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En
la cumbrera´e mi rancho
anidaron dos horneros
y yo parezco un extraño
y el rancho parece de ellos.
Dentro
solo, salgo solo,
siempre solo voy y vengo
juntos los hallo en el campo
y el campo parece de ellos.
Juntos
trabajan y cantan
y tuito lo hacen contentos;
yo no se si a mi me miran
con lastima o con desprecio.
Ni
se asustan cuando paso,
como si yo fuera un perro
que ni estorbo ni hago daño
y me dejan andar suelto.
Ansina
vivo en mi rancho
dende que solo me veo;
enantes otro era el nido
y el mundo parecia nuestro...
¡Rogale
a Dios, hornerito,
que no te pase lo mesmo!
Publicada
en “Atahualpa Yupanqui”, Ediciones Jucar, Los Juglares. Madrid, 1986.
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