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En octubre de 2000 se publicó
un pequeño libro de Hubert Reeves, un astrofísico canadiense,
ex profesor de la Universidad de Québec y actualmente radicado en Francia,
donde es director de investigaciones del CNRS. Su título, El espacio
adquiere la forma de mi mirada, y los antecedentes del autor como científico
de primer nivel augurarían un ensayo epistemológico, pero para
el lector que ya conoce a Reeves a través de otras de sus obras anteriores
(Paciencia en el azul del cielo, Últimas noticias del cosmos, Polvo de
estrellas, La hora de embriagarse (*), Pájaros, maravillosos pájaros
y Malicorne. Reflexiones de un observador de la naturaleza), no resultará
sorpresivo encontrarse con una obra eminentemente poético-filosófica,
centrada en el universo de su bosque de Malicorne, en la Borgoña francesa,
desde donde llega al público con una especie de diario espiritual, o
simple carnet de reflexiones, a través de las cuales vuelca una síntesis
de ciencia, arte y sentido numinoso del mundo, como denominaba Carl G. Jung
a la percepción meta-racional de otras dimensiones de lo que consideramos
real. En sus paseos reflexivos en Malicorne de 1992, trataba Reeves de profundizar
su relación última con el mundo, a través de los aportes
de la historia de la filosofía, de las religiones y del arte, junto con
los últimos desarrollos de la física y la cosmología, especialmente
de la teoría del caos. Ahora nos brinda, en unas páginas de gran
belleza, un panorama predominantemente poético e introspectivo de su
cosmovisión. Parte del hecho de que "somos los niños de un
cosmos que nos ha dado nacimiento después de un embarazo de quince mil
millones de años. Como en la tradición hindú, piedras y
estrellas son nuestras hermanas". Para Reeves cada acción física
de la naturaleza hace "saltar el cerrojo" de una etapa evolutiva que
también abarca a la conciencia y el pensamiento. En sus páginas
encara a la muerte y deja flotando preguntas y consideraciones que, en alguna
medida, se apartan de la amarga certidumbre que expresara Claude Lévi-Strauss
-figura admirada y discutida por Reeves en su Malicorne- cuando en un reportaje
a los 91 años de edad, descartaba hallar un sentido a la vida y al universo:
"... estoy firmemente convencido de que la vida no tiene ningún
sentido, que nada tiene sentido" (Revista Humboldt, número 129,
2000). La respuesta de Reeves a similar interrogante es digna de ser reiterada:
"En el plano científico tenemos más respuestas que las generaciones
anteriores. Pero atravesamos las mismas aguas oscuras que todo cuanto se refiere
a las preguntas fundamentales. Importa que la exploración humana se pueda
proseguir con continuidad, que nada se pierda enterrado en bibliotecas cementerio.
Lucrecio, Montaigne, Pascal, Rousseau, Voltaire, Nietzche, Goethe han reflexionado
acerca de la naturaleza y la existencia humana. También, por cierto,
otras sociedades que arriesgan desaparecer y llevarse consigo sus reflexiones.
Pueden nacer esclarecimientos diferentes que engendren intuiciones nuevas de
la confrontación entre intuiciones de pensadores antiguos y conocimientos
actuales. Ninguna filosofía se puede disociar del mundo emotivo que surge.
Su interés proviene de que atestigua una experiencia humana, un encuentro
de un mundo interior con el mundo exterior. Nuestro esfuerzo por pensar la realidad
debe integrar, si no quiere fracasar, todos los aportes de la ciencia moderna".
Esta obra escapa tanto al marco reduccionista y no comprometido del ejercicio
frío de la ciencia fáctica, como a la irracionalidad del pensamiento
mágico o supersticioso. Seguramente su lectura resultará estimulante
a quien la emprenda.
(*) L´heure de s´enivrer,
Seuil, París, 1986. Aunque el título sugiera algo más vulgar,
dice Víctor Massuh (La flecha del tiempo. En las fronteras de la ciencia,
la religión y la filosofía. 1994): "... el título
fue inspirado por unos versos de Baudelaire: "Embrigaos de vino, de poesía,
de virtud, a vuestro gusto. Pero embrigaos". Reeves eligió hacerlo
con la observación del universo... con la visión del magno espectáculo
ofrecido por una droga no menos terrible: el conocimiento".
Referencias:
Hubert Reeves. Malicorne.
Reflexiones de un observador de la naturaleza. Colección Reflexiones.
Emecé Editores, Buenos Aires, 1992, pp. 1-247.
Hubert Reeves. El espacio
adquiere la forma de mi mirada. Editorial Granica, Buenos Aires, 2000, pp. 1-85.
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