos y biográficos sobre biología, animales, dinosaurios, arqueología, historia, etc.

ARTÍCULO

 

EL ESPACIO ADQUIERE LA FORMA DE MI MIRADA

Por Julio Rafael CONTRERAS, 2001.

 

En octubre de 2000 se publicó un pequeño libro de Hubert Reeves, un astrofísico canadiense, ex profesor de la Universidad de Québec y actualmente radicado en Francia, donde es director de investigaciones del CNRS. Su título, El espacio adquiere la forma de mi mirada, y los antecedentes del autor como científico de primer nivel augurarían un ensayo epistemológico, pero para el lector que ya conoce a Reeves a través de otras de sus obras anteriores (Paciencia en el azul del cielo, Últimas noticias del cosmos, Polvo de estrellas, La hora de embriagarse (*), Pájaros, maravillosos pájaros y Malicorne. Reflexiones de un observador de la naturaleza), no resultará sorpresivo encontrarse con una obra eminentemente poético-filosófica, centrada en el universo de su bosque de Malicorne, en la Borgoña francesa, desde donde llega al público con una especie de diario espiritual, o simple carnet de reflexiones, a través de las cuales vuelca una síntesis de ciencia, arte y sentido numinoso del mundo, como denominaba Carl G. Jung a la percepción meta-racional de otras dimensiones de lo que consideramos real. En sus paseos reflexivos en Malicorne de 1992, trataba Reeves de profundizar su relación última con el mundo, a través de los aportes de la historia de la filosofía, de las religiones y del arte, junto con los últimos desarrollos de la física y la cosmología, especialmente de la teoría del caos. Ahora nos brinda, en unas páginas de gran belleza, un panorama predominantemente poético e introspectivo de su cosmovisión. Parte del hecho de que "somos los niños de un cosmos que nos ha dado nacimiento después de un embarazo de quince mil millones de años. Como en la tradición hindú, piedras y estrellas son nuestras hermanas". Para Reeves cada acción física de la naturaleza hace "saltar el cerrojo" de una etapa evolutiva que también abarca a la conciencia y el pensamiento. En sus páginas encara a la muerte y deja flotando preguntas y consideraciones que, en alguna medida, se apartan de la amarga certidumbre que expresara Claude Lévi-Strauss -figura admirada y discutida por Reeves en su Malicorne- cuando en un reportaje a los 91 años de edad, descartaba hallar un sentido a la vida y al universo: "... estoy firmemente convencido de que la vida no tiene ningún sentido, que nada tiene sentido" (Revista Humboldt, número 129, 2000). La respuesta de Reeves a similar interrogante es digna de ser reiterada: "En el plano científico tenemos más respuestas que las generaciones anteriores. Pero atravesamos las mismas aguas oscuras que todo cuanto se refiere a las preguntas fundamentales. Importa que la exploración humana se pueda proseguir con continuidad, que nada se pierda enterrado en bibliotecas cementerio. Lucrecio, Montaigne, Pascal, Rousseau, Voltaire, Nietzche, Goethe han reflexionado acerca de la naturaleza y la existencia humana. También, por cierto, otras sociedades que arriesgan desaparecer y llevarse consigo sus reflexiones. Pueden nacer esclarecimientos diferentes que engendren intuiciones nuevas de la confrontación entre intuiciones de pensadores antiguos y conocimientos actuales. Ninguna filosofía se puede disociar del mundo emotivo que surge. Su interés proviene de que atestigua una experiencia humana, un encuentro de un mundo interior con el mundo exterior. Nuestro esfuerzo por pensar la realidad debe integrar, si no quiere fracasar, todos los aportes de la ciencia moderna". Esta obra escapa tanto al marco reduccionista y no comprometido del ejercicio frío de la ciencia fáctica, como a la irracionalidad del pensamiento mágico o supersticioso. Seguramente su lectura resultará estimulante a quien la emprenda.

(*) L´heure de s´enivrer, Seuil, París, 1986. Aunque el título sugiera algo más vulgar, dice Víctor Massuh (La flecha del tiempo. En las fronteras de la ciencia, la religión y la filosofía. 1994): "... el título fue inspirado por unos versos de Baudelaire: "Embrigaos de vino, de poesía, de virtud, a vuestro gusto. Pero embrigaos". Reeves eligió hacerlo con la observación del universo... con la visión del magno espectáculo ofrecido por una droga no menos terrible: el conocimiento".

Referencias:

Hubert Reeves. Malicorne. Reflexiones de un observador de la naturaleza. Colección Reflexiones. Emecé Editores, Buenos Aires, 1992, pp. 1-247.

Hubert Reeves. El espacio adquiere la forma de mi mirada. Editorial Granica, Buenos Aires, 2000, pp. 1-85.

  
 
 
  Agradecemos las visitas recibidas
© 2006 Fundación de Historia Natural Félix de Azara | Última actualización: 26/11/2006 | Webmaster
Publicaciones, libros y artículos técnicos y biográficos sobre biología, animales, dinosaurios, arqueología, historia, etc.