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La manada de guanacos
salta limpio el alambrado
costeando la línea queda
un chulengo retrasado.
Hace un intento, logrando,
al encarar el alambre,
con gran esfuerzo pasarlo,
y juntarse con su madre.
Saben llamarlo el relincho
porque es el que da la alarma
al jefe, que es siempre un macho
allá por Tafí del Valle.
Bebedor de aguas saladas
come alpataco y jarillas
y el pasto duro que forma del salitral las orillas.
Viviendo entre secas peñas
las vicuñas las repechan
son gráciles y pequeñas
con larga lana en el pecho.
Antiguas pinturas
por el indio hechas
en pared de rocas ya los presentan.
Ciento
y tantas nuevas coplas. Buenos Aires, 1990.
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